Santuario de aves y de historia

Desde octubre hasta abril, alrededor de 72 especies de aves migratorias llegan a la Ciénaga de Zapata, unas con fines reproductivos y otras para alimentarse

Autores:

Hugo García
Luis Raúl Vázquez Muñoz

LAS SALINAS DE BRITO, Playa Larga, Ciénaga de Zapata.— En un santuario para las aves e insólito espectáculo que la naturaleza regala a la vida se han convertido las salinas de Brito.

La marcha es dificultosa desde Playa Larga. Se avanza por un camino angosto de casi 18 kilómetros, rodeado de árboles y vegetación distintiva de los manglares. No es hasta la mitad del viaje en que se empiezan a avistar las aves.

El observador común apenas identifica con certeza a los cientos de flamencos (Phoenicopterus ruber), que agrupados dan la impresión de una gran mancha rosada; sin embargo, cuando uno mira con atención y con la ayuda especializada, conoce a otras aves que viven igualmente el ritual de la supervivencia.

Desde los miradores se aprecian a ambos lados del camino los espléndidos y multicolores plumajes. Solo un especialista identificaría el canto de una de esas especies de aves migratorias acuáticas entre las bandadas que deambulan en busca de refugio y alimento en la marisma cenaguera.

Muchas se cortejan y anidan. Poco a poco ya comienza la partida de las bulliciosas aves migratorias y en abril dicen el último adiós.

Increíblemente, esos pichones nacidos en la Ciénaga retornarán en la adultez a este mismo sitio que los vio nacer, en un ciclo vital de la naturaleza, como mismo ahora sus padres viajaron miles de kilómetros para procrearlos en el sur cubano.

Refugio de biodiversidad

La Ciénaga de Zapata, considerada por la UNESCO Reserva de la Biosfera y Sitio RAMSAR, es el mayor y más importante humedal del Caribe insular y reservorio natural, poseedor de ecosistemas frágiles.

Nuestro país es depositario de tres corredores migratorios de aves y el más importante es el que enlaza la región del río Misisipi, en el sur estadounidense, luego Cuba y América del Sur.

Las salinas de Brito son un refugio de aves que emigran desde América del Norte para pasar la etapa invernal en ese sureño territorio cubano.

Mario Enrique Morejón Caballero, quien atiende la parte técnica de los ecosistemas de manglares en las salinas de Brito, especifica que desde octubre hasta abril alrededor de 72 especies de aves llegan a la Ciénaga, unas con fines reproductivos y otras para alimentarse, o buscando altas temperaturas en la etapa invernal.

«De estas hay especies que nidifican en nuestro ecosistema y varios especialistas cubanos investigan como la cayama, ave que cada año nidifica en determinadas zonas y con la cual se ha realizado un trabajo de monitoreo con los pichones en los nidos».

En ese paraje singular e inesperado se aprecian muchas variedades de nidos, unos de barro y otros de paja, que acogen huevos de distintos tamaños y colores. Los restos de cascarones, el aleteo y piar de los pichones, le imprimen a este lugar un embrujo peculiar como sostén de la biodiversidad.

Mario Enrique lleva 18 años vinculado a las labores de protección de ese medio y de conservación de determinadas especies. Considera como las de mayor belleza natural al flamenco rosado; aunque nidifica en Camagüey, hay unos 10 000 ejemplares que visitan el ecosistema cenaguero.

También nidifican en el área el pelícano gris, la corúa, garzas, grullas y otras especies que ya son residentes, comenta el guía de ecoturismo de naturaleza de la Empresa de Flora y Fauna, en el Parque Nacional Ciénaga de Zapata.

—Este año ¿qué aves raras han avistado?

—Entre las gaviotas tenemos una especie un poco rara en nuestro territorio, que es la pico de tijera, muy bonita por sus características y su color.

«Algo distintivo es el aumento de la población de pelícanos blancos, pues años atrás era una especie rara en la Ciénaga, al venir cada año cinco, diez o 15, no más, y en la actual temporada hemos contado 104 individuos; otro que ha aumentado su visita al ecosistema es el pato de la Florida.

«También nidifican la sevilla, la garza rojiza, el sarapico, las gaviotas, el pelícano gris y el gavilán batista, endémico de nuestro territorio. Los más abundantes son los patos de la Florida y los flamencos».

—¿En qué momento están las salinas de Brito desde el punto de vista de su conservación?

—Este ecosistema de salina se espera que sufra cambios con los problemas climáticos que se nos avecinan, sobre todo por ser un área por debajo del nivel del mar; y según los estudios científicos, en los próximos años quedará totalmente inundada esa zona de la Ciénaga y especialmente el área de las salinas de Brito. Eso afectará la visita de algunas especies de aves pequeñas, que necesitan niveles de agua bajos para alimentarse.

«Se trata de un ecosistema bastante abierto y está protegido por el país, cuyos especialistas realizan monitoreos de la temperatura, salinidad, el Ph y otros indicadores, para preservar ese entorno».

—¿Es un área de atracción turística?

—Por su atractivo natural es visitada por el turismo de naturaleza, unos con fines especializados y otros para avistar las aves. También al turismo internacional se le permite pescar, una actividad muy codiciada y cara en el mundo; en esa zona se capturan el macabí y otras especies.

El negocio de Brito

En este alejado lugar cenaguero existen restos de la vivienda de José Brito, algunos de los muros de las pocetas de depósito de la sal, los vestigios de una pequeña pista de aterrizaje y un rústico embarcadero.

«La explotación de la sal en ese lugar se remonta a la época colonial. Los historiadores de ese período fundamentan su tesis en la importancia que tuvo la extracción de ese renglón en la costa sur, como una de las pocas posibilidades de obtener el producto en una gran extensión de territorio, sobre todo durante los siglos del XVI al XVIII, en que el tráfico del corso y la piratería eran habituales en los mares del Caribe, entre Isla de Pinos y Zapata, además de que durante las dos guerras de independencia fue un refugio de los mambises», explica la máster Clara Enma Chávez Álvarez.

La investigadora señala que en esos siglos, por una u otra razón, era necesaria la obtención de la sal común, dada la abundancia del sacrificio de animales en la zona, lo cual se lograba por métodos simples en las lagunas naturales formadas por los accidentes geográficos de la costa.

«En la primera mitad del siglo XX, con el establecimiento en Cazones de José Brito Santos, quien además fungía como delegado de la Aduana Local en Ensenada de la Broa, se amplió y acondicionó la que antes fuera una salina natural.

«Sobresale en este sentido la construcción de una estrecha línea férrea que enlazaba a Santa Teresa con Cazones, vía utilizada en un primer momento para trasladar los materiales de las edificaciones acometidas por Brito, y posteriormente constituyó un medio para conducir madera, carbón, polines y otros productos hasta el embarcadero localizado en el segundo lugar mencionado. Desde allí salía la sal para su comercialización.

«Desafortunadamente se conservan pocas evidencias sobre la existencia de este ramal ferroviario; incluso solo está registrado en los mapas de la ESSO Estandar Oil, pero fue tan real como el conjunto construido para Brito».

Clara Enma asegura que el nuevo propietario se proveyó de una buena vivienda de mampostería y de una pista de aterrizaje: «Además preparó sólidos depósitos para obtener la sal; pero en ese interesante medio se destacaba una solitaria habitación que llamaba la atención, y en torno a la cual se tejió una misteriosa leyenda.

«En ese cuarto, sin ventanas, José Brito mantenía encerrado a un hermano con trastornos mentales, por su peligrosidad como enfermo y el posible riesgo de extraviarse en los alrededores», menciona como curiosidad.

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