27 °C «Echar a pelear a estos hermosos y tiernos animalitos es una tendencia creciente en diversas regiones del país», denuncia el joven biólogo Seriocha Amaro Valdés, investigador del Instituto de Ecología y Sistemática del CITMA
Las peleas de gallos son una discutida tradición de Cuba. Ahora tenemos también las peleas de perros, y desde hace mucho tiempo personas indolentes comenzaron a practicar el pernicioso hábito de echar a pelear a los ejemplares machos del tomeguín del pinar, ave endémica de Cuba y, por tanto, uno de los tesoros de nuestra biodiversidad.
Por tratarse de un asunto de tanto interés y actualidad, conversamos, en su propia casa, en el municipio capitalino de Boyeros, con el joven biólogo Seriocha Amaro Valdés, investigador del Instituto de Ecología y Sistemática del CITMA, quien accedió a este interesante diálogo.
Seriocha comienza por apuntar que está en contra de la tenencia en alto número —en jaulas— de esta ave (salvo cuando se realice con fines de estudiar determinados parámetros de su biología, en particular su reproducción).
«Mucho menos tolero que empleen los machos del tomeguín del pinar para pelearlos como si fueran gallos finos. Esta lamentable conducta viene reportándose desde la década de los años 70 por el ornitólogo cubano —ya fallecido— Florentino García Montaña. Sin embargo, en la actualidad, ha aumentado en diferentes municipios de la región occidental del país, en los poblados de Artemisa, Guanajay, Cabaña, Quiebra Hacha, San José de las Lajas; en territorios pinareños de San Juan y Martínez; y el propio municipio de Pinar del Río, así como en localidades aisladas de la provincia de Matanzas.
«También en la capital del país se realiza esta penosa práctica. En las provincias centrales y en las orientales de la nación, no se conoce que se realicen estas censurables peleas de tomeguines propiciadas por el hombre».
—¿Cómo se efectúan las peleas?
—Las personas que participan colocan una jaula cerca de la otra, con dos parejas de esta especie cada una. Luego del lógico intercambio visual y sonoro de los machos de ambas parejas, colocan a los dos machos en una jaula mucho mayor, pero manteniendo las que ocupaban estos con las hembras a la vista de sus cónyuges, para que estimulen con su canto la inevitable y curiosa agresividad de los contendientes.
«Se conoce de peleas que han durado hasta 21 minutos, pero por lo general solo duran unos pocos, hasta que uno de los dos peleadores vence al otro. Afortunadamente, debido al pequeño tamaño del pico de estas avecillas rivales, los daños que se inflingen mutuamente no son de consideración. Los enfrentamientos no son tan cruentos como ocurre en el caso de otros animales.
—¿Qué medidas recomiendas para reducir esta desagradable práctica de echarlos a pelear?
—Como medida fundamental recomiendo la educación ambiental de la población. Hay que inculcar en las personas de diferentes edades el amor por la naturaleza, el valor y cuidado de nuestros recursos naturales, sobre todo aquellos que son exclusivos de nuestra nación, como este simpático e inquieto animalito de que hemos hablado.
«Es sumamente útil educar —en particular a los niños, adolescentes y jóvenes— en la realización de prácticas menos agresivas y mucho más nobles hacia la naturaleza, tal como vienen educando en este sentido a niños y jóvenes los especialistas de cuatro importantes instituciones: el Instituto de Ecología y Sistemática, la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana, el Museo Nacional de Historia Natural y el Centro Oriental de Ecosistema y Biodiversidad (BIOECO).
«Recomiendo también —como hace tres décadas dijera Florentino García en el Tomo I de su obra Las aves de Cuba, que trata sobre las especies endémicas, publicada en 1982 por la Editorial Gente Nueva—, ir sustituyendo poco a poco los tomeguines y otros pájaros cubanos silvestres que enjaulamos, por canarios, pericos de amor o roseicollis, el perico collarino, los periquitos australianos, el gorrión gould, todas ellas aves del Viejo Mundo, que han sido adaptadas por el hombre al cautiverio desde hace muchos siglos.
«Es necesario mejorar y fortalecer los mecanismos de regulación y de control para prevenir y sancionar la caza ilícita, así como el comercio de diferentes especies y otros recursos de la naturaleza. Y en el caso concreto que nos asiste en esta ocasión, sugiero que se deje cantar libre al tomeguín».
