La Revolución y la esperanza

A partir de 2011 hay que aprestarse, con todas las energías disponibles, para un batallar que solo tendrá sentido y atractivo en tanto lleve en sí la posibilidad de múltiples triunfos

Autores:

Julio Martínez Molina
Juan Morales Agüero
Mayte María Jiménez
Alina Perera Robbio
Odalis Riquenes Cutiño
Hugo García
Yoelvis Lázaro Moreno Fernández
Héctor Carballo Hechavarría

Los cubanos sentimos que el año 2011 no es una pieza más en el engranaje del tiempo: para nosotros será el tramo de hacer lo necesario y lo urgente; de ajustar la mira para que los pasos sobre el camino sean más precisos; de sumar a la gran expedición a todos quienes pongan inteligencia, corazón y manos al servicio del país.

Estrenaremos meses donde habrá que ir logrando, en lo práctico, mucho de lo ya delineado y clarificado. Vendrán días de mucho esfuerzo, y de encuentros de largo alcance como los del VI Congreso del Partido Comunista. Habrá que aprestarse, con todas las energías disponibles, para un batallar que solo tendrá sentido y atractivo en tanto lleve en sí la posibilidad de múltiples triunfos. Y no avanzaremos ciegos, pero tampoco sobre un camino trillado: iremos desbrozando un monte no tocado si de hacer el socialismo cubano se trata.

Movidos por esa realidad varios reporteros de Juventud Rebelde planteamos una interrogante a jóvenes a lo largo de la Isla: «Avanzamos hacia lo ignoto, como ha dicho el compañero Raúl, mientras hacemos una sociedad a la medida de nuestros ideales: No hay modelo; no hay recetas preconcebidas para hacer el socialismo nuestro. El 2011 se encima con palabras claves: trabajo, resistencia, creación. En tales circunstancias, ¿podríamos llamar a este empeño la Revolución de la esperanza?».

Desde Cienfuegos, Leyaní Díaz Hernández, traductora en el periódico Cinco de Septiembre, fue categórica y expresó que, «más que Revolución de la esperanza, a este empeño bien podríamos llamarle la Esperanza de la Revolución, pues lo que estamos ventilando es nuestro futuro. Cuando veo lo que está ocurriendo como parte del proceso necesario de cambios en Cuba, pienso en mi hijo Chris, de diez años. Él será uno de los favorecidos de todo cuanto hagamos hoy».

Al compartir su apreciación Yuliet Sáez Llanes, estudiante de quinto año de Derecho en la Universidad Carlos Rafael Rodríguez, de Cienfuegos, comentó: «Confío en esto bello que se está gestando, en la generación histórica de la Revolución, en sus sabias decisiones; pero igual en nosotros, los continuadores.

«Estamos perfeccionando la Revolución sobre la base de la permanencia de nuestros ideales. Y como Raúl dijo, no hay un modelo económico esquemático; hará falta insertar o suprimir elementos según los principios institucionales de nuestra nación. Se está viviendo una evolución que si algo tiene es mucho de esperanza y fe. Los cambios son para mejor en lo económico y lo social. Se impone crear, combatir, ser tenaces».

Al sumar su arista, el cienfueguero Alberto Díaz Llanes, trabajador por cuenta propia, afirmó: «Sí puede hablarse de una Revolución de la esperanza, y como tal suscribimos y apoyamos su plataforma programática. Pero debemos obrar tal como nos está pidiendo nuestro Partido: con sapiencia y cautela. Además, resulta ineludible responder al llamado creando, resistiendo y venciendo».

¿Cómo luce el 2011?

A juzgar por los estados de ánimo pulsados en Ciudad de La Habana, en las generaciones jóvenes resulta recurrente la certeza de que el país mejorará en múltiples sentidos, porque ya tocamos fondo y hemos sobrevivido a demasiadas vicisitudes. «Porque ya no podemos ir de nuevo hacia atrás. Todos estamos conscientes de los problemas que enfrentan la economía y la sociedad cubanas, y eso hace pensar que la inercia podrá ir cediendo espacio entre nosotros», confesó Léster Cintas, de 34 años, chofer de CUBATAXI en la capital.

