Dos hermanas para ¿separar?

Las siamesas tuneras fueron las primeras en América Latina en sobrevivir a una separación quirúrgica. Ha pasado el tiempo, y Maylín y Mayelín cumplen este 18 de diciembre 38 años de edad. Además de concederles salud de hierro y notoriedad ginecobstétrica, a una y a otra la vida les ofreció también la dicha de ser madres

 

Autor:

Juan Morales Agüero

LAS TUNAS.— Era casi media tarde aquel apacible martes 18 de diciembre de 1973 cuando el teléfono de la consulta del doctor Rafael Vázquez Fernández, eminente cirujano del hospital Vladimir I. Lenin, en Holguín, comenzó a sonar con desacostumbrada estridencia.

«Buenas tardes, dígame», saludó el galeno al levantar el auricular. «¿El doctor Vázquez?», preguntaron desde el otro lado. «Soy el doctor Hernández Ojito, del Hospital Materno de Victoria de Las Tunas. Una mujer acaba de parirnos siamesas. ¿Podría ayudarnos a evaluarlas?».

La insólita noticia le cortó por un minuto el aliento. «¡Siamesas…!», exclamó por lo bajo el también profesor de Cirugía de la Universidad de Oriente y vicepresidente de la Sociedad Cubana de Cirugía de la Filial Oriente Norte. «Es un suceso poco frecuente en Cuba».

Y, como se trataba de gemelas, recordó haber leído que la mayor proporción de estos partos ocurre en las tribus yorubas de Nigeria, donde uno de cada 22 alumbramiento es gemelar. La ciencia atribuye tal singularidad a la abundancia de cierto tubérculo en la dieta de las mujeres aborígenes, capaz de aumentarles los niveles de estrógeno y de aportarles gran vitalidad a los óvulos maduros liberados.

«Voy para allá ahora mismo», prometió. Instantes después abordaba un automóvil y, pasada una hora, ponía pie en tierra frente a la institución de la vecina ciudad. No sospechaba que muy pronto iba a protagonizar un suceso trascendental en los anales de la Medicina cubana y de América Latina.

Primeros indicios

En el hospital Mártires de Las Tunas lo aguardaba su colega Hernández Ojito, quien había asistido el parto múltiple junto a los doctores Clara Bisquet, Orlando Zaldívar y el equipo paramédico correspondiente. Sin perder un segundo, ambos fueron hasta la sala donde las siamesas Maylín y Mayelín Téllez Pupo —de seis libras de peso cada una— descabezaban su primera siesta terrenal unidas por el abdomen.

El examen preliminar devino catarsis de optimismo: ¡Se podía intentar la separación de las recién nacidas! Solicitaron una ambulancia. ¿Destino? Hospital Lenin. El doctor Vázquez pensó: «¡Cuánto han cambiado los tiempos!». Y rememoró la época de los hindúes del siglo XVI, cuando solían incinerar a los siameses acabados de nacer.

Se creó un equipo multidisciplinario para estudiar a fondo a las pequeñas. La anestesióloga Pura Avilés, el pediatra Félix Álvarez, el hematólogo Norberto Rodríguez y el mismo doctor Vázquez les realizaron pruebas radiológicas, genéticas, cardiovasculares, de gases en sangre… Los resultados alentaron las esperanzas. Faltaba consultar a los padres. «El triunfo es posible, pero puede fallar. ¿Acceden a la operación?», se les preguntó. Y ellos accedieron.

Un acontecimiénto inédito

Era la primera vez que se haría en Cuba y en América Latina una intervención de tal naturaleza. La bibliografía especializada sí recogía otros casos en el mundo, aunque no idénticamente iguales. Decía, por ejemplo, que la primera separación de gemelos unidos se llevó a cabo en Francia en 1689, en este caso por el ombligo.

Y si de siamesas célebres se trataba, que las más antiguas tenían por nombres Mary y Eliza Chulkhurst, nacidas en el año 1100 en Kent, Inglaterra. Vivieron 34 calendarios y compartieron sus vidas con solo un par de extremidades superiores e inferiores, un recto y una vagina.