—¿Qué característica tiene este pajarito?
—El tomeguín del pinar, conocido en la región oriental con el nombre de senserenico, nombrado científicamente Tiaris canorus, que alcanza 11 centímetros de longitud, se distingue por la presencia de un collar de plumas amarillas, dispuesto a cada lado del cuello, que rodea a un rostro de color negro lustroso.
«En la parte superior de su cuerpo posee plumas de color olivaceo y en la región ventral son de color pardo ceniciento y el pecho negro. Estas características corresponden al macho, porque en las hembras el color del plumaje es más claro, con algunas diferencias, debido al dimorfismo sexual. En la época reproductiva, después que se forman las parejas, ambos cónyuges establecen un fuerte vínculo. Esta especie construye un nido globoso con entrada lateral y la hembra pone dos o tres huevos de color blanco azuloso con manchas pardas».
—¿Dónde vive esta ave canora?
—El tomeguín del pinar está distribuido en todo el territorio nacional, aunque desde el siglo XIX, en que fue observado en Nueva Gerona por el célebre naturalista alemán radicado en Cuba, Juan Cristóbal Gundlach, no se ha reportado más en la Isla de la Juventud.
«Esta ave se localiza en sabanas, en la periferia de los bosques y en áreas naturales próximas a las zonas urbanas».
—¿Solo se localiza en Cuba?
—No. El tomeguín del pinar fue introducido y establecido en la isla de Nueva Providencia, perteneciente al archipiélago de Las Bahamas.
—¿Cómo llegó a ese lugar?
—El 23 de marzo de 1963 un avión que llevaba una carga de 600 pájaros de Cuba hacia España, hizo un aterrizaje de emergencia en Nassau. Aproximadamente 200 aves murieron antes de que pudieran soltarse. El resto se liberó por razones «humanitarias», como plantea Anthony White y colaboradores en un artículo de la revista American Birds, de 2005.
«Precisamente a partir de aquel año 1963, el tomeguín del pinar se hizo frecuente en la isla de Nueva Providencia. La introducción de esta ave allí no determina de ningún modo que deje de ser por eso considerada endémica de Cuba, ya que fue llevada a esa isla por el hombre de manera accidental y no arribó o no se estableció en ese territorio por instinto o “voluntad propia”. Sin embargo, esta especie aparece —erróneamente— considerada como “ave nativa” de Las Bahamas por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN)».
—¿Es un ave escasa, o común?
—Los ornitólogos cubanos Orlando Garrido y Arturo Kirkconnell, en 2000, plantearon que el tomeguín del pinar es común en algunas regiones del país, pero en los últimos tiempos está declinando en las áreas cercanas a los asentamientos humanos.
—¿Esta situación permite considerarla como una especie amenazada?
—Todavía no, el tomeguín del pinar se encuentra en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, bajo la categoría de «preocupación menor», es decir, afortunadamente no figura entre las especies amenazadas de extinción.
—¿Cuántas especies del género Tiaris existen en Cuba?
—Hay tres: el tomeguín del pinar, el tomeguín de la tierra y el tomeguín prieto. Otras dos especies de este género se localizan en distintos lugares de Sudamérica. Y algo muy interesante: de las tres especies cubanas, solo el tomeguín del pinar es endémico de una isla, Cuba.
Las nueve categorías de la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) son: Extinto (desaparecido); Extinto en estado silvestre (solo en cautiverio); En peligro crítico (al borde de la extinción); En peligro (muy amenazado); Vulnerable (amenazado); Casi amenazado (cercano a la amenaza); Preocupación menor (no está en peligro de extinción); Datos insuficientes (no hay información adecuada sobre su estado de conservación); No evaluado (no está categorizado por la UICN).
Esto atentados contra la flora y fauna se deben castigar con multas de cinco mil pesos y carcel de uno a cinco años, asi es aqui en Sarasota, Florida cuando alguien derriba un arbol donde hay un nido o agrede un animal silvestre, en Cuba no deben ser tan blanditos contra estos que pelean tomeguines, un tesoro nacional.Si no paran el relajo el relajo acabara con la fauna.Multa y carcel.
Pobres Tomeguines.Pero mas pobres aun son esos llamados seres humanos que han escogido ese salvaje metodo como medio de entretenimiento.Ya no se conforman con mantener encerrados en jaulas a distintas especies hasta que les llegue el dia final, ahora tambien los echan a pelear.Mis felicitaciones al Biologo Amaro Valdes por su humana preocupacion.Saludos: Modesto Reyes Canto.
