Vivir en la eternidad de una sonrisa

Falleció Olga Felipa Llera Fernández (Cuquita), quien fuera la secretaria del Comandante Camilo Cienfuegos desde el triunfo de enero de 1959 hasta su desaparición física

Autor:

Luis Hernández Serrano

Olga Felipa Llera Fernández (Cuquita), secretaria personal del Comandante Camilo Cienfuegos desde el triunfo de enero de 1959 hasta su desaparición física antes de concluir ese año, murió en la noche de este jueves de un derrame cerebral, a los 86 años de edad, en la sala de cuidados especiales del hospital Calixto García, en la capital del país.

Nació el 20 de julio de 1925 en Candelaria, Pinar del Río, y conoció a Camilo mucho antes de convertirse en el último de la lista del Granma, a través de un familiar allegado del aguerrido combatiente.

El Comandante de la barba negra, la bella sonrisa, el sombrero alón, el primero que bajó a combatir al llano por orden de Fidel, el Héroe de Yaguajay, le decía cariñosamente a su diligente secretaria «Mi michelín».

En diálogo telefónico con su sobrina, Aracelys Llera Fernández, curiosamente con sus mismos apellidos, conocimos que residía en el municipio de Plaza de la Revolución y que su vida se consagraba a guardar fotos y documentos sobre una de las tres figuras que integran el emblema de la Unión de Jóvenes Comunistas, junto a Julio Antonio Mella y el Che.

«A mi tía Olga no le gustaba salir en la prensa, pero aprovecho la ocasión para decir que la modestia y la sencillez eran sus características fundamentales y así le rindo homenaje al comunicarlo al pueblo».

La destacada revolucionaria siempre enarboló con justicia y honor, sin jactarse, la figura y la historia del Comandante Camilo, no solo los 6 de febrero, día de su nacimiento y los 28 de octubre de su muerte.

Era muy responsable en la labor de recopilar las anécdotas de su jefe, sus papeles y sus méritos como persona aguerrida, como joven de la Sierra Maestra, y como dirigente rebelde en 1959.

En fin, el espíritu cuidadoso de Cuquita con los documentos históricos de Camilo, hoy en poder de la familia de su secretaria, será una llama inapagable y uno de los grandes aportes que esta mujer de pueblo hiciera al recuerdo imperecedero de su incondicional y valiente jefe, a cuya huella fugaz pero indeleble se dedicó con veneración y respeto.

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