Del grupo de jóvenes capitalinos que dialogaron con nuestro diario, la mayoría comentó sentir esperanzas, pues Cuba busca recuperarse y vivir una nueva etapa revolucionaria, desde un realismo asentado en la participación, en el sentir de todos.

Sin haber perdido la ilusión de ver una Cuba mejorada, algunos entrevistados no pasaron por alto la palabra incertidumbre y hablaron de esperar por cómo se desarrollen los acontecimientos antes de hacer algún pronóstico, pues han sido muchos años de dificultades, de conocer proyectos que luego no cuajaron.

Según Léster, el momento que vive la Isla es idóneo para poner los pies sobre la tierra y analizar con realismo cualquier problema, sin temor a revelar errores cometidos. Algo en sintonía expresó su coterráneo Rigel Figueredo, de 25 años de edad, técnico en Transporte automotriz: en él anida la esperanza de que la nación mejore. Aunque no se atrevió a imaginar en detalles el venidero 2011.

Para Adrián González, estudiante de Licenciatura en Economía y con 18 años de edad, resulta difícil avizorar cómo será el 2011 en medio de todas las transformaciones que viviremos. Por su parte Elizabeth Sosa, compañera de generación de Adrián, afirmó que aunque los resultados de los cambios no podrán sentirse de inmediato, las mejoras tendrán que irse palpando, pues se están rectificando errores y la población está siendo parte activa de los análisis y de las acciones que se acometen.

Hay quienes piensan que el año a punto de comenzar implicará especiales retos y horas de meditación hacia lo interno de las familias más jóvenes. Es el caso de Yasnay Socarrás, capitalina de 26 años, técnica en Construcción civil y madre de una niña. Ella siente que las transformaciones de las cuales todos estamos hablando podrían ser promisorias para la salud de la economía cubana si se aplican correctamente.

«Asuntos como el de la alimentación, la vivienda o el transporte tienen que mejorar —dijo la joven madre—; y a eso deben contribuir desde la persona más sencilla, hasta el Estado, pues no podemos seguir sintiendo incertidumbre con lo que pueda suceder mañana».

Cuando lo de 2010 eche a andar...

Hay quien prefiere valorar su porvenir, más que imaginándoselo, evaluando el pasado reciente o el presente mismo; esas dimensiones donde habitan las premisas, las raíces de lo que será después. Eso explica que muchos jóvenes entrevistados hayan hecho referencia a las transformaciones que en lo económico y en lo social está viviendo la Isla desde 2010, año que se va, pero que puede dar idea de cómo discurrirán algunas realidades.

En el oriente de la Isla, Yaneth Ochoa Pérez, de 30 años de edad y directora de Programación del canal Tunasvisión, comentó, en clara alusión a los cambios, que «llevaba tiempo aguardando por la adopción de estas medidas, virtualmente inaplazables.

«La sociedad cubana actual y la sobrevivencia misma de nuestro sistema las exigían a gritos. Sus primeros resultados no se verán inmediatamente. Pero cuando comiencen a hacer efecto, nuestra economía se reacomodará. Solo me preocupa que no sean definitivas, y que a la vuelta de unos meses pierdan vitalidad. No podemos darnos el lujo de repetir esa experiencia».

Yoan Puga Castellanos, de 20 años de edad y contador de la Cooperativa de Producción Agropecuaria Alianza Obrero-Campesina, en el municipio tunero de Amancio, afirmó que los cambios están dirigidos «a poner en su justo lugar la economía nacional afectada, entre otras cosas, por mucho paternalismo. Me parece que cuando entren en vigor y tomen fuerza, el trabajo pasará a ocupar el sitio que le corresponde. Yo procedo de una entidad rentable, especializada en la producción de alimentos como viandas, carne y leche. Los beneficios que recibimos son el resultado de nuestro esfuerzo. Eso, precisamente, es lo que quiere el país, que la productividad se incremente para que podamos vivir mejor».

Léster Benítez Arzuaga, de 32 años de edad y aspirante a trabajador por cuenta propia, no necesita adivinos para conocer qué vientos soplarán sobre su vocación. Le basta con detenerse en decisiones asumidas por el país durante 2010: «Por fin voy a poder legalizarme como fotógrafo. Hasta ahora tuve que andar por ahí trabajando escondido, para que no me pusieran una multa por carecer de patente. Llegué a pensar que era un delincuente, cosa que no soy. He leído con atención todas las medidas y estoy seguro de que traerán beneficios al país. Siempre que sea con orden, se pueden hacer muchas cosas buenas, porque el cubano es emprendedor. Es un cuento eso de que no nos gusta trabajar. El tiempo me dará la razón».

