El voto de la humildad

El militante Fidel ejerció su derecho al voto para brindar otra lección de disciplina y humildad

Autor:

Alberto Núñez Betancourt

Ni siquiera esperaba ser delegado al Sexto Congreso del Partido que acaba de culminar. Incrédulo de merecer honores, considera el hecho una distinción que le hicieron los comunistas santiagueros.

El militante Fidel con modestia singular siguió cada detalle del encuentro.  Y alrededor del mediodía del lunes 18 de abril recibía, de manos del ayudante de Raúl, la boleta con la candidatura a miembros del Comité Central. Justo a las 12:57 p.m. ejerció su derecho al voto, para brindar otra lección de disciplina y humildad.

Lo hizo por la unidad que siempre ha defendido como principio básico de la Revolución este soldado de las ideas como él mismo ha preferido llamarse desde la proclama del 31 de julio de 2006 cuando delegó todos los cargos en el Partido, el Estado, el Gobierno. Tanta grandeza no requiere de Títulos ni nombramientos.

Y así lo apuntaba Raúl en las palabras finales: "Fidel es Fidel y no precisa de cargo alguno para ocupar, por siempre, un lugar cimero en la historia, en el presente y en el futuro de la nación cubana."

Con total entereza, como quien lleva bien adentro esa máxima martiana enunciada tantas veces: "Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz", el líder de la Revolución irrumpió en la sesión final de la memorable reunión. La admiración de los presentes ante la virtud y modestia demostradas no se hizo esperar. Muchos ojos se humedecieron en el Salón Plenario del Palacio de las Convenciones, también en un sinnúmero de hogares cubanos.

Y parecían no tener fin aquellos aplausos, los más largos que he escuchado en mi vida.

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