Cuba: pequeño gigante contra el apartheid

Reveladores documentos desclasificados por nuestro país aparecen en el libro que, bajo ese título, publicó la casa Editora Abril. En ese texto que llevaron nuestros delegados al Festival en Sudáfrica, se muestra el extraordinario aporte de la Isla a la derrota de aquel régimen

Autor:

Luis Hernández Serrano

Un escrutador libro sobre la ayuda que dio nuestro país a Sudáfrica para erradicar el odioso régimen racista que agobiaba al pueblo sudafricano, Cuba: pequeño gigante contra el apartheid, fue escrito por nuestro colega de JR, Hedelberto López Blanch.

Los delegados al XVII Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes llevaron ese texto, de la Casa Editora Abril, entre sus cosas. En él aparecen cuestiones ya desclasificadas por el Gobierno cubano, como el VII Congreso del Partido Comunista de Sudáfrica (PCSA), que se realizó en nuestra patria.

El anterior se efectuó en la Unión Soviética, también clandestino, debido al carácter secreto de su membresía. Sus principales dirigentes ocupaban cargos relevantes en la dirección del Congreso Nacional Africano (ANC), pero los únicos cargos públicamente conocidos eran los de Joe Slovo y Dan Tloome, presidente nacional.

El evento en Cuba tuvo lugar entre el 7 y el 12 de abril de 1989, y para su realización se escogió un lugar alejado de la capital, tranquilo y solitario: el Valle de Yumurí, en Matanzas, con nueve cabañas y 18 apartamentos.

Los delegados comenzaron a llegar a La Habana a fines de marzo, y con esmerada seguridad fueron trasladados hacia el lugar, de tal manera que ni siquiera el presidente de la Unión Soviética, Mijail Gorbachov, de visita en Cuba entre el 3 y el 5 de abril, se enteró de eso.

Otro añorado encuentro

Cuenta la delegada Thenjiwe Mtintso —autora del prólogo del texto— que cuando se desempeñaba como jefa del ANC de una unidad en Uganda, le informaron que debía trasladarse enseguida a Lusaka, Zambia, donde se encontró con varios militantes del PCSA como Ronald Kasrils, Azíz Pahad, Thabo Mbeki, John Nkadimeng y Joel Netshitenzhe, entre otros.

Mtintso evocaría: «Los delegados conocieron dentro del avión que el Congreso se haría en Cuba. Se celebró después de Cuito Cuanavale, y la emoción de llegar a la Isla fue muy grande. Luego del aterrizaje, nos montaron en vehículos con ventanillas oscuras, nos llevaron a un lugar muy bello, con instalaciones, y mi habitación se encontraba arriba.

«Desde allí miré hacia abajo y distinguí entre los compañeros que se paseaban por el césped a mi esposo, Skenjana “Isaac” Roji, entonces clandestino dentro de Sudáfrica y a quien no veía desde hacía cuatro años».

Para ella fue inolvidable saber que formaba parte de una delegación que iba a conocer a Fidel Castro. Con él pasaron todos tres horas. Su análisis resultó tan claro que cuando Slovo se levantó, le dijo al Comandante que ese sería el último congreso que celebrarían en el exterior.

Vinieron delegados de distintas partes de África, Gran Bretaña, Suecia, URSS y un grupo de Sudáfrica, en momentos en que no se podía salir del país.

El libro de Hedelberto incluye pasajes relevantes de la victoria de la lucha cubano-angolana contra las tropas enemigas, incluidas las de Jonas Savimbi y Sudáfrica; cómo se organizó el suministro de armamento, el entrenamiento de luchadores clandestinos sudafricanos en Cuba y en Angola, y la captura de soldados sudafricanos entre los poblados de Cela y Quibala, a 400 kilómetros de Namibia, que evidenciaron la agresión de Pretoria contra el pueblo angolano.

Fidel, en Guinea Conakry, el 15 de marzo de 1976, expresó: «Esta vez en Angola los mercenarios blancos fueron liquidados y el mito de su invencibilidad fue destruido».

Eran los primeros soldados sudafricanos prisioneros de guerra en un cuarto de siglo. Un reportero de Johannesburgo, el 17 de febrero de 1976, apuntó: «En Angola, soldados negros —cubanos y angolanos— derrotan a las tropas blancas en combate (…) están ganando y no son blancos. La ventaja psicológica que los blancos han disfrutado durante más de 300 años de colonialismo e imperio, se está deshaciendo».

Cuba no se detuvo, aunque supo que Sudáfrica pensó realizar un ataque aéreo masivo y poseía varias bombas atómicas.

Los sudafricanos, antes de irse en agosto de 1988, sobre una pared en Calueque escribieron: «Los Mig-23 nos partieron el corazón».

Esta victoria propició el nuevo y definitivo giro de las negociaciones encaminadas a la búsqueda de la paz en África Sudoccidental.

Se demostraba lo dicho por Fidel: «La sangre de África corre abundantemente por nuestras venas (…) muchos africanos combatieron en el Ejército Libertador de nuestra Patria. ¡Somos hermanos de los africanos y por los africanos estamos dispuestos a luchar!».

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