Ánimos de fin de año

«¡No se asombre que esto no es telenovela, ofrecemos siete variedades de pizza!», pregonaba el joven trabajador por cuenta propia Rafael Torres Chaveco, en una céntrica calle holguinera, cuando este diario apareció ante él, pregunta en mano.

«Una de las cosas más positivas que he recibido en lo personal últimamente, y creo que también toda la población, es lo manifestado por Raúl en cuanto a apretar la exigencia hacia quienes se desempeñan en cargos públicos», opinó de inmediato Torres Chaveco, quien además recordó que la indolencia «es de lo que más daño nos ha hecho, sobre todo si se relaciona directamente con el uso de los pocos recursos que tiene el país».

Aproximadamente así respondieron otros trabajadores por cuenta propia que se encontraban a poca distancia del primero, quienes se sienten en el mismo centro de todos los conceptos asumidos por el país en medio de su actualización.

Yosvani Cépedez Saíz, por ejemplo, dijo: «La extensión del trabajo por cuenta propia es una de las medidas mejor recibidas por la población en 2010».

Y Lázaro Huerta Betancourt, quien hace pocas semanas se estrenó en la venta de alimentos ligeros, opinó: «Las medidas están bien tomadas; el país está trazando un buen rumbo»; y que si algo se llevará el 2010 consigo, será el prejuicio de mirar al trabajador por cuenta propia como un malandrín o un «bisnero»; como alguien al margen de lo correcto.

Francisco Gómez Bárzaga, de 27 años, licenciado en Cultura Física y trabajador de la Dirección del INDER en el municipio holguinero de Frank País, se sumó a un criterio que ha resultado mayoritario entre los jóvenes entrevistados: algunas de las decisiones asumidas en 2010 pudieron haberse tenido en cuenta con anterioridad, aunque «este es un momento histórico muy propicio, y está acompañado del consenso de la mayoría de la población.

«La eliminación de varias restricciones que son innecesarias y generan problemas como la corrupción —resaltó Francisco— son de las cosas que mejor valoro al concluir el año».

Más sobre el camino

«Avanzamos hacia lo ignoto, pero no hay nada que un pueblo unido, arraigado a las más profundas convicciones revolucionarias y principios éticos, no pueda lograr», respondió en Matanzas Yusmely Lozano González, profesora general integral de una escuela secundaria básica.

Para ella, solo el trabajo y la cohesión del pueblo conducirán al éxito. «En el caso de los maestros, debemos educar a las jóvenes generaciones en una cultura económica sostenible».

Donde imparte clases Yusmely, el estudiante de noveno grado Lian Alfonso Roque, de la Escuela Secundaria Básica Urbana Héroes del Moncada, opinó que los cambios serán para mejorar. «Tenemos una economía poco desarrollada —dijo—, y a pesar de que la Revolución es un hermoso proyecto, en el cual muchos confiamos, la situación material de la nación no ha sido favorable, y de eso depende la salvación o destrucción de este gran empeño».

En Villa Clara, la instructora de arte Yanelis Soto Acosta, profesora de la escuela primaria 13 de Marzo, expresó: «La obra que construimos no tiene paralelos, por lo que no es hora de andar buscando similitudes en cuanto a esquemas o modelos, más allá de puntos comunes. A veces las esperanzas se nos achican o se nos alargan. Si uno ve resultados; si uno palpa el bien con sus propios ojos, entonces se empeña en seguir creyendo, en seguir sumándole motivaciones a lo que construye».

Sobre «la inminencia de ciertos cambios» habló la doctora villaclareña, de 25 años de edad, Naylan Montano Salazar, quien afirmó que las esperanzas están cifradas hoy en el imperativo de impulsar nuestra economía hacia la eficiencia y la productividad.

«Echar un vistazo hacia atrás y emprender un camino rectificador es lo que hace falta ahora. Desde luego, las ideas más completas para seguir ya están trazadas. Ahora, entre todos, es necesario enriquecerlas y corregirlas».

