La tradición en los genes

Al ritmo de danzas calipso, instructores de arte en Ciego de Ávila rescatan bailes y tradiciones de los viejos emigrantes de las Antillas Menores

 

Autor:

Luis Raúl Vázquez Muñoz

BARAGUÁ, Ciego de Ávila.— El viejo Teófilo Gay, el patriarca del Barrio Jamaiquino, deberá sonreír con orgullo. Dentro de menos de un mes, el próximo 1ro. de agosto, en Baraguá serán las fiestas de los emigrantes antillanos, y las calles del viejo batey se inundarán con los redoblantes de tambor y los toques agudos de un triángulo metálico que marcará su paso por encima de la fiesta.

Entonces, cuando los descendientes de los braceros festejen el día de la libertad de los esclavos de las Antillas Menores, el viejo Teófilo no solo se deleitará por ver cómo el mundo de sus ancestros se mantiene. Su mirada de 90 años se dirigirá a un grupo de niños que ese día deberán subir a la plazoleta del Barrio e interpretar las danzas con la soltura que lo hace el conjunto La Cinta, integrado por artistas aficionados del poblado de Baraguá.

Con sus voces infantiles cantarán en el inglés criollo de los viejos emigrantes: All the nation like, banana / Black people like, banana / Jamaican like, banana mientras dancen al compás del tambor, y un grupo de jóvenes, vestidos con pulóveres grises, los observarán con orgullo.

Gladys en la memoria

Uno de esos jóvenes será Mario Andrés Arrieta Valdivia, instructor de arte en la escuela primaria 7 de diciembre, del poblado de Baraguá. En ese centro es donde ha surgido Buenas Noches Caribe, un proyecto desarrollado por los instructores de arte y que pretende crear espacios de recreación para los jóvenes y rescatar las tradiciones populares de la comunidad.

Uno de esos espacios es la creación, desde hace varios cursos, de Caribbean Children (Niños caribeños), agrupación danzaria conformada por infantes de distintos grados de Primaria, que interpretan danzas originarias de los emigrantes de las Antillas Menores, llegados a Baraguá con el boom azucarero de las primeras décadas del siglo XX.

«La idea no es nueva —explica Mario—, desde 1996 hasta 2007, cuando fui a estudiar a Camagüey, integré una agrupación de niños que bailábamos los números antillanos. La creó Gladys González, una instructora de arte de la primera graduación. Ella se dedicó a investigar esos bailes y a mantenerlos vivos. En su memoria es que hemos hecho estas acciones».

De acuerdo con Mario, Gladys también contribuyó a crear el conjunto danzario La Cinta, conformado por artistas aficionados —muchos de ellos obreros azucareros e hijos de los primeros antillanos—, que hoy es una de las agrupaciones más reconocidas en la provincia de Ciego de Ávila, como portadora de tradiciones. Sin embargo los instructores de arte han querido mirar más lejos.

«Las tradiciones no deben mantenerse solo en un conjunto artístico. El relevo a los integrantes de La Cinta tiene que existir, pero también los más jóvenes deben conocer otras costumbres, como las relacionadas con los bordados, la música y los alimentos», explica Beatriz Rodríguez de León, instructora de arte en la especialidad de Música en la 7 de diciembre.

Legado del abuelo Teófilo

Evelyn Harman Pérez señala a su hijo Jamnan. «Lo de él está en los genes —dice—. Ni a su padre ni a mí nos da por el baile y él… por favor. La única explicación es que sacó la herencia de su abuelo». Jamnan se encoge en el butacón de la sala y murmura: «Nunca he visto a mi abuelo bailar». Pero la madre insiste: «Tú tienes los genes».

Porque Jamnan es el nieto de Teófilo Gay. Mario asegura que, dentro de los Caribbean Children, él es uno de los bailarines con un talento innato. De hecho es quien pasa bailando bajo la soga, en uno de los espectáculos más complejos de los bailes antillanos.

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