También que los gemelos unidos más famosos fueron Chang y Eng Bunker, alumbrados en 1811 en Siam, hoy Tailandia. Eran muy niños cuando emigraron a Estados Unidos, donde vivieron hasta los 63 años de edad. Los médicos rechazaron operarlos por tener… ¡un hígado común!

Ambos formaron familias y procrearon 10 y 12 hijos, respectivamente. Para atender sus «obligaciones» conyugales crearon una salomónica manera de alternarlas, obviamente, uno junto al otro. Chang murió primero. A las pocas horas de su fallecimiento lo hizo Eng. Desde entonces el término siameses designa a este tipo de gemelos.

Éxito monumental

A medianoche del 27 de diciembre comenzó el acto quirúrgico para separar a Maylín y Mayelín. Se prolongó durante casi dos horas. Por las salas próximas al quirófano se respiraba una atmósfera expectante. La revista Bohemia lo reseñó de esta forma en un reportaje: «Por primera vez en la historia de la Medicina en Cuba se acometía la compleja tarea de intervenir a dos personas al mismo tiempo en un mismo salón, y, en este caso, a dos pequeñas criaturas de solo nueve días de nacidas, ¡y unidas estrechamente por la región abdominal!».

Para atender diferenciadamente a las siamesas dentro del salón se formaron dos grupos de especialistas. En el primero, los doctores Vázquez, Ojito y Viamonte se ocuparían de la parte quirúrgica. En el segundo, en una mesa paralela, los doctores Cabrera, Velázquez y Abadía tendrían a su cargo otra tarea no menos delicada: reconstruir la pared abdominal de las niñas una vez que fueran separadas.

«Operamos con un bisturí eléctrico», diría luego a la prensa el doctor Vázquez Fernández. «Ese escalpelo corta y evita el sangramiento. Hubo tres momentos tensos: la apertura de la cavidad abdominal, el corte del apéndice xifoides y el seccionamiento en dos partes iguales del hígado común, que tenía sistemas independientes para cada niña. De no haber sido así, la operación hubiera sido fatal para una de ellas».

Y la doctora Pura Avilés, una autoridad en materia de Anestesiología, declaró: «Afrontamos otra dificultad técnica sumamente molesta al proceder a la entubación endotraqueal de las criaturas. Ocurrió por causa de la cercanía de sus caras y por las cabezas poco manejables. Pero pudimos resolver también con éxito esos inconvenientes».

Fue una victoria sonada y rotunda. El periódico holguinero ¡Ahora!, en la edición del 5 de enero de 1974, resaltó en un gran titular de primera plana el inusitado suceso: ¡Gran éxito de la Medicina cubana! Era, según la literatura especializada, la intervención quirúrgica a siamesas número 132 en la historia de la humanidad.

Las nuestras fueron, además, las primeras en América Latina en sobrevivir a una separación quirúrgica. Menos de un año después, en septiembre de 1974, conseguirían igual suerte las dominicanas de 11 meses Clara y Altagracia Rodríguez, operadas en el Hospital de Niños de Filadelfia, quienes compartían el hígado y parte del colon.

Han pasado 38 años

Maylín y Mayelín, las siamesas tuneras, cumplen este 18 de diciembre 38 años de edad. Ambas residen todavía en su natal Las Tunas. Además de concederles salud de hierro y notoriedad ginecobstétrica, a una y a otra la vida les ofreció también la dicha de ser madres.

«Fíjese si todo salió bien aquel día que jamás hemos afrontado problemas de salud», asegura Mayelín. «No padecemos de nada. Sí, soy madre. Tengo dos hijos: un varón de 18 años y una hembra de ocho».

«La única que tuvo secuelas fue mi mamá, que hace 26 años tuvo que operarse del corazón», dice Maylín. «Llevamos una vida normal. Yo también tengo dos hijos: una hembra de 18 años y un varón de 12».

La hazaña de la separación de las siamesas tuneras quedó legada para la posteridad en un monumento escultórico erigido en la Facultad de Ciencias Médicas de Holguín. Maylín y Mayelín asistieron el día de su inauguración. Las jóvenes, obviamente, son hijas de sus padres. Pero también son el resultado de una filosofía que tiene al hombre y a la mujer como a sus actores más importantes.

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