Mentiras de Radio Swan

La guerra del éter contra Cuba, desde los días de Girón, ha estado preñada de mentiras

Autor:

Luis Hernández Serrano

A estas alturas todavía la Agencia Central de Inteligencia (CIA) no sabe realmente por qué las transmisiones sucias de Radio Swan durante los días de Girón, resultaron ser un rotundo fracaso.

Aún los servicios secretos estadounidenses y la propia Casa Blanca, con 11 presidentes que han sido sus inquilinos, no han podido precisar bien por qué motivos falló la llamada «Radio Cuba Libre» —más conocida como Radio Swan— con todo su descomunal barraje de propaganda empleado para confundir y sumar a los indecisos, tratar de neutralizar a los más firmes y alentar a los desafectos.

Un año entero con sus más encapotados expertos en guerra psicológica, reunidos en un equipo que laboró 18 horas diarias, muchas veces durmiendo en catres militares en Quarter Eyes (en el Pentágono, Washington), con el apoyo de cientos de periodistas, redactores, psicólogos, pedagogos, ingenieros, técnicos, locutores, espías y un presupuesto de millones de dólares, no les alcanzaron a la CIA para «tupir» al pueblo cubano.

La emisora subversiva se instaló en la pequeña isla Swan, situada en el Golfo de Honduras, a 97 millas de Punta Patuca y al sur del extremo occidental de Cuba, territorio en disputa con el Gobierno hondureño, y que pertenecía realmente a Estados Unidos.

El objetivo de Radio Swan era ablandar psicológicamente al pueblo cubano, pero nunca lo lograron.

¿Por qué? Entre otras razones porque siempre emplearon la mentira, el engaño, el fraude, la calumnia, la infamia, la difamación, la insolencia, el cinismo, la superficialidad y la estupidez más burda.

Baste solo un ejemplo para comprobar cómo la guerra del éter de esa emisora contrarrevolucionaria estadounidense pretendía crear el caos en la mente del cubano común con argumentos ilusos como este:

«Ya en Cuba se acabó la paz de los sepulcros. Con motivo de la última movilización de milicianos han convertido el Cementerio de Colón en un campamento. Sobre las tumbas preparan sus comidas. Dentro de los panteones han instalado camas. Y ciertas zonas se ven adornadas con ropas tendidas. Hay rumores, no confirmados todavía, de que algunas tumbas han sido profanadas por los vándalos».

Simultáneamente a esta última y falsa noticia, uno de los periódicos reaccionarios que aún circulaban en Cuba publicaba unas caricaturas donde se apreciaba a los milicianos en el cementerio extrayendo joyas de las tumbas. No pocas de estas informaciones eran tan absurdas que, como en este caso, bastaba con recorrer el camposanto para comprobar su falsedad.

Fuente: Girón, la batalla inevitable, Juan Carlos Rodríguez, Editorial Capitán San Luis, La Habana, 2005, páginas 64, 65, 67 y 68.

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