Termómetro joven del país

Al cabo de cuatro décadas el Centro de Estudios sobre la Juventud mantiene su posición privilegiada entre las necesarias investigaciones sociales y los inevitables procesos políticos que tienen a los jóvenes como protagonistas

Autor:

Ana María Domínguez Cruz

Brújula social, comprensión intergeneracional, proposiciones necesarias, continuidad, esperanza… Esas fueron algunas de las palabras que brotaron, veloces, cuando esta reportera hurgó en las sensibilidades de algunos de los investigadores que trabajan en el Centro de Estudios sobre la Juventud (CESJ), con el objetivo de construir, entre todos, el significado que esta institución tiene en el desarrollo juvenil de nuestro país.

¿Cómo cuestionarnos su papel en la sociedad cubana?, me decían. Una institución que durante 40 años —cumplidos este 14 de diciembre— ha realizado investigaciones de corte social, encuestas, sondeos, eventos internacionales y servicios científico-técnicos de corta duración sobre temáticas relacionadas con los niños, adolescentes y jóvenes cubanos bien pudiera definirse hoy, refieren, como «termómetro» del país, teniendo en cuenta que son los jóvenes, precisamente, presente y futuro.

Su directora, la Doctora en Ciencias Psicológicas Natividad Guerrero Borrego, el Máster en Historia Luis Gómez Suárez, la Máster en Sexualidad Ana Isabel Peñate Leyva y las jóvenes Licenciadas en Sociología y Psicología, respectivamente, Yoannia Pulgarón Garzón y Adriana Elías Rodríguez fueron quienes descorrieron el velo del tiempo y dialogaron sobre los principales desafíos, fortalezas y debilidades que ha enfrentado el centro en este tiempo.

Tras la historia

Solo una década después de constituirse la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) como organización rectora de las políticas sociales dirigidas a los jóvenes, fue menester crear un equipo de investigadores que asesoraran a esta organización, a partir de la caracterización de los jóvenes y sus dinámicas sociales.

Luego de su fusión con la Comisión Nacional de Asuntos Históricos, este equipo de investigadores se definió como la Comisión de Investigación Social que, vinculada al Buró Nacional de la UJC, reunía a técnicos de diferentes especialidades, cuya labor fundamental en aquel momento era realizar encuestas en este sector.

«En la década de los 80 el grupo ya contaba con alrededor de diez especialistas y se desarrollaban investigaciones de interés relacionadas con diferentes temas como la emulación social, los atletas de alto rendimiento, los grupos informales, los problemas ideológicos de la juventud, cuando, recuerdo, el pelo largo en los varones era considerado uno de ellos», recuenta Natividad.

«Precisamente en 1983 nos identificamos como Centro de Estudios sobre la Juventud, nuestra denominación actual, y comenzamos a trabajar de manera interdisciplinaria con psicólogos, sociólogos, historiadores, filósofos y licenciados en Ciencias Políticas para brindarle información a la UJC sobre la problemática de los jóvenes de entre 15 y 29 años de edad, útil para la concepción y puesta en práctica de las políticas dirigidas a este grupo poblacional», comentó la también profesora titular de la Universidad de La Habana.

Durante los años del período especial, refiere Ana Isabel Peñate, fue un gran reto para el centro mantener su línea de trabajo. Tiempos en los que las investigaciones sociales eran extraordinariamente necesarias para conocer el palpitar de nuestro pueblo, pero en los que las cuestiones económicas limitaban su realización en todo el país.

«El CESJ ha estado presente en diversos espacios internacionales como la Cumbre del Milenio y tiene status consultivo en el Consejo Económico Social de las Naciones Unidas.

«Formamos parte de la colaboración con las Agencias de las Naciones Unidas, es decir, podemos optar —a pesar de ser un centro pequeño— por financiamiento para la realización de proyectos sociales, y eso contribuye a nuestro trabajo, no solo para el país sino a nivel internacional», agregó Ana Isabel.

«Los jóvenes son un grupo etáreo muy complejo y en el que mayor impacto tienen los cambios políticos —apunta Luis Gómez—. Ser el único centro en el país que se dedica, íntegramente, a comprender los procesos sociales en los que son protagonistas, estudiarlos y comprenderlos es un desafío al que nos enfrentamos día a día.

