Bálsamo contra la desmemoria

La Historia de Cuba es más que una asignatura, es una labor educativa que toda la sociedad tiene que plantearse, afirmó el profesor Horacio Díaz Pendás, quien ha dedicado su vida a esta disciplina

Autor:

Margarita Barrios

Al margen de la cultura es imposible ningún propósito pedagógico, afirmó el Doctor Horacio Díaz Pendás, quien ha dedicado su vida a la enseñanza de la Historia de Cuba.

Para el destacado docente, el aprendizaje de esa asignatura depende en buena medida de la preparación que tenga el profesor para transmitir los conocimientos, pero también del empeño y el deseo de aprender del alumno.

«El profesor puede hacer una exposición brillante, transmitir los conceptos con enfoques claros, pero el aprendizaje es un proceso individual, depende de la voluntad de cada cual, de la disposición de entregar horas al estudio, a la lectura, a documentarse.

«Esto es válido para el profesor y para el alumno, porque tiene que ver con la clase que se prepara, con lo que lee e investiga el maestro para poder comunicar ideas de manera precisa y con fundamento válido, y también con la labor de los estudiantes en su estudio individual».

—Una de las materias priorizadas en todos los grados escolares es la Historia de Cuba, y es una de las asignaturas que se examinan para el ingreso a la universidad. ¿Cómo valora usted la importancia de este aprendizaje?

—La Historia, a mi modo de ver, tiene una especial significación en la cultura de cualquier joven cubano, porque es la memoria de la nación, es la explicación de nuestra herencia, del largo camino de lucha y de forja de la cultura de nuestro pueblo.

«Eso es muy importante, porque vivimos en un mundo convulso donde hay que hacerse siempre esta pregunta: ¿A quiénes les conviene que existan pueblos desmemoriados? A los que con el control mediático y el monopolio de la información quisieran borrar la memoria que es testigo y fiscal de muchas cosas.

«La desmemoria es también una estrategia para la dominación; preservar la memoria es un antídoto contra los colonialismos culturales que nos acechan y frente a las formas de dominación mediáticas que caracterizan estos tiempos».

El profesor Horacio asegura que la Historia de Cuba ayuda a entender de dónde venimos, y señaló como hitos imprescindibles dentro de ella el porqué en diferentes etapas, y con objetivos en función de cada una de ellas, nunca el pueblo cubano dejó de luchar, y también que la unidad o la falta de esa unidad fue fundamental para el logro de determinados objetivos.

«Un proceso revolucionario puede contar con la simpatía, el apoyo, la disposición, la virilidad, la decisión de entregar la vida, pero si le falta la unidad puede derrumbarse», puntualizó.

Igualmente, señaló como otro episodio imprescindible conocer la actitud histórica de los círculos de poder de los Estados Unidos para intentar apoderarse de Cuba e impedir la independencia, y en la actualidad intentar destruir la Revolución.

«La docencia, los medios de comunicación y todo lo que eduque en la sociedad tiene que propiciar que las nuevas generaciones conozcan de los peligros históricos. Cada quien puede pensar como estime conveniente, pero que no peque por ignorancia», destacó.

—¿Cuáles son las principales deficiencias en la enseñanza de la Historia de Cuba?

—La Historia de Cuba es más que una asignatura, es una labor educativa que toda la sociedad tiene que plantearse, y requiere del perfeccionamiento permanente en la manera de comunicar ideas, de propiciar el diálogo, el debate, el contrapunteo de opiniones, porque hay que enseñar a pensar.

«Siempre le recuerdo a los profesores que, en el memorable escrito de José Martí titulado «Clases orales», recogido en el tomo VI de sus Obras Completas, nuestro Apóstol expresa que la manera de decir realza el valor de lo que se dice, tanto que a veces suple a estos.

«En esas palabras Martí nos está explicando que no basta con dominar el contenido, sino que también es importante la manera en que se imparte.

«Y también afirmó el Maestro: “Viven las clases de la animación y del entusiasmo”, lo cual es un reto para todo el que se propone comunicar ideas, o dar una clase, o escribir un artículo; porque implica llegar a la inteligencia y al corazón de los demás.

«Nadie habla mal de lo que conoce bien, dijo también Martí, porque el dominio del contenido es el punto de partida para encontrar las posibilidades educativas.

«Por ejemplo, si dominas bien la vida de Ignacio Agramonte, pues vas a encontrar claves que te sirvan para formar valores en los estudiantes. Pero desde adentro, porque en esto, como en casi todas las cosas, solo la cultura nos salva».

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