Verde que te quiero verde

El año que recién concluyó incluye entre sus estadísticas 22 incendios forestales en Macurije, Pinar del Río, con afectaciones en 80 hectáreas, y mostró que la caza ilícita de jutías y venados persiste como la violación más frecuente

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

Tímido, pero ágil; de pocas palabras, pero con rápidos reflejos. Se sonroja cuando sus compañeros lo presentan como el Licenciado en Historia, pero toma un rastrillo o una mochila de agua con entereza si de combatir un incendio forestal se trata.

«Me indigna el maltrato a la naturaleza, a los animales y a las plantas. En ocasiones es por negligencia; no con la intención de hacerlo, pero no puede justificarse el hecho de todos modos», confiesa el joven Alfonso Ramos Menéndez, miembro del Circuito del Cuerpo de Guardabosques de Macurije, en Pinar del Río.

Recuerda las experiencias de su padre y abuelo, quienes como él tuvieron la responsabilidad de velar por el cuidado de las áreas boscosas en los territorios pinareños de Guane y Mantua, el pedacito de planeta que les correspondía desde su profesión.

Con ellos aprendió a amar desde un tomeguín hasta un tronco de eucalipto y no concibe que se agreda tanto el medio que nos rodea, cuando se sabe de antemano que las consecuencias también pueden afectar a nuestra especie.

Alfonso es uno de los 75 trabajadores que despierta cada mañana con la misión de impedir que las riquezas naturales de las 92 280 hectáreas de ese sector queden afectadas, ya sea por un incendio, tala ilegal o caza furtiva. Cumple cabalmente su papel porque lo siente desde dentro y porque sabe que más que una autoridad forestal, como lo exige su trabajo, es un hombre que se sabe feliz por su aporte a la concepción de una conciencia pro ambiental.

Urgencia de estos tiempos, precisamente ahora que 2011 ha sido declarado por la Asamblea General de las Naciones Unidas como el Año Internacional de los Bosques, y en el que Cuba emerge como el país de América Latina y el Caribe con mayor proporción de áreas boscosas destinadas a la protección, según informó la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO).

S.O.S.

Entre las prioridades que tiene el Circuito del Cuerpo de Guardabosques de Macurije está el macizo montañoso de la zona; la cuenca del río Cuyaguateje, que tiene 20 metros de franja reforestada a ambos lados de su cauce, y las áreas protegidas de Los Petriles, Sabana la Mar y San Ubaldo, donde desarrollan sus labores de vigilancia y protección.

Bárbaro Serrano Jiraut, jefe del Circuito, reconoce que el trabajo de un guardabosque es muy intenso, desde el punto de vista de la protección y la prevención, porque nunca será suficiente lo que se haga para continuar evitando eventos desastrosos.

Este sector atesora aves como tomeguines, negritos y tocororos, así como jutías y venados, y el valor vegetal es principalmente de eucaliptos y pinos.

El año que recién concluyó incluye entre sus estadísticas 22 incendios forestales en esta zona, con la afectación en 80 hectáreas, y mostró que la caza ilícita de jutías y venados persiste como la violación más frecuente.

«Nuestra acción es inmediata a partir de la identificación del lugar afectado, pero en dependencia de la magnitud, no siempre pueden controlarse los efectos de un incendio forestal. Las nuevas herramientas de que disponemos, como motobombas, rastrillos y carros-cisterna, entre otras, no bastan para decir que tenemos la batalla casi ganada; todavía nos queda mucha tela por donde cortar en lo que tiene que ver con la gente y su modo de pensar y actuar», añadió.

El especialista explicó que durante el período crítico del año, entre los meses de febrero y mayo, no basta la acción de las brigadas profesionales, por lo que se hace inminente la contratación de fuerzas eventuales; es decir, personas que aunque no pertenecen al Cuerpo de Guardabosques, brindan sus servicios en ese trabajo.

«Ellos, amantes de la naturaleza y su importancia, cubren los puntos oscuros, a los que desde la torre de observación no se llega, y colaboran con el trabajo preventivo en los caminos. Participan en las reuniones y en ocasiones hasta se imbrican en la labor de los cuatro círculos de interés que desarrollamos con los niños del territorio. Ojalá más personas se sumen al empeño».

Alfonso, el Licenciado en Historia, se sumó. Natural del poblado Combate de las Tenerías, luego del Servicio Militar Activo trabajó en un aserrío. Después integró esas fuerzas de eventuales hasta que se incorporó en una plaza fija de este Circuito.

Rememora aquel fatídico incendio de abril de 1999 cuya extinción costó aproximadamente una semana y en el que brindó sus servicios día y noche. Doce años después está en recuperación más del 85 por ciento de las 6 953 hectáreas afectadas por aquel acto de negligencia, pero lamenta que la pérdida de muchos ejemplares de diferentes especies es prácticamente irreparable, al menos en poco tiempo.

Sabe que la labor de los guardabosques continuará con energía, pero es necesario que el resto de la gente se sienta responsable también.

«Percatarnos del daño que le hacemos a la naturaleza, muchas veces para siempre y de manera indirecta a nosotros mismos, todavía no funciona, al parecer. No solo quienes viven cerca de estos bosques tienen la misión de protegerlos; todos debemos hacerlo. Yo lo hago desde que me levanto hasta que me acuesto, no solamente porque sea mi trabajo, sino porque me gusta ver al planeta todo verde, con vida», concluyó Alfonso.

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