La Pureza

Autor:

Gabriela Ortega Martín*

En un reino muy lejano había nacido en el medio del bosque la criatura más extraña que jamás los seres humanos habían visto.

¿La madre?, una hermosa e inteligente hada que había sido seducida por el rey de los animales, que en aquella época no era el león sino un blanco y gracioso ratoncito. Estuvo siete días y siete noches para poder tenerlo, y al fin, cuando nació, quedó sorprendida ante aquella rara pero tierna criatura.

¿Qué tenía de extraño el recién nacido? Pues bien, para empezar tenía una parte de cada animal que habitaba en el universo. ¿Te lo puedes imaginar? Claro que sí… Entonces así mismo era.

Pero lo más sorprendente de aquella criatura era su ojo situado justo en el centro del cuello, que poseía tal poder que era capaz de descifrar todos los sentimientos malignos que existían y convertir a cada persona que lo poseía en una piedra lisa y fría como las que existen en el fondo de los ríos.

Pronto la noticia corrió entre todos los pobladores y cada uno de ellos se escondía para no ser visto. El ojo implacable daba vueltas como un carrusel cuando el pequeñín saltaba y corría entre las montañas.

Al concluir el primer día de nacido cientos de personas rodaban cuesta abajo convertidas en piedras y con ellas la envidia, el egoísmo, la hipocresía, la avaricia, la mentira, la insensibilidad, y muchas otras desaparecían. Las personas que poseían algunas de estas características a la vez, se podían observar manchas y musgos incrustados en ellas.

Una gran tristeza se apoderó de los pequeños del reino, pero a la vez se asombraban de que a ninguno de ellos les ocurriera tal desgracia. En una semana solo quedaban en aquella región niños pequeños que corrían de un lado al otro tratando de descubrir lo que estaba sucediendo.

Una pequeña que tenía entre sus brazos acurrucados a nuestro personaje le dijo en voz baja:

—Por favor, ¿por qué haces esto? Ayúdanos a recuperar a nuestros padres y familiares.

—Lo haría con gusto, pero la humanidad está a punto de desaparecer si dejamos que todo continúe como está y tantas virtudes que poseían las personas ya no existen y se sustituyeron por todos esos sentimientos negativos.

Pronto estuvo rodeado por miles de niños que escuchaban atentamente. Entre ellos sobresalía un pecoso que pidió la palabra y dijo así:

—Pienso que debemos darles una oportunidad a nuestros familiares y cada uno de nosotros en nuestros hogares se encargará de que mamá y papá aprendan la lección.

Sin escuchar más nuestro purificador cerró su ojo mágico y donde había cada piedra salió una flor que nuevamente se transformó en persona. Cuando todo había acabado y los niños felices abrazaban a sus padres, alguien se dio cuenta que nuestro amiguito se elevaba suavemente sobre una nube por encima de todos, dejando una frase en el aire:

«Siempre los estaré observando, y gracias, porque yo también aprendí algo entre ustedes: a perdonar».

Los habitantes del reino trabajaron sin descanso durante un mes construyendo un inmenso monumento para recordar siempre a quien los enseñó a ser mejores, y cuentan que fue la región más próspera de toda la Tierra.

*Pionera cubana de sexto grado

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