Dora Alonso, una mujer distinta

Recuerdan a la narradora, poeta, escritora y periodista en el centenario de su nacimiento

Autores:

Hugo García
Pedro A. Rizo

PERICO, Matanzas.— A los nueve años Dora Alonso obtuvo su primer premio en un concurso literario provincial, con una composición sobre los viajes junto a su familia desde El Recreo hasta Martí. A propuesta suya entregaron el estímulo material del premio (25 pesos) a una niña mulata de difícil situación económica, quien a su vez había alcanzado el segundo lugar en dicho certamen.

Ya desde entonces mostraba su sensibilidad, transmutada posteriormente a cientos de miles de cubanos, latinos e hispanoamericanos que han bebido enseñanzas en sus libros y personajes, como el títere nacional Pelusín del Monte, la Pájara Pinta o Guille.

La premio nacional de Literatura 1989 cumpliría este 22 de diciembre cien años. Por ello los matanceros festejaron su onomástico recordando su paso por la tierra que la vio nacer y que le sirvió de manantial para su prolífera obra literaria y periodística.

La Editorial Matanzas desarrolló el segundo encuentro itinerante de escritores para niños y adultos, y también en su pueblo natal y Varadero se rememoraron pasajes de Dora, mientras que la celebración concluye este miércoles con un gran espectáculo en la sala Papalote, en la ciudad de Matanzas.

En el municipio de Perico, dos mujeres se han empeñado en hurgar en pasajes de la vida de Dora: la Licenciada en Historia y Ciencias Sociales Leyda Martín Pulín, profesora adjunta de la sede universitaria municipal (SUM) que lleva el nombre de la escritora, y la doctora Ibis Mesa Martín, especialista en Medicina General Integral (MGI) y Máster en Atención primaria de Salud.

Las estudiosas apuntan que desde pequeña Dora participó en las tertulias de su madre a la luz de un quinqué, y que publicó su primer poema a los 16 años de edad, en el periódico El Mundo.

Le gustaba montar caballos, navegar en bote por el canal El Roque hasta la desembocadura del mar, para narrar las vivencias de los trabajadores, reflejan las autoras en una investigación titulada «Dora, una mujer distinta».

A los 20 años publicó sus primeros artículos en los periódicos de Cárdenas y Matanzas. «Fue una mujer que dedicó toda su vida a la Revolución y a la formación moral y estética de los niños y jóvenes, y que no es tan conocida como debiera», reflexiona Leyda.

«Era una persona maravillosa, muy inteligente, de mucha cultura y sensibilidad. Me gustó mucho leer la literatura de Dora, tanto para niños como para adultos. El valle de la pájara pinta es una joya preciosa, al igual que El cochero azul, que describe bellamente una parte de Varadero donde se desarrolla la noveleta.

«Sus viejas novelas fueron radiadas sin cambiarles ni quitarles ningún concepto. En 1950 publicó su novela Sol de batey, y todos recuerdan que Viñales fue el rincón de tierra que más llenó su existencia.

«Dora tuvo mucha influencia de su madre, Adela, quien era una cubana de pura sepa, una mujer de principios, que gustaba de la literatura de Víctor Hugo y Daniel Defoe, y que ese amor por la lectura se lo transmitió a sus hijos, mientras que de su padre heredó la audacia, la osadía.

«Antes del triunfo revolucionario de enero de 1959, para ver a Cuba libre se integra a la organización Joven Cuba y continúa su trabajo en la Unión Revolucionaria.

«En aquellos años lleva su vida a la par que la política y la escritura, aboga por la educación sexual en la enseñanza rural y  critica la corrupción del Gobierno.

«Ella sintió un gran amor por los niños, por José Joaquín, un pequeño que adoptó y al que tuvo que enseñarle todo.

«Sobre Girón ella dijo: Yo sentí miedo y si no sigo adelante no soy cubana, revolucionaria ni periodista».

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