Los expedicionarios que trajeron la antorcha

El promedio de edad de los expedicionarios del Granma era de 27 años. A esa edad tuvieron que madurar lo suficiente para enrolarse en aquella epopeya

Autores:

Osviel Castro Medel
Aldo Daniel Naranjo

LOS CAYUELOS, Niquero, Granma.— Los manglares permanecen impenetrables; sin embargo, en otro tiempo, hace 54 años, era mil veces más difícil cruzarlos. Porque aunque siempre han habitado la zona los molestísimos jejenes y unos mosquitos que meten miedo, antes no existía el vigoroso puente de hormigón de más de 1 520 metros, que une el pantano con la tierra firme.

Cualquiera hoy, al recorrer una fría madrugada de diciembre este tramo sobre el concreto, comprende la odisea de aquellos 82 expedicionarios, quienes desembarcaron no solo entre mangles, también entre cortaderas y con la aviación sobre sus cabezas. Por eso Fidel reconoció que aquel accidentado arribo a Cuba fue «una de las cosas más duras de su vida», según el libro En marcha con Fidel, de Antonio Núñez Jiménez.

«... Hacen bien en llamarle cayuelo (...) nos encontramos un terreno que no era firme y nuestras costas suelen ser firmes...», dijo el líder de la Revolución en una entrevista televisiva en 1996, para ilustrar el difícil desembarco.

Pero cuando nos referimos a la epopeya del Granma hay una tendencia a hablar solo sobre esos peligros, las condiciones de navegación, las dificultades con el tiempo y la fragilidad de aquel barco, al que varios han llamado «cáscara de nuez», en medio de un mar encrespado.

Para los jóvenes, y acaso también para los más experimentados, debería ser estimulante conocer qué edad promedio tenían los expedicionarios; cuántos se habían enrolado en la hermosa aventura del Moncada; quién era Juan Manuel Márquez, al que muchos llaman «el segundo hombre del Granma»; cómo fueron las conmemoraciones posteriores del 2 de diciembre y otros detalles valiosos, no siempre divulgados.

El yate

Tal vez algunos ignoren que la primera gestión encaminada a comprar una embarcación se hizo a mediados de 1956; se pensó comprar una lancha torpedera, con comerciantes de material de guerra sobrante, en Delaware, Estados Unidos. Mas, después de entregar un anticipo de 10 000 dólares y de firmar los contratos, la transacción se malogró: la Secretaría de Defensa de aquel país negó el permiso para trasladar la lancha fuera de su territorio.

Fue en septiembre de ese año, durante un recorrido por el río Tuxpan, en México, cuando Fidel se interesó por adquirir un yate blanco de recreo que, fondeado en el afluente, se encontraba en venta. Su dueño, Robert B. Erikson, condicionó el negocio a la compra de una casa en las márgenes, en el poblado de Santiago de las Peñas. El Movimiento 26 de Julio aceptó, la vivienda podría utilizarse para guardar armas y avituallamiento y como punto de concentración a la hora de la partida.

El Granma era un yate de madera, construido en 1943 y que estaba deteriorado por el naufragio durante un ciclón; luego permaneció un tiempo bajo el agua. Hubo que repararlo con celeridad; se le cambiaron los motores, la planta eléctrica, los tanques de agua y combustible, y el sistema de alumbrado. También se remozó la cubierta. Pese a todo eso, el tiempo no permitió realizar todos los arreglos previstos.

En noviembre Fidel dio la orden a todos los grupos de concentrarse en el lugar de la partida. Desde Veracruz, Ciudad México, Victoria y Jalapa se desplazaron los revolucionarios hasta converger en el poblado de Tuxpan. Allí nacería la expedición en la madrugada del domingo 25 de noviembre.

Los expedicionarios

Varios textos han realizado una radiografía histórica de aquellos 82 hombres. Entre esas publicaciones sobresale La guerra de liberación nacional en Cuba (1956-1959), de Mayra Aladro, Servando Valdés y Luis Rosado, libro en que se asegura que la edad promedio de los expedicionarios era de

27 años; 44 de ellos tenían nivel primario, 20 habían vencido la enseñanza elemental media, ocho la media superior y diez la universitaria.

De esos fundadores del Ejército Rebelde, 53 eran empleados, 16 obreros, cuatro estudiantes y nueve profesionales o técnicos. Un dato sobresale: 21 habían participado en las acciones del 26 de julio de 1953.

La procedencia de los jóvenes era diversa: 38 de La Habana, 11 de Las Villas, nueve de Pinar del Río, igual cantidad de Oriente, siete de Matanzas y cuatro de Camagüey. Además, viajaron en el Granma un italiano (Gino Doné Paró), un argentino (Ernesto Che Guevara), un mexicano (Guillén Zelaya) y un dominicano (Ramón Mejías).

