Juventud Rebelde - Diario de la Juventud Cubana

El Cepero nos mira

Los avileños desfilaron con un sabor a pelota en medio del entusiasmo por ser una de las sedes de la final de la Serie Nacional de béisbol

Autor:

Luis Raúl Vázquez Muñoz

CIEGO DE ÁVILA.- Fue un Primero de Mayo con sabor a pelota. Antes de las 6: 00 a.m, cuando el pueblo empezó a concentrarse, hasta después de pasado el desfile uno de los puntos recurrentes de conversación era la final del béisbol.

Pero había más. Muchos niños y adultos tenían en común los números de sus peloteros preferidos dibujados en el rostro. O la gorra del equipo Ciego. O el pulóver blanco o azul con un felino en salto y la leyenda emblema en su pie: los Tigres en su año. O los innumerables carteles y tapices, vaya a usted a saber sacados de dónde, con un tigre rugiente.

«Es para nosotros un honor desfilar en este Primero de Mayo y a las puertas de los partidos finales del play off», expresaron minutos antes de iniciar el desfile Roger Machado y Alfonso Urquiola, directores técnicos de los equipos de Ciego de Ávila y Pinar del Río.

Integrantes de ambas novenas abrieron la marcha y presenciaron el paso del pueblo desde la tribuna en la Plaza Mayor General Máximo Gómez Báez. Desde allí recibieron el saludo de todos los trabajadores y sobre todo de la juventud avileña, la cual marchó en grande detrás de los atletas y unidos con los combatientes de la Revolución cubana.

Fue este un Primero de Mayo con un sabor añadido. Una provincia también azucarera, surgida con los huracanes de la azúcar, mostraba el cumplimiento de su plan de producción en momentos que el país lo anhela como el oxígeno. Así lo atestiguaban las congas jamaiquinas, entonada por los nietos de los braceros antillanos que viajaron a Cuba en busca de trabajo en los cañaverales y aquí se quedaron para dejar su semilla.

El cubano es pura música. Ritmo de tambor y desenfado, incluso ante los momentos graves. Es el humor el que lo ayuda a sobrellevar los momentos amargos y uno de los alientos que los hace superar los obstáculos más grandes.

Es la irreverencia convertida en nación. La irreverencia sana y cariñosa, que el próximo lunes inundará el estadio José Ramón Cepero, que parecido a un gigante en descanso, miraba el mar de pueblo que pasaba ante él. El mismo que lo colmará con el aliento de los pueblos que saben vencer.

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