Cuando delineó lo que entiende por esperanza, Mayra Fernández Camacho, estudiante del preuniversitario Andrés Cuevas Heredia, en Villa Clara, describió a una Revolución cuyos protagonistas están urgidos de alimentar nuevas ilusiones, de reconsiderar otras tantas, al tiempo de no olvidar la preocupación por la economía y muchas de sus aristas, escenario del cual depende cualquier optimismo o creencia en el futuro.

«Tal vez hace una década, quienes tenían mi edad no estuvieron llamados, como yo en el presente, a adecuar las expectativas personales a circunstancias muy concretas. Creo que eso es esencial en una Revolución: creer y proyectar los cambios para bien, pero con sentido del momento».

Trabajo, futuro, mejoría, adaptación… fueron términos reiterados por los jóvenes santiagueros encuestados, quienes sin dejar de inquietarse por las diversas transformaciones que trae el próximo año, manifestaron su confianza en que los cambios harán mejor su mañana en términos de aporte, justicia y perfección del socialismo cubano.

La santiaguera Lizandra Mateo, universitaria, no necesitó una bola de cristal para ser categórica en ciertos aspectos: «En lo adelante, para vivir y satisfacer nuestras necesidades habrá que trabajar, no siempre en el sector estatal; y muchas gratuidades a las que nos hemos acostumbrado no existirán, pero soy optimista en que laborando con eficiencia llegaremos a vivir mejor. Para eso habrá que contar con la juventud que, como en todos los tiempos, sabrá estar a la vanguardia, ayudando a cambiar la mente de sus padres, y atemperando la de sus hijos».

De la misma provincia Alberto Elers, ingeniero informático, fue rotundo cuando refirió que en tiempos difíciles los nuevos deben concentrar todo su vigor y energía en preservar la unidad de nuestro pueblo. «Esa es la clave del éxito en el largo camino que empezamos a recorrer; es el sendero hacia nuestra madurez como pueblo».

Otras claves del triunfo

En la Isla de la Juventud, Mailín Abad García, locutora de radio y televisión, afirmó que mucho de lo asumido en 2010 define el futuro de Cuba en todos los sectores. Como joven, declaró, se siente muy contenta «porque es hora de cambiar lo que podía ser cambiado, como nos convocó el Comandante en Jefe Fidel en su concepto de Revolución, que tantos repiten por ahí y que muchos no aplican».

Julio César Sánchez Guerra, historiador, poeta y escritor de alma joven, precisó a este diario que la victoria estará en la unidad del pueblo, y será posible con la cohesión de todos los factores en la dirección, ejecución y control de cada tarea. «Avanzaremos en la medida en que asumamos el futuro con sentido del deber, responsabilidad e identidad; no mediante discursos vacíos, sino con el ejemplo personal, exigencia y transparencia que nos haga preguntarnos: ¿Qué hago por los demás y por mi Isla, desde mi trabajo y desde mi deber?», dijo.

Yenisei Hernández Morejón, estudiante de cuarto año de Comunicación Social de la sede universitaria adscripta a la Universidad Carlos Rafael Rodríguez, de Cienfuegos, recordó que «no hay modelos; el modelo que deberemos seguir está en nosotros, en nuestra abnegación y capacidad de trabajo, en el empeño que pongamos en echar para adelante y saber que cualquier incógnita sobre el futuro se resuelve haciendo y no pensando o hablando demasiado».

Meditando sobre los caminos, como de algún modo hicieron casi todos los entrevistados, Solange Miranda García, secretaria del Departamento Ideológico del Comité Provincial de la Unión de Jóvenes Comunistas en Cienfuegos, enunció que se abren muchas interrogantes. «Resultan lógicos ciertos temores en las personas, pues eso es algo inherente al ser humano ante cualquier transformación. Pero respiro confianza. La gente cree en lo que sus líderes explican a palabra limpia, sin tapujos y con la verdad en la mano».

Fuimos con una pregunta y no encontramos silencio, ni desgano, ni respuesta para salir del paso, ni mirada vacía. Donde pusimos la pregunta, brotaron el criterio y esa fuerza de juez y de filósofo que anida en el cubano. Y eso nos dijo algo: Siguen en pie las esperanzas.

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