¿Tan fiero como lo pintan?

Especialistas del Acuario Nacional de Cuba compartieron con JR algunos resultados de un estudio demográfico y biológico sobre el pez león

 

Autor:

Patricia Cáceres

Es cierto. Hay que reconocer que el pez león (Pterois volitans), desde su primer avistamiento en el océano Atlántico Occidental y el mar Caribe, no goza de muy buena fama. Si bien algunos quedan prendados de su peculiar belleza, la mayoría de las personas tiemblan con solo imaginar ese cuerpo rojizo erizado de púas afiladas, dispuestas a inyectar su punzante veneno.

Sin embargo, especialistas del Acuario Nacional de Cuba —protagonistas de un estudio demográfico y biológico sobre esta especie en aguas cubanas—, comentaron a JR que, por el momento, sus poblaciones parecen estabilizarse, sin que se observe una disminución o incremento significativos.

Apetito voraz

Cuando en 2007 se avistó por primera vez al pez león en territorio cubano, la primera preocupación que asaltó a los especialistas fue que su apetito voraz, sumado a la ausencia de los principales depredadores potenciales, lo convirtieran en una amenaza para la biodiversidad marina.

Por ello investigadores del Acuario Nacional iniciaron un estudio encaminado a determinar el impacto ecológico de la especie sobre determinados biotopos, así como a crear una red de avistamientos del pez león y un programa educacional para la sociedad.

Entre otros muchos resultados significativos, el proyecto ha permitido constatar hábitos alimentarios más amplios a los reportados hasta el momento en la literatura especializada, dijo el máster en Ecología Marina Hansel Caballero Aragón, vicedirector de exhibiciones de la institución.

«Cada vez que capturamos un ejemplar revisamos su estómago. Hemos observado, por ejemplo, que, aunque se dice que esta especie tiene hábitos preferiblemente crepusculares y nocturnos, en realidad se alimenta a cualquier hora del día.

«Colectamos a la hora que podemos, ya que la logística que se requiere para salir al mar ha impedido establecer un horario fijo o preferido de muestreo. Pero en el 85 por ciento de los casos, los estómagos estaban llenos».

Este animal —abundó— se alimenta de todo lo que tenga a su alcance que quepa en su boca, ya sean peces o invertebrados pequeños. Sin embargo, desde el punto de vista ecológico, nuestros primeros resultados no indican que esta especie invasora esté causando un daño real a la biodiversidad marina.

«Hace falta más investigación para hablar con mayor seguridad. Se han visto afectaciones puntuales (disminución del número de ejemplares de ciertas especies de peces que rodean oquedades o refugios donde abundan los leones), en sitios donde nuestro monitoreo ha sido más intenso y se cuenta con datos previos. Pero no se puede afirmar que realmente ya existe un impacto negativo sustancial en estas áreas.

«Muchas especies, que muestran una inicial disminución de su densidad, en cierto período del año parecen recuperarla. Hay que esperar a ver si la naturaleza controla el incremento de peces leones por sí misma, y si se establece como un depredador más de nuestras costas, sin que provoque disturbios en las cadenas tróficas ya existentes; o si pasa lo contrario. Muchos de nuestros depredadores han ido desapareciendo en número, y sería ideal que el león supliera su función».

Según el investigador, lo que más se temía era que afectase las poblaciones de animales de interés económico, pero hasta el momento, en los estómagos estudiados, lo que menos se ha encontrado son langostas o especies de meros y pargos.

«Hay que tener en cuenta que en la mayor parte de las zonas estudiadas, estas especies comerciales no tienden a ser abundantes. Habría que analizar otros sitios. Pero, aunque las primeras investigaciones no lo demuestren aún, el pez león no deja de ser un peligro potencial».

Como en casa

El pez león ha logrado adaptarse a todos nuestros ecosistemas costeros, por lo que pueden encontrarse de manera abundante en arrecifes, pastizales, manglares y en algunas aguas interiores.

«La zona donde más animales se observan es en la costa norte, desde La Habana hasta las provincias orientales. En el sur del país hay menos, sobre todo en Pinar del Río», destacó el Vicedirector del Acuario.

La densidad de la especie varía. En épocas de reproducción se observan muchos ejemplares pequeños cercanos a la costa. A medida que los ejemplares ganan en talla, tienden a ir a aguas más profundas.

En sitios donde la población los está pescando para comer, el número se mantiene o disminuye. Mientras que, en las zonas alejadas de las costas, sus poblaciones son mayores.

