El crimen que mató la inocencia

Francisco González Cueto, «Paquito», fue un valiente pionero cubano asesinado a los 14 años de edad por los policías del Gobierno de Machado

Autor:

Patricia Cáceres

El 29 de septiembre de 1933 La Habana amaneció más agitada que de costumbre. Las cenizas de Mella estaban en Cuba y, como era de esperarse, los obreros organizaron una huelga general para asistir a su sepelio.

La calle Reina, a todo lo largo, se repletaba de personas que esperaban la salida de los restos desde la sede de la Liga Antiimperialista, donde trabajadores, militantes comunistas y pioneros rendían guardia de honor, hasta un obelisco que se había construido en el Parque de la Fraternidad.

Francisco González Cueto, «Paquito», era uno de los miembros de la Liga de Pioneros de Cuba que se disponían a asistir a la cita.

Cercana la hora de partir el cortejo, Rosario Guillaume, encargada de guiar a los más jóvenes, decidió trasladar a los pioneros hacia un lugar seguro en Escobar, entre Reina y Estrella.

Paquito portaba un brazalete de la Liga, una especie de solapín con la efigie de Mella en el pecho, y un pequeño cartel con las palabras «¡Abajo el imperialismo!» entre sus manos.

Tal vez motivado por su admiración hacia Mella, o por la inquietud y rebeldía que siempre lo caracterizaron, Paquito decidió no ausentarse del histórico homenaje. Ingeniándoselas para pasar inadvertido, siguió a Rosario Guillaume al salir de la vivienda donde resguardaban a los pioneros.

Comenzaron a sonar los disparos contra el edificio de la Liga Antiimperialista, mucho antes de comenzar la ceremonia, y las cenizas tuvieron que sacarse por la azotea.

La multitud que avanzaba rumbo al Parque de la Fraternidad fue atacada salvajemente por la policía. Algunos huyeron. Otros se enfrentaron en desigual pelea.

Paquito, con una actitud estremecedora para su edad, continuó la marcha, ignorando los gritos de Guillaume. Las balas llegaban de todas partes y, a 20 días de arribar a sus 14 años, cayó al suelo con el cráneo destrozado.

Francisco González Cueto quedaba así inmortalizado como el primer pionero mártir. No obstante, su trascendencia se debe mucho más que a su muerte. Y es que, en tan pocos años, protagonizó numerosas iniciativas en nombre de la Liga de Pioneros de Cuba, pese a las complejidades y peligros del contexto que le tocó vivir.

Entre estas se destacan la colecta popular para ayudar a los presos políticos, la distribución de propaganda, las consignas revolucionarias pintadas en las paredes de la ciudad, la participación en actos públicos organizados por el Partido Comunista y en mítines en demanda de mejoras para la escuela pública, así como la protesta por el robo del dinero destinado al desayuno escolar.

En aquellos años la Liga de Pioneros, organizada por el Partido Comunista, agrupaba a niños de entre 10 y 14 años que hacían vida clandestina. Para efectuar las reuniones, por ejemplo, se tomaba como pretexto la celebración de una fiesta de cumpleaños de alguno de los miembros.

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