El tiburón que nos muerde la cabeza (+ Galería de imágenes)

Parece como si en el país hiciera de las suyas algún Picasso de las tijeras. Una inusitada explosión de nuevos y «transgresores» peinados irrumpen en nuestras calles, levantando suspicacias y renovadas polémicas

Autores:

Oscar Figueredo Reinaldo
Talía Montes de Oca Rodríguez

Encontrar similitudes entre un frozzen y un tiburón ya no resulta imposible, pues ambos términos sirven para nombrar tipos de pelados de moda entre los jóvenes cubanos de hoy.

El uso de estas terminologías con dichos significados, aunque se encuentran fuera de los registros clásicos de la lengua, y quizá le provoquen un insulto al más avezado conocedor de nuestro idioma, fue incorporado al habla popular de los más nuevos, que no se conforman solo con crear y modificar su apariencia personal, sino además imponen vocablos.

«Para atravesar toda esta gama de significados atribuidos a los diferentes pelados, los grupos sociales tienen que decodificar los diferentes términos creados entre los jóvenes», expresó Yeisa Beatriz Sarduí, socióloga del Centro de Investigación Juan Marinello y especialista en temas juveniles.

Este fenómeno no es único en la actualidad, pues los cortes de cabello han marcado pautas a través de todos los tiempos.

En el mundo de la mitología clásica ofrendar los cabellos era una promesa frecuente, y significaba una entrega propia a la divinidad.

Durante el siglo XVI aparecieron en Inglaterra y en otros países las pelucas, con la pretensión de aparentar elegancia, opulencia y ocultar las enfermedades del cuero cabelludo provocadas por la poca higiene.

Cuando los religiosos de la Edad Media se iniciaban como clérigos, antes de la ordenación recibían un corte de pelo llamado tonsura.

En Cuba la tradición se remonta al año 1552, cuando el 26 de agosto se entregó por vez primera la licencia de barbero y cirujano a Juan Gómez. El 27 de diciembre, en homenaje a este adelantado y en honor al natalicio de Juan Evangelista Veitías, importante promotor del oficio, se entrega cada año un premio a profesionales destacados.

Durante las décadas de los 60 y 70 del siglo XX se escucharon nombres como el caramelo, bucle hecho con gomina; el drum, común en las personas de piel negra; y el beway, usado por Elvis Presley y descrito como un medio flequillo que caía sobre la frente.

Hoy, si de cortes de cabello se trata existen infinidad de variedades. En los últimos tiempos se ha desatado una revolución de creadores de nuevos peinados, como si estuviese haciendo de las suyas algún Picasso de las tijeras.

Los más buscados

Eddy Alexander Planes Hernández y Manuel Alejandro Becerra Rodríguez, estudiantes de Peluquería, afirmaron que mantenerse informados de lo que está de moda es todo un reto. «Algunos prefieren leer revistas y otros participan en diferentes eventos sobre peluquería y barbería, pues siempre hay información nueva. Es importante mezclar la experiencia con la creación joven; tener la mente abierta al conocimiento».

Barberos de La Habana Vieja sostienen que muchos clientes, principalmente jóvenes y adolescentes, vienen a verlos con nombres diversos, y a la hora de describir los peinados todos quieren algo diferente. A ellos realmente les resulta más fácil que obvien los términos y les expliquen qué es lo que desean.

Pero definitivamente parece imposible frenar la avalancha de «bautizos». «Yo me hago el magua. Como puedes ver es rebajado a los lados, con unos pinchos en el centro y hasta la nuca, y es uno de los más usados», refiere Carlos Lima Cabrera, estudiante de Medicina, quien aclara que lo lleva solo porque está en la universidad, pues al graduarse cambiará su corte a uno más formal.

Y es que cada etapa de nuestras vidas requiere de una imagen diferente, en correspondencia con el nivel de responsabilidades, así como las exigencias sociales impuestas por las personas que nos rodean.

