Un manantial en la sala

Ante tanta agua corriendo por doquier y una vivienda en camagüeyana arruinada por la humedad, una lección quedó clara: hay que respetar a la naturaleza

Autor:

Yahily Hernández Porto

CAMAGÜEY.— Hace aproximadamente dos décadas un suceso hidrológico dejó totalmente desorientada a la familia Rico, en el reparto Bellavista de esta ciudad.

La entonces adolescente Margarita Hernández Rico, hija de María Rico Mazón, propietaria de la casa del manantial, como popularmente se le conoce a dicha vivienda, junto a sus amigos, vio un buen día cómo pequeñas fuentecitas de agua nacían constantemente por los rodapiés de la casa y las uniones de las losetas.

La familia, preocupada, aguacero tras aguacero sellaba insistentemente con cemento los lugares por donde los chorritos salían a presión, pero ningún intento contenía los hilitos de agua.

Pasó el tiempo y hace unos diez años Margarita dormía en la sala de su hogar, en el Camino de la Matanza, número 314, entre 3ra. y 4ta., del reparto Bellavista, cuando un ruido, surgido desde el fondo del suelo, despertó a todos en la casa.

«Las losas del piso reventaron, y el armario, con todo adentro, los muebles de la sala y hasta mi cama, fueron levantados o movidos de su lugar», recordó Margarita, quien nunca ha olvidado aquella noche.

Y es que lo que tanto temió la parentela Rico se hizo realidad: «Nació un manantial en el medio de la sala», aseveró Hernández.

Vecinos, amigos y conocidos visitaban asombrados la morada de los Rico, dando criterios acerca del fértil manantial, que no se secó ni en la peor de todas las sequías experimentadas en esta región en los años 2003 y 2006.

«Cuando aquel tremendo aguacero terminó, el agua del hueco bajó al nivel del piso y hasta el sol de hoy, pues hasta hubo que hacerle un brocal de medio metro para que no inundara todas las habitaciones de la casa; pero ni así hemos podido quedarnos viviendo allí, porque la humedad y las infiltraciones por todas las uniones de las losas han cuarteado las paredes y se hace imposible respirar sin constantemente padecer coriza, estornudos y ardor en la garganta», comentó Margarita, técnica en Recursos Humanos.

La historia también habla

Ante lo acontecido en Bellavista, JR conversó con Martha Suárez Acuña, técnica en Recursos Hídricos de la Sección de Hidrología (agua subterránea), de la Dirección de Redes y Cuencas, perteneciente a la Empresa de Aprovechamiento Hidráulico en Camagüey.

Luego de visitar el lugar y estudiar la zona donde brotó el surtidor, la especialista explicó que lo que parece a simple vista un manantial, no es más que una respuesta de la naturaleza.

Después de estudiar las características del área donde está enclavada la casa del pozo y varios documentos de más de 50 años y el mapa cartográfico de la ciudad de Camagüey, la especialista corroboró: «Existe una vaguada (paso de agua o desfiladero) que viene desde la cota de terreno natural de 107,5 metros de altura con respecto al nivel del mar, por donde el agua escurre, hasta llegar a esta zona baja, donde precisamente está enclavada la casa de los Rico».

Agregó que en esta misma área, también muy cerca o por debajo de la residencia de los Rico, existieron lagunas y un arroyo; este último bordeaba incluso el lado izquierdo de la vivienda, pero fue rellenado por el hombre indiscriminadamente, sin respeto por la naturaleza, y sobre este se establecieron las moradas, sin tener en cuenta las futuras consecuencias.

«Desgraciadamente a lo anterior se le sumó la carretera, que al ser cimentada por encima del nivel del piso de los domicilios se ha convertido en un muro de contención al paso del agua superficial, lo que ha inundado las zonas más bajas. Como la casa de los Rico está aproximadamente a un metro por debajo del vial, esa agua sin salida es contenida en el subsuelo y brota desde la profundidad mediante un hueco mayor de 1,50 metros, en la misma sala de dicho hogar», aseguró Suárez Acuña.

O sea, la zona rellenada funge ahora como laguna subterránea, que con el paso de muchos años llegará el momento en que perjudicará cualquier construcción por el efecto del agua y la humedad constante, insistió Martha.

Todo parece indicar que hechos como estos se repetirán en toda la zona, certificó la especialista Suárez Acuña, y aseveró que los tipos de roca de la zona son intrusivas, de baja permeabilidad, por lo que nada podrá impedir que el agua superficial y subterránea recupere su cauce normal.

Vecinos del lugar y en especial la tía-abuela Bertha Rico, de 69 años de edad, recuerda cómo siendo ella una niña jugaba en las lagunas que después desaparecieron, y cuenta cómo desde entonces no hay un día en que al levantarse los cabellos no le amanezcan húmedos, y los pisos salpicados de un «rocío bajo techo».

Para muchos en gran parte de Bellavista resulta asombroso cómo no hay planta que se seque por más que la mochen, ni ave que no enferme de tanto moquillo.

«Incluso existen animales como cangrejos de agua dulce, ciempiés, arañas y caracoles, que viven en cantidades por todos los alrededores y sin contratiempos de ningún tipo», aseguró la anciana.

Mientras tanto la familia Rico, desalojada por su pozo hogareño, espera alguna solución, que por el momento no ha aparecido.

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