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Soldados del alma

Desde su creación el 7 de octubre de 1981, la Universidad de Ciencias Médicas de las FAR brinda la oportunidad de formarse como oficiales de perfil médico de nivel superior

Autor:

Patricia Cáceres

Por más pequeños que sean nuestros sueños, alcanzarlos casi nunca resulta una tarea sencilla. Y cuando en lugar de una son dos nuestras quimeras, el camino se torna mucho más espinoso y encumbrado.

Es por ello que el joven cadete Rubén Martínez Artiles, como muchos otros, puede declararse una persona afortunada. Con apenas 19 años de vida ha logrado realizar dos de sus más grandes pasiones: hacerse médico y militar.

Todo gracias a la Universidad de Ciencias Médicas de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), único centro en el país que desde su creación el 7 de octubre de 1981 brinda la oportunidad de formarse como oficiales de perfil médico de nivel superior.

Tres décadas de historia

Aunque la idea de crear una universidad de este tipo nació en ese año, no fue hasta 1982 que abrió las puertas a su primer curso, bajo el nombre de Instituto Superior de Medicina Militar (ISMM).

En un primer momento ingresaron jóvenes de tercer año de la especialidad, elegidos de las distintas facultades civiles de toda la Isla. A partir de 1986, la cantera principal para la selección son las Escuelas Militares Camilo Cienfuegos.

Según recordó el teniente coronel José Rogelio Menéndez López, especialista de segundo grado en Medicina Interna y uno de los profesores fundadores del Instituto, instaurar este centro de enseñanza supuso todo un reto para las Fuerzas Armadas.

«Lo militar en la Medicina no estaba académicamente bien definido y, por lo tanto, era nuestra misión comenzar a desglosar el camino del entendimiento de la aplicación de los conceptos de lo militar en esa ciencia», explicó.

«Recuerdo que teníamos asesores de la Unión Soviética. En aquel entonces se trataba de tomar las experiencias y los esquemas organizativos de la Academia de Medicina Militar de Leningrado, donde estaba todo lo que valía y brillaba en el desarrollo de esa profesión».

De acuerdo con Menéndez, poco a poco la institución fue consolidando su presencia en el universo médico del país. «Preparamos las cátedras y el claustro de profesores que tenía que asumir la docencia. Hubo algunos que asimilaron rápidamente todos aquellos conceptos que diferencian el ejercicio de la Medicina en las instituciones armadas de la vida civil, y comenzamos a formar cadetes».

Y es que, al decir del especialista, el médico-militar está capacitado para actuar en dos escenarios diferentes. En tiempo de paz, optimiza el período de vida profesionalmente útil de las tropas de las Fuerzas Armadas, y, al mismo tiempo, deben salvar vidas cuando se defienda la soberanía de la nación en el campo de batalla.

Después de 30 años —dijo— se siente orgulloso de ver que jóvenes de las primeras promociones son hoy doctores en Ciencias y profesores facultados para tomar decisiones con respecto a la política de ciencia y técnica de los servicios médicos.

Pinos Nuevos

El año 2003 fue difícil para el Instituto, porque a partir de la situación económica del país debió continuar la formación médico-militar de manera descentralizada, en todas las instituciones docentes del Ministerio de Salud Pública (MINSAP).

No fue hasta 2008 que, a partir de las nuevas posibilidades, la máxima dirección del país decidió reestructurar la institución bajo el calificativo de Escuela de Medicina Militar (EMM) —posteriormente llamada Universidad de Ciencias Médicas de las FAR— en los predios del Hospital Militar Doctor Carlos J. Finlay, municipio de Marianao.

El curso 2008-2009 «arrancó» solamente con cadetes de tercer, cuarto y quinto años, hasta que en 2010 se incorporaron jóvenes de primero y segundo.

El teniente coronel Manuel Seijas González, uno de los directivos del centro, puntualizó que, a diferencia del resto de las instituciones de nivel superior de las Fuerzas Armadas, esta se caracteriza por tener hoy casi todos sus escenarios docentes fuera de la edificación.

«Un por ciento de la formación se realiza en policlínicos, consultorios y en la comunidad; otra parte en las tropas y puestos médicos de salud, y la mayoría en los hospitales militares y del MINSAP».

Al referirse a las exigencias de la especialidad, el oficial reconoció el esfuerzo extraordinario que deben hacer día a día los cadetes que allí se preparan.

«A pesar de formarse con el mismo programa de estudio que el resto de los estudiantes de Medicina del país, también reciben clases de infantería, preparación física y militar especial, ejercicios tácticos en el terreno… Este es el único modo de que conozcan el escenario donde se van a desempeñar», puntualizó.

Fe de ello puede dar el joven Rubén Martínez Artiles, cadete de segundo año, quien confiesa tener que dividirse en «muchos pedacitos» para cumplir cada mañana con el de pie, la gimnasia matutina, las formaciones, asistir a clases, estudiar e incluso practicar algún deporte.

«Cuando estamos en pruebas finales, por lo general nos acostamos muy tarde. Es un ciclo que se repite, con un agotamiento muy grande, pero sacar buenos resultados implica sacrificios.

«Esa es una parte clave de nuestra preparación, porque nosotros, además de médicos, somos además combatientes que tenemos un papel decisivo en la defensa del país. Por tanto, hay que estar preparados para afrontar situaciones específicas y difíciles», subrayó con orgullo.

En medio de la apretada agenda, Rubén también reserva un «huequito» para el movimiento de artistas aficionados. «Soy director de un grupo de música tradicional cubana llamado Sin fronteras. Toco el piano, el tres o la guitarra eléctrica.

«Cuando se acerca el festival de aficionados son muchos ensayos. Eso implica, por supuesto, estudiar hasta un poco más tarde en la noche, aunque lo hacemos gustosamente», enfatizó.

Otro de los jóvenes «flechados» por los encantos de la carrera es Yasmany Salazar Rodríguez, cadete de cuarto año, quien sueña con especializarse en Medicina natural y tradicional.

Para él, el intercambio de criterios con los pacientes ha sido una de las experiencias más significativas que ha tenido en la vida. «Es muy hermoso sentir que tienes la capacidad para aliviar el dolor, la pena de una persona convaleciente».

Con Yasmany coincide Yahima Bell Valiente, otra cadete de cuarto año, quien considera que el roce con los enfermos es la mejor parte de la carrera y la más enriquecedora desde el punto de vista profesional.

Así, conscientes de su legado, y con la obligación indeclinable de respetar las fuerzas y los intereses morales de la profesión y de la propia humanidad, marchan hacia el futuro los jóvenes de la Universidad de Ciencias Médicas de las FAR.

Y en su andar certero y firme, en un acto de amor y sacrificio, combinan su bata blanca con el uniforme verde olivo.

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