«En este período los adolescentes necesitan sentirse reconocidos y saberse parte del grupo de iguales, pues este es con el que mayormente interactúan y establecen relaciones sociales. Los gustos y las afinidades semejantes son los que determinan la existencia de los mismos, a partir de intereses comunes.

«Tanto el grupo de pares, o de iguales, como los medios de comunicación son los que ejercen mayor influencia en este sentido», refirió la especialista en temas juveniles.

«El dominicano es el peinado que identifica al famoso cantante de reguetón Daddy Yankee, muy conocido por los marcados cortes y el pelo hacia delante. Mayormente lo usan los ídolos de este género musical», explica el estudiante de carreras técnicas Yoandy Rodríguez Romero.

El yonky y el yony son otros pelados de último grito en el escenario juvenil. Estos dejan de ser solo tijeretazos para detenerse en el dibujo de símbolos, marcas oficiales, o simplemente lo que el cliente desee.

Algunos prefieren hacerse los pinchos; otros el machimbrao o el punky, pero Jorge Manteldi, elige el tiburón, conocido además como Beltrán o Cristiano Ronaldo, hecho célebre por dicho futbolista: una especie de magua que crece más allá de la nuca y termina en forma de pico: «Lo llevo para estar a la moda y gustarle a las muchachas».

Los emos y los roqueros siguen una línea diferente. Se hacen el llamado bisté, según Andy López Menéndez, quien rodeado de un grupo de amigos explica que los asociados a estas modernamente llamadas «tribus urbanas» dejan caer el pelo sobre un lado del rostro, cubriendo un ojo, y suelen teñirse de negro.

Y para los amantes del helado, se inventó el curioso frozzen, que en realidad nadie logra describir exactamente, pero es algo así como un magua largo que termina en forma de cresta.

Famoso por estos días también suele ser el crixus, corte que debe su nombre al modo en que llevaba el cabello uno de los gladiadores de la serie Spartacus.

Pero las invenciones sobre el cabello no acaban ahí. Algunos híbridos dejan boquiabiertos al más circunspecto de los mortales, tanto por sus denominaciones como formas. Se hacen algunas mezclas, como dirían los animadores del programa ArtAtack del canal Multivisión, que no logran pasar inadvertidas.

«Existe el dominimawa, fusión entre el dominicano y el magua, y el wachilalae, algo así como un mawa-tiburón-dominicano», precisa Carlos Javier Domínguez Pérez, un joven mecánico que con cuidado devela su cabeza para no manchar su cabello con la grasa del motor que repara.

En boga también los dreadlocks, pelado preferido por los rastas, que según Mercedes Jiménez Castañeda, estudiante de Peluquería y conocedora de los peinados urbanos, consiste en lavar los cabellos solo con jabón para que se resequen, y luego enredarlos poco a poco con una esponja; así el pelo crecerá «podrido», y al estilo de Bob Marley, ícono del género reggae.

En nuestro andar por la capital constatamos que también existen adeptos de lo natural y el descuido a la hora de llevar el cabello. «Prefiero dejarme el pelo normal, como crezca, sin tanto pelado raro; aunque no estoy en contra de los gustos de los demás», aclara Marcel Mazorra.

Cuestión de gustos

«Algunos padres no permiten que sus hijos adopten este tipo de modas, y nuestros abuelos afirman que en sus tiempos esto no ocurría; incluso dicen que no son cosas de hombres. Sin embargo, pienso que la orientación sexual no tiene nada que ver con el tema, aunque últimamente los hombres seguimos mucho esta línea metrosexual: nos afeitamos, nos sacamos las cejas, nos teñimos…», comenta Lázaro Valdés, quien recibe la anuencia de Alejandro Peña y Cristian Morales, todos estudiantes de politécnico.

Aunque algunos aseguran que lo hacen para agradar a las muchachas, Karla Reyes sostiene que no todas piensan de la misma forma: «No me gustan los varones con esos cortes extravagantes, ni con el pelo teñido; ellos no tienen buen gusto para eso».

