Nada me «arrancará» de la tierra

Así confesó Onelio Castellanos Carmona, uno de los jóvenes campesinos tuneros reconocidos con la Distinción Antero Regalado, quien sostiene que no podemos darnos el lujo del remoloneo

Autor:

Juan Morales Agüero

LAS TUNAS.— La palabra guajiro padeció en la Cuba prerrevolucionaria de una connotación casi peyorativa. Los chuscos de la época se la endosaban con intenciones bufonescas a cuanto habitante de espuelas, caballo y sombrero de yarey se cruzaba en su camino. «¡Oye, guajiro, cuidado al pasar la calle, que no estás en tu potrero!», se burlaban al topárselo en la ciudad. Y el interpelado ni siquiera respondía.

Más que la naturaleza humilde y generosa de la gente de surco, era el paupérrimo contexto social de entonces lo que propiciaba que a ese olvidado y desposeído guajiro se le irrespetara con el flagelo de la burla. Sumido en la miseria, carente de atención médica, con una prole por alimentar y sin acceso a la escuela, ¿cómo granjearse la admisión y el beneplácito en donde imperaba la ley del más fuerte?

En esas cosas pensaba hace un par de días, cuando, en la Plaza de la Revolución Mayor General Vicente García González de esta ciudad, un grupo de cooperativistas y campesinos tuneros recibió de manos de dirigentes locales la Medalla Romárico Cordero y la Distinción Antero Regalado, ambas entregadas por la Dirección Nacional de la ANAP, como reconocimiento a su laboriosidad en la producción agropecuaria.

Los estuve observando por espacio de varios minutos y percibí al instante la diferencia. Los allí convocados dialogaban animadamente entre los bustos de bronce de los generales tuneros que pelearon en las guerras independentistas del siglo XIX. Semblantes alegres, plática fluida, atuendos impecables, salud evidente… «No, ninguno de estos es guajiro», pensé. Al menos, no con el matiz de otrora.

Un joven de sombrero de paño negro, camisa de cuadros y verbo fácil figuraba entre los distinguidos con la Distinción Antero Regalado. Me acerqué a él en compañía de un dirigente local de la ANAP. Le propuse un intercambio de impresiones relacionado con su trayectoria laboral a propósito del aniversario 50 de la fundación de la organización. Aceptó y me ofreció una interesante dimensión acerca del asunto.

«Me llamo Onelio Castellanos Carmona, tengo 31 años de edad y procedo del municipio de Amancio, al sur de la provincia —fueron sus primeras palabras—. Soy socio de la Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Sabino Pupo Milián. Y, además de socio, ahora también su presidente. Sí, es difícil alternar ambas responsabilidades. Pero se puede. Para los revolucionarios no hay tarea imposible. Eso se lo aseguro».

La responsabilidad y la eficiencia con que este joven desarrolla su trabajo en la CCS hizo que en el pasado 2010 fuera seleccionado como el joven más destacado de la institución, además de mejor productor. Por si no resultaran suficientes tan importantes lauros, sus compañeros de cooperativa lo eligieron para que los representara en el X Congreso de la ANAP. Un palmarés de gran brillo.

—Onelio, ¿a qué atribuyes esos reconocimientos a tu trayectoria?

—Creo que es por mi actitud ante el trabajo diario. No suelo perder tiempo y siempre tengo, rondándome la mente, la idea que nos han inculcado Fidel y Raúl durante estos años de Revolución: «La primera tarea de un joven campesino es producir para el pueblo». Hay que aprovechar cada minuto. No podemos darnos el lujo del remoloneo.

—¿Cuál es, exactamente, el perfil productivo al que te dedicas?

—En nuestra CCS todos los asociados nos dedicamos a una producción bastante variada. En mi caso, laboro en la ceba de toros y de cerdos, entrego leche de vaca y produzco carne de ovino y caprino. Se trata de rubros muy importantes para la alimentación no solo del pueblo en general, sino de instituciones como escuelas y centros hospitalarios.

—¿Qué tal marchan los cumplimientos de los planes de producción?

—Mejor no pueden ir. Ocurre cuando en la cooperativa los asociados halamos parejo. El año pasado cumplimos todos los planes. Para este año tenemos en proyecto producir 234 000 litros de leche. Y vender 152 toros cebados. También nos hemos comprometido a entregar más de cien toneladas de cultivos varios. Pensamos cumplir esas cifras.

—¿Un campesino que trabaje puede darse ciertos lujos?

—¡Pues claro que sí! En mi casa a mi familia no le faltan comodidades. Tengo lo mismo que pueda tener un joven en el centro de una ciudad. Televisión en colores, DVD, ventiladores, video… Y mis hijos visten a la moda. El campesino de ahora no es el de hace medio siglo. En la Cuba de hoy el que trabaja puede adquirir muchas cosas de confort. Es una ley del socialismo. Los vagos no, desde luego.

—¿Qué papel crees que desempeñan en tu CCS los jóvenes campesinos?

—Un papel importantísimo. En mi cooperativa hay muchos, tanto hombres como mujeres. Tenemos un comité de base con cinco militantes, del cual fui secretario durante cinco años. También una Brigada Juvenil de Trabajo. Los jóvenes le ponemos entusiasmo a lo que hacemos. Y eso es muy importante en estos tiempos.

—¿Y en el contexto cubano actual qué se puede esperar de ustedes?

—Lealtad a la Revolución y a nuestros líderes. El movimiento cooperativo y campesino no fallará. Hemos adoptado los conceptos expresados por el General de Ejército Raúl Castro en sus diferentes discursos, los acuerdos del VI Congreso del Partido y los Lineamientos.

«Fidel dijo una vez: “La Revolución hoy está en condiciones de ayudar a los campesinos. Pero puede llegar el día en que los campesinos tengan que ayudar a la Revolución”. Y ese momento ha llegado».

—¿Sientes algún particular sentimiento por tu estirpe campesina?

—Me siento orgulloso de serlo. Campesinos fueron mis bisabuelos, mis abuelos y mis padres. Lo soy yo y lo serán mis hijos. En el campo me sembraron y eché raíces. Dudo que algo me arranque de la tierra.

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