¿Cuándo llegará la lluvia?

La intensa sequía provocó atrasos en la siembra de cultivos varios, decreció la producción de leche y motivó regulaciones del servicio de agua a la población en la Isla de la Juventud

 

Autor:

Roberto Díaz Martorell

JULIO ANTONIO MELLA, Isla de la Juventud.— Normando Rives todavía mira para el cielo esperanzado. Las lluvias que despidieron mayo favorecieron la producción de sus 40 vacas en ordeño, pero aún no está satisfecho; porque la intensa sequía provocó que este productor de 200 litros de leche diarios redujera a menos de cien su entrega a la industria.

«Parecía que habían pegado candela a los potreros; en 50 años jamás había visto una cosa así», comentó, al tiempo que no dejaba de mirar, con el recelo de ganadero viejo, a las reses que regresaban de pastorear.

«Tuve la suerte de que no se me muriera ninguna y pude mantenerlas algún tiempo gracias a un sembrado de melón que tenía».

Otros, como Rolando Ortega Ponce de León, reconocido ganadero, tuvieron necesidad de soltar los terneros para preservar la masa.

Igual realidad vive la mayoría de los que se dedican hoy a la ganadería en la Isla de la Juventud, quienes vieron decrecer los rendimientos en la producción de leche en la medida en que la sequía arreciaba, al punto de cerrar mayo con 72 000 litros por debajo del plan, según reveló Aracelis Leyva Figueredo, subdelegada de la Agricultura aquí.

«Sin embargo —aclaró—; después del 21 de mayo a la fecha se recuperaron 800 litros del déficit provocado por la sequía».

En ese incremento está también el desvelo de Normando, quien asegura que con las aguas de la última decena de mayo sus vacas subieron de 30 a 40 litros diarios como promedio y se muestra optimista.

Sin brazos cruzados

Ante tal realidad, la Delegación territorial del Ministerio de la Agricultura en este Municipio Especial acomete acciones para revertir los efectos negativos de la sequía.

La estrategia incluye el incremento de recorridos por áreas proclives de atascamiento de animales, instalación de turbinas para garantizar el agua, la reparación de una estación de bombeo a fin de asegurar agua al potrero de La Túpac y la distribución de agua mediante carros-cisterna a cerca de 4 000 reses, según se conoció durante el ejercicio Meteoro 2011.

Otro tanto aplican los trabajadores de la Empresa Integral de Recursos Hidráulicos para proteger a la población, también afectada por la prolongada escasez de agua.

Jesús María Rivera Pérez, director técnico de esta entidad, reveló que «la presa La Guanábana, principal reservorio que recarga por infiltración las corrientes subterráneas abastecedoras de los principales pozos conectados al acueducto de Nueva Gerona, está seca».

Explicó que esa situación afecta hoy a unas 5 000 personas residentes en la ciudad cabecera, con especial énfasis en los consejos populares de Pueblo Nuevo, Centro Histórico y 26 de Julio.

Informó que a los casi 6 000 habitantes que reciben el servicio en carros-cisterna de manera permanente, se suman aquellos que viven en zonas altas de las comunidades antes mencionadas.

«Entre las medidas adoptadas para asegurar el agua a todos figuran la regulación de las válvulas para usar solo la necesaria y no excederse en el bombeo para no poner en riesgo la fuente de abasto», sostuvo.

«También —acotó— se ha trabajado intensamente en la eliminación de más de 150 salideros en Nueva Gerona de febrero a la fecha y tenemos algunos recursos en el territorio para el mantenimiento a las redes».

La lluvia prometida

Desde el paso devastador del huracán Gustav en 2008, en la Isla de la Juventud no se reportan lluvias significativas. El meteorólogo Edgardo Soler Torres aseguró que en ese lapso este territorio alcanza el grado de sequía severa.

«En los últimos 32 meses no se registran lluvias intensas significativas con excepción del mes de noviembre de 2009 y agosto de 2010, con precipitaciones vinculadas a procesos de calentamiento atmosféricos locales y superiores a los promedios históricos para esos períodos», informó.

¿Y las lluvias de mayo? «Bien, ¿y ustedes?», podría ser una respuesta ideal. De acuerdo con un informe del Departamento de Meteorología a la Defensa Civil, desde 1969 hasta 2010, el quinto mes del año clasifica como lluvioso en la Isla de la Juventud solo en cinco ocasiones (1969, 1977, 1988, 1998 y 2003); el resto, entre poco lluvioso y seco.

Soler Torres confirmó que las lluvias en la última decena con más de cien milímetros, que representaron el 61 por ciento del promedio histórico (172,9 mm), alentaron a muchos e incluyeron a mayo en el límite entre poco lluvioso y seco.

El experto comentó que «para revertir la situación en junio se deberían registrar acumulados superiores a los 240 milímetros, y por experiencia se conoce que después de un mayo seco, junio se comporta bastante lluvioso».

Con esos pronósticos podría variar la realidad del acopio de agua en esta isla, que a pesar de ser pequeña geográficamente posee 14 embalses para almacenar suficiente agua, los cuales en la actualidad no llegan al 50 por ciento de su capacidad.

El ingeniero Rivera Pérez notificó que El Abra y Casas II, vinculadas de forma directa a la agricultura, están al ocho y al 23,5 por ciento, respectivamente, y comentó que se necesitaría más de una semana de lluvias permanentes para estar en situación favorable.

Labrando el futuro

La mesa del pinero también sufre los embates de la intensa sequía y se extraña la presencia de viandas, hortalizas y vegetales, aunque en materia de frutas el mango se lleva todas las palmas.

Juan Amador, al frente del Programa de Cultivos Varios, comunicó que la producción recibió el impacto de la sequía, a lo que se suman deficiencias en la aplicación de la tecnología.

Anunció que para recuperar el atraso de estos cuatro meses trabajan aceleradamente en la preparación de tierra, con prioridad en la siembra de cultivos de ciclo corto, y se velará por una correc-ta aplicación de la ciencia en función de obtener mayores rendimientos.

Entretanto, Normando, Rolando y demás productores pineros bendicen las últimas lluvias y esperan que futuros aguaceros devuelvan a sus animales la capacidad para producir los promedios acostumbrados.

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