Cuando se sorprende el corazón

El trabajo de los conjuntos artísticos integrales de montaña (CAIM) fomenta los valores autóctonos de la nacionalidad cubana, sostiene Corina Mestre Vilaboy, profesora de la Escuela Nacional de Arte (ENA), quien atesora la réplica del machete mambí del Generalísimo Máximo Gómez

Autor:

Sonia Regla Pérez Sosa

La sola voz de esta mujer perfecciona gestos, resalta orígenes. A más de mil kilómetros de La Habana, la primerísima actriz del teatro cubano, con mano suave o enérgica, orienta prescindir de defectos como la soberbia y el desorden, que suelen afear la infancia de los pueblos.

Desde las afueras de Guantánamo, Corina Mestre instruye a quienes reconoce como «maestros ambulantes»: los integrantes de los conjuntos artísticos integrales de montaña orientales. Escuchar y ofrecer maneras de decir a estos «aficionados», ha sido una «angustia» constante. Así la hemos visto en los talleres: estudiando y alentando, enseñando y aprendiendo.

Generosa y austera, facilita experiencias a los jóvenes, las virtudes del trabajo personal y del método. Los análisis, maduros de sonrisas y risueños de reflexión, enamoran al auditorio y lo hacen perder la noción del tiempo.

Otras veces ha venido a la región, pero a esta agrupación de Guantánamo no lo había hecho nunca. Durante estos días la sentimos en clases, ejercicios, «descargas». Aquí nos regala su tiempo. El tiempo útil de una mujer formadora.

«Los conjuntos son el tanque pensante más productivo en las zonas de difícil acceso. Allí se puede realizar la labor político-ideológica a través del enriquecimiento espiritual de las personas que viven más apartadas.

«Mantener su labor perpetúa el pensamiento martiano sobre la labor didáctica. A través de talleres de apreciación y creación artística en comunidades bien intrincadas, donde casi nunca llegan grupos profesionales, los niños tienen acceso a la cultura de manera sistemática.

«Al promover el arte se han convertido en descubridores de talentos y constructores de los sueños infantiles», confirma al iniciar el diálogo.

—¿Qué significa impartir aquí talleres de superación?

—Una obligación, un deber, y no lo digo por vocación de servicio. En definitiva, uno sirve al arte y lo utiliza para transformar la sociedad. Por ello, mientras más afinados estén nuestros «instrumentos», mejores serán los logros.

«He aprendido muchísimo de los conjuntos. Las anécdotas son impresionantes. Tienen proyectos bellísimos. Venir a Guantánamo siempre me sorprende el corazón, porque el trabajo es sui géneris, eficaz y la solidaridad humana muy fuerte. Eso me hace feliz.

«Cuando hacía las pruebas de aptitud del ISA, me impresionó favorablemente que los muchachos con mayores condiciones, con más talento y sensibilidad, venían de los lugares más lejanos. ¡Eran increíbles! Cuando les preguntaba sobre su vocación, me contaban de sus experiencias con el CAIM (conjunto artístico integral de montaña), de los talleres, de los trabajos en las comunidades».

—¿Cómo valora el vínculo de los instructores de arte con los conjuntos?

—Son un vehículo para realizar el trabajo cultural. Su inserción en estas zonas les permite formarse donde deben. La instrucción en las capitales de provincias y en La Habana los aleja del sitio donde está su labor fundamental, donde el público no te va a ver si no eres capaz de salir a buscarlo. Para entender los problemas de las personas, no puede ser en otro sitio.

«Los muchachos deben recibir toda la superación dentro del mismo municipio. Pero este plan tiene que partir de propuestas atractivas. Y esto no siempre lo garantiza el presupuesto. Para ello, realmente deben involucrarse y sentirse convocados.

«Soy habanera y doy talleres fuera de La Habana. Normalmente me paso la vida yendo para todas partes con los instructores, para dondequiera que me llamen».

—¿Cuánto valor tiene rescatar y mantener las tradiciones?

—Cada conjunto de estos está recuperando algo vital para la cultura, que no es solamente la artística y literaria. Una labor fundamental de quienes trabajan en el ámbito artístico la constituye convertirse en portadores de las tradiciones. La sensibilidad ante estos hechos hace que uno se convenza de dedicarse completamente a dicha labor. Al final, la función del arte reside en el ser humano.

«Los medios de comunicación deben ayudarlos a difundir sus obras en telecentros, emisoras provinciales y nacionales, para así transformar la sociedad y al individuo.

—¿Qué les falta?

—Recursos, mayor incidencia de los talentos de la provincia y la posibilidad de que vengan más personas a impartir cursos de superación. Una forma de observar la responsabilidad de los profesionales consiste en su sentido de pertenencia al lugar de nacimiento.

«Resulta imprescindible que las Casas de Cultura, las escuelas de nivel elemental, medio y superior perfeccionen a los estudiantes, para lograr la permanencia y expansión de talentos y conocimientos, así como obtener “la utilidad de la virtud”».

—¿Cómo se vincula el trabajo de artistas y militares?

—Mi respeto por la profesión responde a que fui «guardia» del MININT. El rigor, la disciplina, el compromiso y el nivel de respuesta ante las necesidades, los adquirí cuando estaba en activo. Resultan características esenciales para nuestro trabajo y ellos las tienen en los conjuntos. Saben cumplir y sentir amor para ofrecerlo después.

«Gracias a los CAIM, tenemos personas capaces de soltar el fusil y coger la guitarra, o pararse frente a niños y montar una coreografía. En este tiempo es cuando más se necesita respirar arte».

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