Amargo pero dulce

La citricultura cienfueguera, inmersa en una estrategia de desarrollo a mediano y largo plazo que llevará a disminuir sus producciones para que luego crezcan, está obligada a enrumbarse hacia nuevos derroteros

Autor:

Yoelvis Lázaro Moreno Fernández

AVILÉS, Cumanayagua, Cienfuegos.— Desde hace varios años la producción citrícola nacional viene tocando fondo. Bien lejos del millón de toneladas que logró obtener el país en 1990, cifra histórica jamás igualada, se ubicaron los resultados del último lustro.

En los últimos cinco años, según trascendió en estas mismas páginas en junio de 2008,  la carencia de insumos casi imprescindibles para la atención de estas plantaciones, el creciente deterioro de un viejo sistema tecnológico de riego, el impacto directo y seguido de más de un ciclón tropical, y como consecuencia la entrada de numerosas plagas y enfermedades, hicieron más profundo el declive.

En la cienfueguera empresa Cítricos Arimao, única de su tipo en el centro sur de la Isla, distinguida internacionalmente dos quinquenios atrás por la exportación de naranja fresca hacia países europeos y del Caribe, el descenso ha tenido también pasajes evidentes.

Campos en su mayoría marchitos, con plantaciones deshojadas y de tallos amarillentos y secos, todavía se pueden advertir desde la carretera que enlaza a este municipio con la ciudad de Cienfuegos, aunque tierra adentro ya son palpables los primeros resultados de una estrategia de trabajo a largo término que, al igual que en otras regiones de la Isla, busca devolverle mayores y mejores «jugos» a la tradición de este cultivo en Cuba.

Con añoranza y orgullo aún se recuerda en esta entidad, perteneciente al Grupo Empresarial Frutícola del Ministerio de la Agricultura (MINAGRI), aquella cosecha de inicios de la pasada década en la que alcanzaron 33 000 toneladas, con un rendimiento de 23 de estas por hectárea, el mejor por entonces a nivel nacional, precisa el ingeniero Arnaldo Pérez Morales, director general de la empresa.

Pero sin abrumarse ni creer demasiado en frías evocaciones, los citricultores de la Perla del Sur saben que revertir tan deprimido panorama implica laborar ahora en el desarrollo de una agricultura intensiva, con plantas de mejores condiciones que vivirían menos, pero que aportarían más, y que a mediano y largo plazo pudieran conducir hacia mayores rendimientos y volúmenes productivos.

Entre porqués

Este año la empresa aspira a terminar con una producción que apenas conseguirá rozar las 5 000 toneladas, una vez que concluya en los meses de noviembre y diciembre el acopio de la toronja, comenta Pérez Morales.

«Si fuésemos a hablar de las causas que han motivado la complicada situación por la que aún atraviesan estos frutales, habría que citar varias razones, muchas de ellas relacionadas».

Como elemento muy pernicioso el directivo señala la entrada al país en 2007 del huang long bing, un insecto diminuto originario de Asia que mide apenas de tres a cuatro milímetros, pero que arruina en muy poco tiempo la planta en que se alberga, al provocar, mediante una bacteria que transmite, obstrucciones en la circulación de nutrientes desde la raíz hasta las restantes partes del árbol.

«Además de este existen otros organismos como el minador, el pulgón y la fumagina que afectan con severidad a los cítricos, depauperan la mata y le ocasionan finalmente la muerte. Ante la necesidad de erradicar estas especies y dejar de considerarlas un peligro serio, es muy importante rastrear con sistematicidad las plagas y prestar una atención fitosanitaria adecuada que permita detectar a tiempo cualquier anormalidad, ya que si el insecto consigue picar, la planta lamentablemente se enferma.

«La carencia de un sistema de riego que cubra toda el área que se asiste ha venido lastrando también las potencialidades del centro. Basta decir que de las 700 hectáreas bajo regadío con capacidad instalada, solo se utiliza actualmente de un 25 a un 30 por ciento, por la falta de disponibilidad en el sistema de campo».

A todo lo anterior habría que agregar una secuencia de huracanes con impacto directo en la zona suroeste del archipiélago que dañaron fuertemente plantaciones con más de 30 años en producción y agudizaron el estado fitosanitario de estas por la llegada de una mayor cantidad de enfermedades.

Otro escollo sorteado en estos años, añade Pérez Morales, tiene que ver con cuestiones subjetivas, más bien asociadas a la organización del trabajo ante la carencia o el mal estado de algunos implementos necesarios para la atención cultural a los cultivos, la llegada tardía de fertilizantes, así como el paulatino quebrantamiento de una maquinaria agrícola con varias décadas en explotación.

Decrecer para crecer

Si bien el contexto de Cítricos Arimao ha sido complejo, la empresa tiene bien claro y pensado cómo seguir andando. Para ello se encamina sobre un programa de desarrollo que prevé disminuir las áreas en producción y a largo plazo crecer, según expone el ingeniero Osmany Cabrera Guirola, director adjunto del centro.

