Cuando todos eran mercenarios

El entrenamiento fue riguroso, pero al final el Cuerpo de Jefatura de la Brigada 2506 desertó completo

Autor:

Luis Hernández Serrano

El entrenamiento a los mercenarios lo inició la CIA en 1960, en Helvetia, a 1 500 metros sobre el nivel del mar, en las serranías de Guatemala. Allí prepararon terrazas, construyeron caminos y, pocos kilómetros más abajo, un aeropuerto. Así surgió la Base Trax, centro principal del adiestramiento.

En las Oficinas de Reclutamiento de Miami los aspirantes respondían interrogatorios y firmaban los contratos del dinero: 175 dólares al mes a los solteros, y hasta 250 a los casados, con 50 adicionales por cada hijo. De allí pasaban para el aeropuerto abandonado de Opa-Locka, en las afueras de Miami y de este a Retalhuleu, en tierra guatemalteca, a siete horas de vuelo. Los pilotos se entrenaban allí, y el resto de los mercenarios en Trax.

Los instructores yanquis debían garantizar un viso de cubanía a la proyectada invasión. No podía aparecer el menor signo de intervención yanqui en el empeño, única condición que pusieron Eisenhower y Kennedy al proyecto. Esta tarea fue confiada sobre todo a E. Howard Hunt —«Eduardo»—, como jefe de acción política de la invasión.

El primero de mayo de 1960 Fidel acusó a Estados Unidos de entrenar hombres en Guatemala. Dos semanas después el Departamento de Estado lo negó. Y el 27 de junio el Gobierno norteamericano llegó al colmo del descaro al afirmar que la acusación del Jefe de la Revolución era «una provocación».

Los primeros reclutas para ser Instructores se entrenaron en el Canal de Panamá y en la pequeña isla floridana de Ussepa. El 18 de agosto el Presidente estadounidense dio 13 millones de dólares y autorizó el empleo de personal y equipos del Departamento de Defensa para la fuerza que se adiestraba en Guatemala. El programa de acción encubierta aprobado el 17 de marzo de 1960, tenía un presupuesto de 4 400 000 dólares, y se incrementó en abril de 1961 a 46 millones.

Organizaciones populares nicaragüenses divulgaron en Managua que Puerto Cabezas sería la base de partida de la agresión, y que el mando de la flota aérea y el entrenamiento de pilotos de origen cubano fue encomendado por la CIA al General George Reid Doster, jefe del Estado Mayor de la Aviación de la Guardia Nacional en Alabama, con sede en Birmingham.

Nicaragüenses contratados, como José Davis, «El Jet», descargaban de los buques norteamericanos cajas con el rótulo Made in USA. La descarga duró tres días. No podían salir del muelle ni hacer preguntas a los marines. Y el día de la partida, Luis Somoza, rodeado de guardaespaldas y con la cara empolvada, gritó muy alto: «¡Tráiganme un par de pelos de la barba de Castro!».

La finca Helvetia, municipio El Palmar, colindaba con los departamentos de Retalhuleu y Quetzaltenango. Tenía una pista aérea de concreto con hangares subterráneos y una carretera hacia la costa del Pacífico.

En agosto y septiembre de 1960 entraron como turistas a Guatemala cien aviadores y técnicos militares norteamericanos.

El Partido Guatemalteco del Trabajo (PGT) denunció públicamente que en Helvetia había 12 grandes lavadoras y 12 grandes secadoras eléctricas, que podían lavar y secar 1 500 uniformes diarios, índice del número de mercenarios que allí se entrenaban.

El 24 de febrero de 1961 el diario colombiano El Siglo, de Bogotá, comentó que a 350 kilómetros de la capital guatemalteca, desde aviones yanquis se hacían prácticas de paracaidismo militar y que había otro campamento en la finca San Carlos, en la costa del Pacífico.

El 8 de marzo de 1961 el PGT denunció también que se recibían en el puerto de Champerico 200 toneladas de bombas, explosivos y armamentos traídos por barcos norteamericanos; que se practicaba paracaidismo de guerra en esos dos lugares y también en Escuintla.

El siguiente diálogo, a fines de marzo de 1961, en uno de los campamentos, resume muy gráficamente todo lo anterior:

—Imbécil, soy un combatiente anticomunista y no un soldado americano. A mí me hablas en español. ¡Esto es un asunto cubano!

—Recluta, te hablo en inglés porque soy un miembro del glorioso Ejército de los Estados Unidos, que ha ganado en todas las guerras en las que ha peleado. Yo no entiendo eso de asunto cubano. ¡No te equivoques, que aquí todos somos mercenarios!

En definitiva, el Cuerpo de Jefatura de la Brigada 2506, con 47 miembros, no tuvo una sola baja y el 19 de abril desertó completo sin avisarle a los demás, ni dar la orden de retirada, y se escondieron en el monte de la Ciénaga, desde donde al final tuvieron que salir y entregarse.

Fuente: Diario de Girón, Gabriel Molina, Editora Política, 1983; Informe del Inspector General de la CIA, Lyman Kirkpatrick, desclasificado en 1998; La CIA preparó la aventura militar contra Cuba, Tomás Diez Acosta, del Instituto de Historia; Trabajadores, 10 de abril 2006 y Los sobrinos del Tío Sam, Carlos Rivero Collado, Editorial de Ciencias Sociales, 1976.

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