Sobre el momento de la partida, escribió el Che en Pasajes de la Guerra Revolucionaria: «Teníamos muy mal tiempo y, aunque la navegación estaba prohibida, el estuario del río se mantenía tranquilo. Cruzamos la boca del puerto yucateco, y a poco más, se encendieron las luces. Empezamos la búsqueda frenética de los antihistamínicos contra el mareo, que no aparecían; se cantaron los himnos nacional cubano y del 26 de Julio, quizá durante cinco minutos en total, y después el barco entero presentaba un aspecto ridículamente trágico: hombres con la angustia reflejada en el rostro, agarrándose el estómago. Unos con la cabeza metida dentro de un cubo y otros tumbados en las más extrañas posiciones, inmóviles y con las ropas sucias por el vómito. Salvo dos o tres marineros y cuatro o cinco personas más, el resto de los ochenta y dos tripulantes se marearon».

El segundo

Como se conoce, el Che fue de los primeros en alistarse en el Granma, «en una de esas noches frías de México», cuando conversó por primera vez con Fidel. Y Camilo, otro que llegaría a los grados de Comandante, sería el último.

Entre todos, hay que destacar al más experimentado: Juan Manuel Márquez, designado, a los 41 años, capitán y miembro del Estado Mayor. Era político, periodista y brillante orador.

Nació el 3 julio de 1915 en Santa Fe, en la capital del país, y ya desde la juventud temprana se vinculó, desde el Ala Izquierda Estudiantil, a la lucha contra la tiranía de Machado, algo por lo que estuvo preso, en el Castillo del Príncipe y en la entonces Isla de Pinos.

Durante muchos años, como señala el historiador y periodista Pedro Antonio García, fue presidente de la Asociación de Estudiantes del Instituto de Marianao. Estuvo encarcelado por su lucha antimachadista. A los 17 fundó su primer periódico, El Radical. Y después creó, en 1933, Catapulta. Tuvo varios espacios en la emisora COCO. Era reconocido, además, por sus dotes de orador extraordinario.

Después del golpe de Estado del 10 de marzo de 1952, se incorporó a la lucha insurreccional, primero con Armando Hart y Faustino Pérez.

Márquez y Fidel contactarían en 1955 a la salida de este de presidio. El primero, escribió Pedro Antonio García en Bohemia, «se reponía en un hospital de una bárbara golpiza de la policía batistiana. Ambos coincidieron en que la estrategia correcta era desencadenar la insurrección popular armada para derrocar la tiranía».

Después del revés de Alegría de Pío, el segundo jefe del Granma quedó solo, entre montes inhóspitos. Extenuado al límite fue capturado por la soldadesca batistiana y asesinado el 15 de diciembre de 1956.

Después

Luego del desembarco glorioso, el lugar por donde pisaron tierra los 82 expedicionarios se convirtió en el Monumento Portada de la Libertad y en un emblema de celebración de la juventud cubana, pues cada

2 de diciembre se celebra bien temprano en la mañana un acto multitudinario.

La plaza de ceremonias fue estrenada el 2 de diciembre de 1981, en un acto presidido por el General de Ejército Raúl Castro Ruz. Las palabras centrales estuvieron a cargo del Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez. En la conmemoración estuvieron, entre otros, Vilma Espín, Faustino Pérez, Roberto Damián Alfonso y el Comandante de la Revolución Guillermo García Frías.

Cinco años después en este sitio se colocó, contigua a la explanada, una maqueta del yate Granma que solo ha sido sacada para desfilar en 1996 en la capital del país, o para repararla tras el azote del ciclón Dennis, en 2005.

Juan Almeida Bosque presidió los actos de 1986 y 1996 y en el primero de estos pronunció las palabras centrales.

Otra de esas fiestas inolvidables fue la de 1991, en la que actuó el grupo Mayohuacán. En esa ocasión se encendió una antorcha gigante, alrededor de la cual se cantaron canciones a guitarra.

En varias ocasiones jóvenes cubanos realizaron caminatas desde diferentes lugares históricos del país hasta Los Cayuelos. Se recuerda, por ejemplo, las caminatas de 1977, 1981, 1983 y 1988.

Hoy el sitio Portada de la Libertad en Los Cayuelos (Monumento Nacional desde 1978) no tiene viviendas a su alrededor. Los pocos lugareños de antaño ya no están. Pero sí permanece una antorcha invisible que alumbra no solo a una región sino a todo un país.

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