No son pocas las contradicciones que genera en el ámbito social este tipo de comportamiento, pues aunque generalizados, muchos aún no lo aceptan.

De acuerdo con lo explicado por la socióloga del Centro de Investigaciones Juan Marinello, entre las bases histórico-teóricas de la cultura adultocéntrica establecida por los adultos y la de los jóvenes, siempre han existido una brecha y la tendencia a negar estas modas. Sin embargo, se han ido aceptando, aunque no en todos los espacios, pues hay sitios que requieren de una serie de requisitos, principalmente centros laborales y estudiantiles.

«No estoy de acuerdo con algunas modas, como que se pinten el cabello, o que usen esos pelos parados. Se puede ser moderno sin emplear esas formas; en hombres no me gustan esas cosas», afirma Héctor Torres con indignación.

Entretanto, José Núñez Torres no calificaría como extravagantes a los peinados de la juventud. «La gente de antes se peinaba con bucles y tenían el pelo largo; ahora ellos imponen otras modas; si esto no ocurriese, no fueran jóvenes. En todos las épocas sucede lo mismo; son cosas normales», aseveró.

Todo se debe a la gran influencia que ejercen los modernos y sofisticados medios de comunicación, y el afán de la juventud por seguir a sus ídolos.

«En la actualidad nuestro país no marca pautas en el tema de la moda, incluyendo el pelado. Antes sí había cortes autóctonos, como la mano negra y la malanguita, mientras que ahora más bien tomamos, por suerte o desgracia, cortes de Norteamérica, Europa y el Caribe, y les damos nuestro “toque” cubano», asegura uno de los barberos de La Habana Vieja.

Según la estudiosa Yeisa Beatriz Sarduí, los poderosos medios de comunicación globalizadores, que engloban además a Internet, influyen. Se vuelven patrones de referencia. A su vez están relacionados con los llamados estilos juveniles, los cuales tienen en cuenta la estética, la música, el lenguaje y el modo de vestir, resultados de la influencia de las imágenes repetidas, que no siempre dejan saldos culturales enriquecedores.

El arte de las tijeras

Para Gilberto Valladares, barbero del proyecto comunitario ArteCorte, conocido como Papito, el oficio es mucho más que una habilidad; toca las raíces mismas de una nación y se recrea en sus mitos locales, cultura y creencias.

«Nuestro proyecto, con apoyo de la Oficina del Historiador, no soslaya la tradición, el oficio ni el arte. Próximamente se involucrará mucho más con la comunidad, sobre todo con propuestas atrayentes para los desvinculados. Incluye a niños y jóvenes.

«Tenemos una escuela gratuita de peluqueros, y poseemos bases históricas sobre el tema. Como patrimonio atesoramos una memoria fotográfica en Cuba y una colección temática de pinturas».

El proyecto incluye un parque para que los niños se relacionen con esta labor, se deslicen sobre «navajas» que en realidad son canales, o disfruten de cachumbambés semejantes a tijeras, y al salir lleven un nuevo corte de pelo.

La aspiración de los integrantes de ArteCorte es crear en el barrio Santo Ángel, el Bulevar de Barberos y Peluqueros de Cuba, y convertirlo en espacio propicio para el intercambio de experiencias con profesionales de otras provincias.

Este hecho, sin precedentes en la Isla, servirá para estimular a todos los interesados en conocer sobre la historia de nuestros peluqueros, dignificar su labor y demostrar que lo más importante es el amor por el trabajo.

Pese al esfuerzo de proyectos como este, en Cuba el tema ha sido poco abordado por especialistas de la sociología y la psicología, pues algunos lo consideran frívolo y superficial. Sin embargo, para una verdadera comprensión de este fenómeno las investigaciones deben rebasar el marco de la moda, pues cuando escogemos una forma de peinarnos intervienen múltiples factores que determinan una identidad social, subrayó Yeisa Beatriz.

Modernos o elegantes, sutiles o atrevidos, de cualquier forma lo importante no es el peinado que llevamos sobre la cabeza, sino lo que hay dentro de esta.

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