«Temas como los valores, la violencia, el empleo, la sexualidad, la superación, la familia, los proyectos de vida… han sido objeto de estudio de las investigaciones que desarrollamos en los diferentes momentos del país, lo que quiere decir que la producción investigativa de nuestro centro conforma un estudio evolutivo de la juventud cubana en estas cuatro décadas», añadió el también profesor de la Universidad de La Habana.

Y aunque la mayoría de los investigadores del centro son jóvenes, para Luis Gómez no es un obstáculo el no serlo ya, porque la juventud tiene una mística que se contagia, como él mismo dice, y porque desde el prisma de un investigador, los prejuicios y los falsos conceptos se dejan a un lado.

«Los no tan jóvenes trabajamos aquí con los jóvenes que llegan, ansiosos por aprender y hacer. Propiciamos el trabajo en equipo y resulta muy cómoda la dinámica laboral que se crea», añadió Natividad.

«La subjetividad influye de todos modos —enfatiza Adriana Elías, quien aún está transitando por su servicio social. ¿Cómo no va a influir mi edad y mi manera de ver la vida, por ejemplo, si realizo una investigación sobre las culturas juveniles o la participación de quienes forman parte del mismo grupo poblacional que yo? Lo que sucede es que, al mismo tiempo que es difícil para mí como investigadora despojarme de eso, también llega a ser una ventaja porque puedo conectarme mejor con su realidad», agregó.

Es que no se trata de ser censores de la juventud sino de formar parte de su gran familia, insiste Yoannia Pulgarón. Investigamos y nos superamos desde el punto de vista académico, dice, porque tenemos el compromiso de contribuir al mejor hacer del país en la construcción de las políticas sociales que nos conduzcan a los cambios a los que aspiramos, para un mejor socialismo cubano.

El camino a transitar...

Este centro, la segunda institución de investigación más antigua del país, apunta su directora que, más allá de ofrecerle información al Buró Nacional de la UJC y a otras instituciones del país, tiene como misión proponer y construir junto a ellos, alternativas de solución a los problemas que refleja esa información en un espectro cada vez más amplio.

Desde 1986 cuenta con la revista especializada Estudio, con carácter semestral, mediante la cual se divulgan los resultados de las investigaciones en el ámbito cubano, y que ahora se nutre, además, de resultados de otros centros de investigación afines y de colaboradores de Iberoamérica. Esto permite conectar realidades locales y nacionales cubanas con la de esta región.

Desde el año 2000 se consolida la producción de otras publicaciones no seriadas en formato de libros, en los que se compilan estudios con un eje común, como es el caso del reciente Lecturas de la realidad juvenil cubana a principios del siglo XXI, y folletos en los que se abordan temas como la autoestima, la homosexualidad, los prejuicios, la orientación profesional, los valores, entre otros, dirigidos a adolescentes y jóvenes, que son distribuidos por la red de bibliotecas escolares y públicas.

Sin embargo, insisten los estudiosos, el centro tiene completa disposición para asesorar en temas relacionados con la juventud cubana, tanto para el trabajo periodístico, como el académico y referencial, y que esta potencialidad sea mejor utilizada.

«No solo nos limitamos a identificar, diagnosticar y evaluar las problemáticas juveniles —acota Ana Isabel Peñate, también coordinadora de la revista Estudio—, sino que también el centro se dedica a proponer y transformar. Por ello, realizamos proyectos de intervención social en las comunidades y ofrecemos servicios científico-técnicos de corto plazo para estudiar un fenómeno puntual que se nos pida, como fue el caso de la motivación por las carreras pedagógicas y la recreación juvenil», detalló.

Como parte de su influencia vital en el trazado de políticas más coherentes con las necesidades de la población y, en particular, de los jóvenes, refiere Luis Gómez que la realización anual de las investigaciones emerge como un ejemplo crucial, porque a través de estas puede saberse por dónde se mueve nuestra juventud y hacia dónde debemos encaminarnos con ella.

«Vislumbrar la Cuba que queremos y que estamos construyendo desde los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, necesariamente tiene que hacerse con y desde los jóvenes. Para eso el Centro de Estudios sobre la Juventud está aquí, para acercarnos a ellos y ayudar a comprenderlos cada vez mejor, y que se fortalezcan los espacios de diálogo, de debate y de participación social necesarios; se sientan escuchados y responsables del futuro de su nación», concluyó Natividad.

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