El idioma chino no es un problema para Laura

La pequeña Laura Milán Serret, estudiante de la escuela primaria 60 Aniversario del triunfo de la Revolución de Octubre, y con apenas 11 años, obtuvo el segundo nivel en los exámenes de suficiencia Hanyu Shuiping Kaoshi

Autor:

Juventud Rebelde

Hace tres cursos, la niña Laura Milán Serret se ilusionó con el mandarín, conocida como la lengua sabia de China. Entonces, tenía nueve años. Luego, en los meses de junio y octubre de 2011 se examina. Y ese mismo año, pero en el mes de diciembre, le dan la grata noticia de que había obtenido el segundo nivel en los exámenes de suficiencia Hanyu Shuiping Kaoshi (HSK) del nivel uno al seis, que efectúa China en todo el mundo para clasificar los conocimientos en el estudio de su idioma.

La pequeña Laura, estudiante de la escuela primaria 60 Aniversario del triunfo de la Revolución de Octubre, y con apenas 11 años, fue la única de su edad que realizó las pruebas.

Cuenta Laurita —como cariñosamente le llaman— que comenzó a estudiar la lengua más hablada del planeta en la Casa de artes y tradiciones chinas. «Cuando dije que quería aprenderla, mi bisabuela llamó al lugar. Fue allí donde se iniciaron mis andanzas en el idioma. Estuve dos años.

«Siempre me ha gustado el idioma con “palitos” como dice la gente, pero en realidad se llaman caracteres», asevera risueña. Me encanta además, porque me acerca a una cultura milenaria y a la historia de personajes famosos; aparte de eso, Cuba y China tienen magníficas relaciones de amistad y comercio.

«Las primeras clases fueron con una maestra cubana que había estado cuatro años en China. Después fui para el segundo período con otra del país asiático y desde hace siete meses estoy en el Instituto con la maestra Patricia, quien nos ha orientado por estos saberes», abundó.

Para el nivel uno, dijo, estudié una semana antes, porque fue cuando supe que estaba en la lista confeccionada por la maestra de la Casa de artes y tradiciones chinas. Conté con la ayuda del Instituto.

Residente en el barrio capitalino de Alamar, se enteró del resultado de los exámenes en una jornada de actividades que preparó el Instituto Confucio de Cuba —adscrito a la Universidad de La Habana—, que promueve la enseñanza de la lengua y la cultura chinas de forma gratuita, a diferencia de los otros que existen en el mundo.

Patricia Zulueta, su profesora en el Instituto, nos explicó que en cada nivel los estudiantes tienen que dominar cierta cantidad de caracteres para formar palabras y luego utilizarlas en la redacción de textos, oraciones y otros ejercicios.

«En junio, Laurita, como los más de cien que se presentaron a ese primer examen, tuvieron que dominar 150 caracteres. Y en el de octubre, 300. Ella venció los dos. ¿El resultado? Ya lo conoces».

Los exámenes, precisa la «profe», tienen una historia de 20 años y son organizados por la Oficina Nacional de la Lengua China (Haban). En Cuba se han realizado dos veces. Las pruebas vienen desde China y, una vez aplicadas, retornan para ser calificadas allá. Luego regresan con los diplomas de aquellos que aprobaron los diferentes niveles.

Al preguntarle sobre cómo es Laurita, su profesora no titubeó: «Es muy despierta. Disfruta el idioma, y mil veces la película Confucio».

En el Instituto, una veintena de infantes se adentran en el idioma, la cultura y las tradiciones chinas. Son muchos los espacios para mostrar esos saberes en un país como Cuba, que por esta fecha celebra los 165 años de presencia china.

«Las clases son los sábados en la mañana. Les enseñamos las características del país, cómo dialogar, interpretar y utilizar el lenguaje», explica Patricia, coordinadora del curso.

Como es un solo grupo, comentó, ellos son los que le dan vida al Instituto Confucio. Lo adornan, juegan, crean elementos nuevos. Escuchamos todas sus ideas. Organizamos exposiciones de dibujos, talleres, la fiesta de primavera y otras vinculadas a las celebraciones del país…

«Hace poco celebramos una gala donde actuaron en un coro en el Barrio Chino; fue la primera vez que niños cubanos hablaban el mandarín en un escenario», concluye Patricia.

Entre palito y palito

Laurita es la jefa del Colectivo de Pioneros de su escuela. Integra los círculos de interés de Historia, Geografía, Danza y Biblioteca. Además, disfruta del placer de la lectura, y se siente atraída por el ajedrez, el fútbol, el canto y la pintura. Gusta de la televisión y los juegos didácticos.

Caridad Machado, su maestra en la 60 Aniversario, asevera que sus estudios de chino no le impiden transitar con buenas calificaciones por la primaria. «Asiste a encuentros de conocimientos y concursos. Pone de manifiesto su modestia, solidaridad y respeto hacia los demás».

Para Zuleimy Serret, Laurita, su hija, es una niña como cualquiera de su edad. Disfruta mucho estar acompañada de la familia, aunque en los quehaceres de la casa es un poco remolona.

Laura escucha atenta a su mamá. Sonríe. Y asegura que, sin dejar de ser una buena estudiante, «estoy convencida de que seré traductora del mandarín y enseñaré a otros lo aprendido».

Comparte esta noticia



Enviar por E-mail

  • Los comentarios deben basarse en el respeto a los criterios.
  • No se admitirán ofensas, frases vulgares, ni palabras obscenas.
  • Nos reservamos el derecho de no publicar los que incumplan con las normas de este sitio.