Cambiar el destino de El pequeño príncipe

Incansable lectora y una de las abejitas de la Compañía Infantil de Teatro La Colmenita, Eglys Ruiz Hodelín sueña con ser actriz y escritora

Autor:

Margarita Barrios

«Si yo pudiera hablar con Antoine de Saint-Exupéry, le diría que cambiara el final de El pequeño príncipe. Me gustaría que no muriera, sino que se quedara cuidando la rosa». Imaginativa y simpática, Eglys Ruiz Hodelín no tiene límites para hablar cuando de libros se trata.

«Mi preferido es Corazón —afirma—; me lo he leído cuatro veces. Pero tengo muchos libros, que son mi principal compañía… Quisiera un día poder escribir uno; ya tengo el proyecto y todo».

—Pero eso es complicado— le digo.

Y con sonrisa plena, sopesa: «Y qué cosa no es difícil… Pero soñar, hacer planes, intentar, eso no cuesta nada».

Entonces empieza a buscar en su file de papeles, donde hay de todo: guiones para espectáculos teatrales, cuentos, cartas, diplomas de la escuela, de su taller literario, de La Colmenita.

«Mira —dice alegre—, en mi proyecto digo que los adultos son casi siempre los que escriben los libros para nosotros, y expresan lo que ellos quieren que escuchemos. Yo propongo juntar en mi libro todo lo que los niños queremos que esté en nuestros cuentos, y dedicarlo a los que, como yo, necesitan escribir y leer para disfrutar».

Como los adultos que reúnen papeles y fotos para acariciarlos en la soledad, Eglys guarda con cuidado sus escritos, y me los muestra con desenfado. «Esto fue lo que escribí para el concurso de narrativa infantil Buscando un mundo mejor, que gané en España.

«La historia es de una polilla que se va a recorrer el mundo para encontrar el mejor país. Pasa frío, desilusiones; sufre la violencia y la injusticia. Al final, cuando llega al lugar donde mejor se sentía, se da cuenta que ha regresado a su punto de partida, Cuba.

«Y estos son cuentos que hice para La Colmenita; tienen que ver con el cuidado del medio ambiente, con el comportamiento de los niños, y muchos, muchos temas que los niños deben saber.

«Ves este —y me entrega otro de sus cuentos—, lo escribí para el Fórum Provincial de Ciencia y Técnica del Transporte. Se llama Necesitamos soluciones, y me dieron este diploma… por mis sugerencias».

Eglys tiene ahora 12 años y cursa el octavo grado en la escuela secundaria básica Jorge Ricardo Masetti, del capitalino municipio de Playa. Solo unos minutos de conversación son suficientes para darse cuenta de que está «por encima del nivel».

Al concluir el sexto grado, en la escuela primaria Mariana Grajales, de Playa, resultó la mejor graduada de su consejo popular y fue la delegada por la Compañía Infantil de Teatro La Colmenita al V Congreso Pioneril. Sus notas no bajan de excelente en todas las asignaturas, ya sean letras o ciencias.

Además, ha ganado muchos premios en concursos municipales de Matemática, Historia y Lengua Española. Fue merecedora en cuatro ocasiones de la condición Beso de la Patria, así como también ha recibido importantes lauros en festivales vinculados con la narrativa.

—¿Cuándo comenzaste a escribir?

—Desde que estaba en la escuela primaria. Tenía más o menos siete años. Estuve en un taller de literatura en la Casa de Cultura de Playa, y también en uno de narrativa infantil de la Biblioteca Nacional José Martí.

—¿Cómo llegaste a La Colmenita?

—Empecé en el Taller de La Colmenita de Plaza y ahora estoy en la sede central. Soy una «abejita».

—¿Qué es lo que más te gusta de La Colmenita?

—Que somos una gran familia, donde aprendemos a buscar la esencia de las cosas y nos formamos como hombres y mujeres de bien.

«Además, me gusta actuar, porque a la vez juego al teatro, que es un espacio libre, donde puedo ser yo convirtiéndome en otra persona».

—¿No te cansa viajar de Playa al Vedado después de pasar todo el día en la escuela?

—No, porque me gusta mucho. A la que hay que ponerle una medalla es a mi mamá, que termina de trabajar y se va conmigo. Y luego, ya sabes, las cosas de la casa.

—¿Qué te gusta más, ser escritora o actriz?

—Me gustan las dos cosas. Y como hay actrices que dirigen y escriben sus propias películas, pues quizá un día haga eso, un guión para el cine. Por el momento quiero ir a la Escuela Nacional de Arte (ENA); después ya veremos.

Cuando la conversación estaba por terminar, pues Ángela, la mamá, se aprestaba para acompañarla a la sede de La Colmenita, me dice: «Mira, no quiero que te vayas sin que leas esta carta. Se la escribí a Chávez, el presidente de Venezuela, cuando supe de su enfermedad.

«Le comento —y lee la carta— que la naturaleza, al igual que a usted, me ha hecho trampa y he tenido que pasar por cuatro operaciones, radiaciones, sueros… es un proceso agotador.

«Este es un obstáculo, pero en cada uno de ellos siempre hay una oportunidad disfrazada. Y en cada oportunidad una esperanza. Aférrese a ella, a la vida no le quedará más remedio que concedérsela… Le reafirmo que saldrá de esta, tengo esperanzas y ella es la única que nos acompaña a dondequiera que vayamos».

Eglys me mira, hace una pausa, se sonríe. Y me dice: «Te voy a regalar uno de los cuentos de mi colección. Este es para Juventud Rebelde. Así, mientras logro publicar mi libro, los pioneros lo van leyendo desde ya. Se llama El día de los deseos cumplidos, y está entre mis preferidos».

Aquí les va el texto:

Acaban de dar la noticia en la televisión. Antes de las ocho de la noche se cumplirán los deseos de los niños que tengan fantasías.

Todos los niños de mi Taller empezaron a hacer su lista de deseos, pero qué casualidad, en todas estaban las galletitas, los helados y los chocolates.

Yo también comencé a hacer la mía. Primero pensé que quería tener un diploma de Embajadora de buena voluntad o una memoria flash para guardar todo lo que escribo. Luego me puse más avariciosa y me dije no, una computadora, que es lo que necesita toda escritora. Claro que también pensé en confituras y en que mejorara mi salud.

Cuando ya solo faltaba un minuto para las ocho, me di cuenta que mis deseos eran demasiado personales. Eres una egoísta, me dije. Mi deseo es que se cumplan los deseos de todos los niños. Y se acabó el tiempo. ¿Se habrá cumplido mi deseo?

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