En mis obras está parte de mi vida

JR conversa con Elena Beatriz Corujo, espirituana devenida pinera que ganó el premio Libresa 2010 de literatura juvenil, y además prepara otra novela sobre la solidaridad humana ante un desastre natural

Autor:

Roberto Díaz Martorell

NUEVA GERONA, Isla de la Juventud.— Elena Beatriz Corujo es una de esas cubanas que todos queremos tener al alcance de la mano cuando de mirar la vida se trata. Directa al hablar, de mirada profunda y gesto tierno, derrocha sentido del humor y humildad.

«Desde niña me gustaba escribir, leer y dibujar figuras humanas, cuando nació mi hijo Macbeth —hoy padre de familia—, escribí mi primer libro y desde entonces no he podido parar; tuve una adolescencia muy rica y muchas de las historias que cuento en las novelas son parte de mi propia experiencia.

«Es por eso que siempre trato de buscarles finales felices a los protagonistas, porque es muy triste para los jóvenes y adolescentes no tener un buen final en sus vidas; este tipo de literatura juvenil no tiene muchos autores y creo que deberían ser más los que la aborden.

«No he dejado de escribir décimas y poesía, pero lo que más me gusta es hablarles a los jóvenes, adolescentes y a los niños; mostrarles matices diferentes, que las personas tienen valores humanos como lo experimentó la protagonista de La tienda de nadie, premio Libresa 2010», concedido por la editorial ecuatoriana del mismo nombre, heredera de una tradición que la vincula al mundo del libro, la educación y la cultura desde 1927.

El dictamen del jurado, según el sitio web del evento, destaca la autenticidad de la técnica narrativa y en el tratamiento al tema; el uso adecuado de recursos literarios en la creación de los personajes, ajuste a la historia, y la pertinencia entre el contenido y la forma, que le confiere verosimilitud y belleza al conjunto de la obra.

«Todo premio siempre es una sorpresa, aunque te confieso que con esta obra tenía esperanzas; me inspiré una mañana de mayo de 2008; llevaba tiempo sin hacer nada y estuve cuatro días encerrada en la casa escribiendo: me levantaba, comía algo y seguía, después la guardé, le agregué otra historia paralela y la terminé el año pasado, entonces descubrí este concurso en Ecuador y la envié.

«No, no trabajo para eventos, me gustó Libresa porque exigía obras que trataran los valores humanos y La tienda de nadie estaba en esa cuerda. La envié en febrero y realmente fue muy emocionante, además de ser un privilegio porque competir contra 83 autores de 16 países en representación de cinco continentes, algo dice, ¿no?».

Elena exhibe en su currículo el premio de Especialidad de guión por Las memorias de un caminante (2004); premios en el Evento Tesoro que auspicia la UNEAC; dos premios de la ciudad de Nueva Gerona, en Literatura para niños y Décima; el Gran Premio Internacional de Poesía Desiderio Macías Silva, de México (2007), y seis publicaciones en Cuba.

«Ahora trabajo en otra novela que se titula Mi casa azul, la cual versa sobre una niña que perdió su vivienda por el ciclón y donde cuento una historia muy interesante de barrio; disfruto mucho el barrio, su gente me nutre y casi todos mis personajes viven en un entorno entrañable, adoro eso de que la gente se lleve bien en la cuadra, la comunidad.

«Por supuesto que también estoy marcada por la huella de los huracanes, pero sobre todo por la solidaridad que surge después; ver cómo la gente incluso sin conocerse se ayuda, y eso forma parte también de esta otra novela».

Espirituana de origen, aunque creció en Villa Clara, toda la pasión por la literatura la desarrolló en la Isla de la Juventud. «La Isla para mí ha sido una fuente inagotable de historias y personajes; aquí tengo mis mejores amigos, aquí creció mi hijo, crecí yo como profesional, como persona…, es algo muy bonito y muy grande».

«No, no escribiría sobre mi vida, aunque parte de ella está en mis novelas, pero hay pedacitos que se guardan, eso es para los grandes escritores y pienso que mi vida no ha sido tan importante como para escribirla».

Toma café y enciende un cigarro —promete dejar el vicio este año— y me invita a ver su segundo mayor tesoro: Diego Sorí, su nieto. Quién sabe si él será la savia que alimentará la imaginación de Elena y en los próximos años tendremos otras obras donde las historias de este pequeñín ayuden a otros niños a descubrir con poesía la vida.

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