El capitalista Allen Dulles

El director de la CIA en la época de Girón tenía grandes intereses económicos en Cuba

Autor:

Luis Hernández Serrano

La inolvidable gesta de Girón nos ayudó también a entender lo que en general —tratándose de Cuba— siempre han perseguido y aún persiguen los capitalistas norteamericanos que desempeñaban cargos importantes en el Gobierno, el Pentágono o la CIA.

Allen Dulles, por ejemplo, director de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos en los días tensos de abril de 1961, era uno de esos capitalistas encubiertos.

Como jefe de la CIA no solo sabía encubrir sus acciones secretas dentro de la Inteligencia yanqui, sino también sus intereses como empresario del capitalismo estadounidense que se enriquecía cada vez más a partir del sudor de cientos y miles de cubanos.

Que esto fue así lo supimos por un artículo de una publicación norteamericana: el semanario The Worker, órgano del Partido Comunista.

Ese órgano denunció oportunamente los planes agresivos del Gobierno norteamericano contra la Revolución Cubana, y en su denuncia hacía constar algo sumamente interesante: que Allen Dulles, el jefe de la CIA, tenía grandes intereses económicos personales que no solo influían, sino que determinaban su posición radical con respecto a la idea de derrocar a la Revolución.

Mientras los pueblos de América Latina daban muestras de no aprobar los planes de invasión mercenaria a Cuba, el 10 de abril, en la Casa Blanca, se tomaba la decisión de producir el proyectado desembarco en la Bahía de Cochinos.

En esa reunión tuvo un papel preponderante el capitalista Allen Dulles, devenido director de la célebre Agencia.

Por The Worker supimos que el entonces dirigente máximo de la Inteligencia en Langley, no aspiraba a tener propiedades en Cuba, sino que ya las tenía y se enriquecía a manos llenas con ellas, de ahí el «miedo» que le inspiraba el triunfo rebelde de Fidel Castro.

Las compañías azucareras Francisco y Manatí Sugar Co. eran controladas por la firma J. Henry Banking Corporation of New York, de la que era director Allen Dulles.

Las dos compañías cuya firma él encabezaba le aportaban muchos millones de dólares como para que él no se alegrara del triunfo de la Revolución Cubana. Tal vez en 1959 hubiera renunciado a ser director de la «gran» CIA, con tal de quedarse como propietario de aquellas dos grandes compañías azucareras.

Además de haber sido un ejecutor de la política de Estados Unidos contra Cuba, había contribuido a diseñarla y a echarla a andar. Precisamente la CIA apremió a sus agentes para continuar los sabotajes, en la convicción de que estos, unidos al bloqueo económico, estaban provocando un alto descontento en el país.

Claro que Allan jamás imaginó que los planes contrarrevolucionarios que contribuyó a crear y a desarrollar, fueran espectacularmente descubiertos, y los agentes, que él organizaba como director de la CIA, capturados nada menos que por el más joven cuerpo de Seguridad del Estado del mundo, en el término de 18 meses, luego de su primera infiltración conocida.

Dulles fracasó como les ocurrió a los Gobiernos de Eisenhower y Kennedy, si le aplicamos lo dicho una vez por el general Douglas MacArthur, por haberse tardado demasiado en comprender que la victoria revolucionaria de 1959 era, como la batalla de Girón, inevitable.

FUENTE: Girón, la batalla inevitable, Juan Carlos Rodríguez, Editorial Capitán San Luis, páginas 61 y 113, La Habana, 2005.

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