—¿Cómo se explica esto?

—Se trata de una estrategia de reposición que estima una merma de las líneas tradicionales en los próximos años, al ser demolidas viejas plantaciones y comenzar la siembra de otras, con nuevas características en su ubicación.

«Vale aclarar que una mata de cítrico no entra en producción hasta cinco años después de sembrada, por lo que una vez que se desmantela el área, se prepara el terreno y se llevan a la tierra las posturas del vivero, hay que desplegar un largo período de fomento y sistemática atención para lograr los frutos.

«Al valorarse todo lo que puede ocurrir durante ese quinquenio, se estima que comenzará a producir cerca de un 85 por ciento del número total que se siembra, una cifra bastante alta de supervivencia».

—Teniendo en cuenta ese plan de repoblación, ¿hasta cuándo durará entonces el descenso productivo?

—Más o menos cinco años, hasta 2016 aproximadamente. Ahora bien, eso no significa que durante ese período no vaya a haber resultados, solo que irán cada vez más en picada, como parte de una labor muy perspectiva. En estos momentos la empresa cuenta con 1 072 hectáreas en producción. De estas alrededor de 138,5 dedicadas a la toronja blanca y poco más de 900 a la naranja valencia. Precisamente de esta última fruta, en enero, febrero y marzo pasados se cosecharon aquí más de 2 000 toneladas.

—¿De qué forma se va desarrollando esa estrategia?

—La intención fundamental es buscar fomentos en áreas compactas, que posibiliten garantizar mayor protección fitosanitaria y una tecnología de producción intensiva con un marco de plantación entre 556 y 666 matas por hectárea, en dependencia de las especies y variedades.

«Si anteriormente la distancia entre una y otra hilera era de ocho metros, ahora será solo de seis, lo que posibilita mayor densidad de plantas por área, y obliga a que estas sean más pequeñas y se asistan mediante una tecnología de poda y protección con la que ya se cuenta.

«Además de la naranja y la toronja, hoy están sembradas 13 hectáreas de lima persa, y posturas de mandarina ya han comenzado a llevarse de los viveros al campo para plantar cinco hectáreas».

—¿Han practicado el intercalamiento de cítricos con otros cultivos?

—Sí; es un procedimiento que puede dar muy buenos resultados, al menos para aliviar los costos de todo lo que se invierte en la reposición y desarrollo de estas especies. La combinación se ha hecho fundamentalmente con el mango, la frutabomba y la guayaba, y tiene lugar solo durante los cinco años en que se fomentan las variedades de cítricos para que inicien su producción.

«Hay quienes plantean que esta técnica, lejos de constituir un obstáculo, favorece el desarrollo de estos frutales, pues se dice que la guayaba es repelente a uno de los vectores que contaminan a las plantaciones de cítrico».

—¿Cuáles son los destinos de las producciones citrícolas cienfuegueras?

—Principalmente la industria nacional y para la exportación y el turismo, en especial el que se ofrece en la región central del país. También se le entrega una buena parte a Acopio.

Entre plantas que anuncian su retirada y otras que llegan para augurar un buen futuro, todavía lejano, del cítrico en Cuba, late la experiencia de un colectivo en el que se combinan comprometidos veteranos y jóvenes. Aunque no son muchos los de menor edad, entre los que se cuenta el ingeniero Yoel Sarduy Sánchez, ellos están conscientes de cuánto les queda por hacer ante tales empeños.

«Sabemos —sostiene el joven— que es algo a largo plazo, sin apuro, pero que lleva trabajo duro desde ahora, pues lo que se quiere para mañana mucho dependerá de la forma en que se siembre, se limpie, se fertilice, se pode y se proteja cada plantón de naranja, toronja o mandarina».

Entidad diversificada

Aún cuando los cítricos representan el 70 por ciento de su superficie de producción, esta entidad ha ampliado sus intenciones de cara a la tierra con la siembra de cultivos varios, entre los que se destacan hortalizas, viandas y granos.

El centro, inmerso en el proceso de Perfeccionamiento Empresarial desde 2001, incluye en su objeto social la misión de beneficiar y comercializar las producciones de cítricos, frutales y hortalizas de casas de cultivo reservados para la exportación, el consumo nacional, la industria y el turismo.

Atiende 12 UBPC: cinco dedicadas a cítricos, cuatro a cultivos varios, principalmente viandas, hortalizas y granos; y tres a otros frutales como el mango, la guayaba y la frutabomba. A todas estas entidades productivas les presta servicios de aseguramiento, maquinaria agrícola, transporte y riego.

En la nómina de la empresa se registran cerca de 425 trabajadores estatales y 870 pertenecientes a las UBPC. De todos ellos 245 son mujeres y poco más de 500 laboran en las actividades citrícolas.

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