No todo queda en casa

El mosquito Aedes aegypti se mantiene bajo control en Ciego de Ávila, aunque su presencia pudiera ser menor si muchas personas ofrecieran más colaboración

Autor:

Luis Raúl Vázquez Muñoz

CIEGO DE ÁVILA.— Son las 7:50 a.m. y la claridad del amanecer todavía guarda el frío de la noche. En el portal del policlínico Centro de esta ciudad aún no han comenzado a agruparse los pacientes y vecinos del barrio. Sin embargo en el costado izquierdo de la edificación se siente un ligero bullicio.

«Ahora se iniciará el pase de revista, que es donde se analizan las incidencias del día anterior y se imparten las nuevas instrucciones. Será rápido, saldremos en unos minutos», explica la licenciada Nereyda Enciso Alonso, jefa del Departamento de Vectores en el área de salud del consejo popular Roberto Rivas Fraga, mientras señala hacia los hombres y mujeres —muchos de ellos jóvenes—, vestidos con el uniforme de color gris azulado de la campaña antivectorial.

En el pasillo las brigadas comprueban los utensilios. Luego, correctamente alineados, escuchan las comprobaciones hechas al trabajo. Durante los preparativos surge una noticia: en una de las manzanas apareció un foco de Aedes.

Algunos levantan las cejas. Significa que la hembra se encuentra en posición de iniciar la transmisión de la enfermedad. Buena parte de la mañana, la tarea será buscar los posibles criaderos en un radio de 300 metros entre tanques de agua, macetas, vasos, jabas en latones de la basura, charcos, jarrones… Es como buscar una aguja en un pajar, pero una aguja que tiene que ser encontrada.

Hasta en un charquito

Al doctor Eddy García Rodríguez se le percibe la severidad en el rostro. El galeno se desempeña como jefe de Dirección para el enfrentamiento al mosquito en Rivas Fraga. Con el ceño fruncido observa cómo los operarios —quienes deben ir casa por casa en busca de los focos del mosquito— recogen sus mochilas y parten entre los portales colindantes. Su mirada trasluce la intensidad de los últimos días. También de los conflictos que deben enfrentar.

«Los niveles de focos pudieran ser menores en la ciudad de Ciego de Ávila y sobre todo en este consejo popular —asevera—. Muchas personas en la comunidad subestiman el peligro del mosquito. Si taparan los tanques o cumplieran con las medidas del autofocal, el Aedes tendría menos posibilidades de transmitir el virus del dengue a las personas».

En esa zona del centro sur de la capital provincial, los operarios deben lidiar con la indisciplina social. Cañadas abiertas en cuyas orillas los vecinos arrojan desperdicios, vertimientos de basura de las casas fuera de los recipientes colectores y hasta protestas por parte de algunos moradores al momento de fumigar o de revisar los depósitos de agua.

El operario Raudel Acosta Prieto expresa: «A veces debemos enfrentar situaciones difíciles; es como si algunos vecinos no tuvieran noción del riesgo y se molestan cuando se explica la necesidad de revisar la bandeja del refrigerador o el baño, donde hoy están apareciendo focos».

Ojo crítico: carretera y línea central

Dania García Cardoso, vecina de la calle Fernando Figueredo No. 369, posee un tanque hermetizado con nailons y planchas de metal. Como muchos habitantes de la ciudad, recibe el agua en días alternos. «Cuando llega, trato de mantener el abate —expresa—. Y mantengo los tanques cerrados. En eso no fallo». No obstante esa intermitencia en la llegada de agua es una fuente de preocupación.

«Al cambiar el agua muy seguido el abate pierde efectividad, y en otros casos los vecinos lo que hacen es cambiar el contenido completo, incluso con la abatización dentro. Si lo mantuvieran tapado el riesgo sería menor, pero muchas veces no ocurre así», expresa Rolando Sauel Reyes, supervisor del área.

La prueba de que la infestación puede mantenerse en niveles mínimos se halla en otros municipios. Bolivia, Florencia, Chambas y Primero de Enero casi no reportan focos o están erradicados. En cambio, Majagua y Baraguá se mantienen en alerta mientras que hoy el esfuerzo principal está en Ciego de Ávila, como territorio cabecera.

De acuerdo con especialistas de la Unidad Provincial de Vigilancia y Lucha Antivectorial, los tres últimos municipios registran un alto movimiento de viajeros y vehículos —en los que también puede trasladarse el mosquito— desde el occidente y el oriente del país a través de la Carretera Central y la Línea Central del Ferrocarril. Esa vulnerabilidad se hace más evidente en la capital provincial.

Por eso la intensificación de los esfuerzos por controlar los focos de transmisión. Hoy los sitios donde puede anidar el Aedes y los niveles de transmisión se pueden calificar de controlables en la provincia y el municipio cabecera. Sin embargo, no se puede anunciar victoria cuando los reportes indican que la presencia de los focos es mayoritaria dentro de los hogares, donde 1 941 núcleos han sido multados.

También resulta inadmisible que en 27 centros se reportaran focos al concluir noviembre, lo que denota pobre actividad de los grupos antifocales, que por ley deben ser constituidos por la dirección y los trabajadores para controlar los vectores.

«Está comprobado que el nivel de riesgo puede disminuir si se realiza el autofocal y no se permite la proliferación de condiciones en las que el Aedes se pueda desarrollar —enfatiza la doctora Ana del Rosario Guerra Rosario, directora de la Unidad Provincial de Vigilancia y Lucha Epidemiológica—. Por eso insistimos en que los peligros disminuyen y llegan a desaparecer si existe una unidad de acción entre organismos, organizaciones de masas y vecinos. En la casa de cada uno de nosotros debemos cumplir con las medidas para controlar los vectores. La vida lo dice así».

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