Totalmente solidario con este científico. Personalmente creo que es un crimen enfrentar a dos animales por el placer de verles morir a uno u otro, o desgarrarse extraordinariamente. Argumentaciones hay multiples, incluso en el caso de los galos a considerarlos DEPORTE, claro que detrás de todo, hay un afán económico, porque muchas de las peleas están sustetadas en el juego ilícito, algo que creo debemos dejar claro. La captura de tomeguines y otras aves resulta indiscriminada y considero que en el interés de conservar la biodiversidad se castiga y sanciona la caza y comercio de la cotorra igualmente deberia ocurrir con otras aves. Las peleas de perros son más espeluznantes aún, siempre recuerdo "Colmillo Blanco" o aquel filme "Amores Perros". El hombre puede llegar y de hecho hasta sobrepasa las bestias. Reitero es criminal esta práctica, es criminal la caza de aves endémicas y debe ser sancionado. Gracias.
Me alegra mucho que hayan sacado una noticia como esta, es cruel pero es una realidad. Marti dijo algo asi como Una sociedad se puede medir segun el trato que le de a sus animales, en Cuba se han ido incrementado estas practicas, pero se hace muy poco para erradicarlas. Los animales se crearon para ser libres igual que los hombres, el tenerlos encerrados para ver su belleza es un acto encontra de la naturaleza misma. Las aves sufren, los delfines, monos, etc, todos La libertad es lo mas preciado de esta vida.
Estoy muy contento de leer un artículo tan interesante sobre este tema tan poco tratado. El tomeguín es una de las aves más hermosas de nuestra patria, es pequeña y frágil, pero también muy ágil y agradable. Tiene además un canto sencillo, pero bonito y melodioso. Desde pequeño tengo un grato recuerdo de su presencia en todos los lugares de mi pueblo. En mi región se les llama “Pichilinga”. Sin embargo la falta de respeto a las leyes ambientales tanto por la población como por las instituciones que deben hacerlas cumplir, han hecho de Cuba un paraíso para el contrabando de especies y los tomeguines están entre los más afectados. Muchas personas se dedican y viven de cazarlos en sus espacios naturales y venderlos en las ciudades, para ello se aprovechan de la tendencia de esta ave a acercarse a curiosear cuando escuchan el canto de otra de su especie. Entonces los cazadores utilizan un macho como señuelo en una jaula trampa, y los pajaritos van cayendo una a una en la trampa. He conocido personas que las trasladan por cientos desde las provincias orientales, donde son más abundantes, hasta La Habana, para venderlas a plena luz del día, pero muchas veces ni las propias autoridades ven en esto un delito porque en Cuba tenemos muy poca cultura ambiental. Todo esto ha provocado una disminución notable del número de tomeguines del pinar en sus espacios naturales, ya en mi pueblo son escasos y los pocos que aparecen son enseguida perseguidos por los cazadores. Esto ocurre también con otras especies como el Negrito, el Cabrero, el Tomeguín de la tierra y otras especies de aves cubanas incluyendo Cotorras, Cateyes y hasta Ruiseñores. La venta de aves o de cualquier animal capturado en su medio natural debe ser sancionada severamente pues constituye una violación de nuestras leyes y de convenios internacionales sobre el comercio de especies. La tenencia de aves capturadas en su medio natural también debe se sancionada con fuerza. Sólo debe permitírsele a personas con interés científico o personas que demuestren que pueden reproducirlas en cautiverio, para fomentar planes de repoblación. Pero esto tampoco lo tienen establecido las instituciones encargadas de proteger el medio ambiente en Cuba. Y uno se pregunta ¿Si nuestras instituciones no han logrado cosas tan sencillas como estas que se han expuesto aquí, qué han estado haciendo todo este tiempo?
A la verdad, es cruel que se le de un uso tan destructivo a un ave tan bella. La Biblia, que es la palabra de Dios, enseña en el libro de Probervios capitulo 12, en el verso 10: "El justo cuida de la vida de su bestia; mas el corazón de los impíos es cruel". Gracias por esta oportunidad.Dios les bendiga...
Nuestro pajarito, tomado de A guide to the birds of the West Indies, de Herbert Raffaele y colaboradores, (1998). Foto: Tomado de A guide to the birds of the West Indies