«Se ha observado, además, que algunos de nuestros peces más grandes, como meros y pargos, ya lo han incluido en su dieta. Esa es una buena noticia, que podría indicar que el león empieza a ser controlado de manera natural, y no solamente por el esfuerzo del hombre».

El licenciado en Biología Marina Raúl Igor Corrada Wong, miembro del departamento de Acuariología del Acuario, puntualizó que se han llegado a encontrar hasta 14 individuos por cada cien metros cuadrados en algunos sitios de la Isla.

«La mayoría son ejemplares grandes. La talla máxima reportada es de 45 centímetros, en Guantánamo, que se corresponde con la máxima encontrada en la región del Atlántico Occidental y el mar Caribe».

Por lo general —dijo—, los animales capturados son sanos. «El medio marino tiene una comunidad de parásitos que afectan a distintas especies. Se pensaba que el pez león, al incorporarse a nuestras aguas, fuese afectado, pero hasta ahora casi no está siendo parasitado».

Para no olvidar

Para suerte de buzos y bañistas, el pez león no suele ser agresivo con el hombre, salvo que se sienta acorralado. No obstante, ello no implica que dejen de ocurrir accidentes.

Las espinas dorsales, ventrales y anales de estos peces son venenosas. Incluso, su efecto se mantiene activo hasta 30 minutos luego de la muerte del animal.

Al pincharnos, lo más común es un fuerte dolor en la zona afectada, aunque en dependencia de la parte del cuerpo donde ocurra, el estado de salud, la edad de la persona, la profundidad de la lesión y el tamaño del pez, pudieran sentirse síntomas secundarios.

La posibilidad de que alguien muera es sumamente baja y sería el resultado de una reacción alérgica severa, un pinchazo en una zona de riesgo o una lesión mal atendida que derive en otras complicaciones.

En caso de accidente, una de las recomendaciones más útiles es extraer los restos de la espina y colocar sobre la lesión fomentos de agua caliente —ya que el veneno pierde el efecto a una temperatura entre 43 y 45 grados Celsius—, y luego buscar atención médica.

El pez león vive asociado a refugios como arrecifes, cuevas, muelles y objetos sumergidos, por lo que es muy poco probable encontrarlo en fondos arenosos de las playas. Por ello, el Acuario aconseja no invadir su territorio ni tratar de tocarlo.

Solución entre manos

La presencia del pez león en Cuba no ha sido una problemática que los especialistas hayan dejado al azar. Desde su primer avistamiento se hizo inminente la necesidad de realizar estudios multidisciplinarios, que permitiesen evaluar hábitos y conductas, evolución en nuestros ecosistemas y, sobre todo, impacto real sobre la biodiversidad marina.

Así lo explicó la licenciada en Educación Primaria María Elena Montes Quintana, especialista principal del Grupo de Educación Ambiental del Acuario, quien añadió que, aunque la génesis de estas investigaciones estuvo en esa institución, luego se sumaron otras entidades importantes, como el Instituto de Oceanología, la Universidad de La Habana y el Centro de Áreas Marinas Protegidas.

«También hay iniciativas a nivel regional, porque no haces nada con controlar por un lado si en otro país la especie está proliferando. En noviembre del año pasado hubo un taller en México, donde participaron especialistas nuestros y del área del Caribe. Regionalmente el camino que estamos siguiendo es que el hombre sea su controlador pasivo».

Cuba creó un grupo de trabajo para tomar medidas concretas contra el impacto, liderado por el Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, y el de la Industria Alimentaria. Entre otras acciones, se habló con buzos y salvavidas para que limpiaran sus áreas de buceo y playas.

Pero lo que más ha funcionado —puntualizó Montes Quintana— ha sido la educación ambiental. «Hicimos un boletín de alerta sobre esta especie, dimos charlas en las escuelas, cooperativas y comunidades costeras, realizamos videos, publicaciones en revistas… Porque uno de los objetivos de nuestro proyecto es que las personas vean en el pez león una fuente de alimentación, y así también ayuden a controlarlo.

Actualmente —expresó—, se están realizando análisis toxicológicos para asegurar que la especie no es ciguata. El Ministerio de la Industria Alimentaria ya está haciendo estudios para ponerle precio y que las cooperativas pesqueras lo capturen.

Quién sabe. Quizá en poco tiempo sea habitual encontrar este pez en el menú de los cubanos.

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