Lo que hagamos en casa es fundamental

Mantener el entorno limpio evita que prolifere el vector y propicia un mejor ambiente para la salud individual y colectiva

 

Autor:

Roberto Díaz Martorell

Asumen una actitud irresponsable quienes piensan que intensificar las acciones sanitarias en casa contra el Aedes aegypti es solo una responsabilidad de los operarios de vectores.

En la Isla de la Juventud, por ejemplo, el índice de infestación hasta el 18 de agosto era de 1,32, superior al mínimo establecido en el país de 0,05, razón más que suficiente para mirarnos puerta adentro.

Todo parece indicar que muchas personas se han acostumbrado a vivir con el mosquito y no tienen percepción del riesgo, o que a algunos no les importa esa perniciosa convivencia pues, a pesar de la voluntad política del país de poner los recursos y crear las condiciones para enfrentar ese vector transmisor del dengue, todavía no se reduce la infestación a niveles que no tensen el cuadro epidemiológico local.

¿Es exclusivo de los operarios de vectores cuidar la salud del pueblo? ¿Quién es responsable de velar por la higiene en casa? ¿Es mejor mirar la paja en el ojo ajeno que asumir el deber individual?

Cuando se dialoga con directivos y la población, los primeros alegan irresponsabilidades (eso es cierto) en la ejecución consciente del autofocal y los segundos culpan el sistema de recogida de desechos en las comunidades, pero se conoce que el mosquito vive en las casas, tiene hábitos de vida igual a los humanos y nos «usa» para perpetuar su especie.

A esa realidad se suman factores ambientales (intenso calor y abundantes lluvias) y de comportamiento social (indisciplinas) que determinan que no se alcancen los resultados esperados —al menos en este Municipio Especial— en la batalla por eliminar todas las vulnerabilidades que hacen que el peligroso Aedes aegypti constituya una amenaza para la salud.

En el caso de las lluvias, estas ayudan a que se multipliquen los criaderos, que casi siempre crecen en cualquier recipiente, tapita, hoja caída, un bloque, el platico de la mascota… espacios que a veces escapan a la mirada del hombre, pero que se pueden disminuir si se emprenden labores preventivas en hogares y centros de trabajo.

Es común escuchar que el actual elevado índice de focalidad se debe a las lluvias, cuando en realidad las precipitaciones solo son catalizadoras del deplorable estado medioambiental e higiénico. El Aedes deposita sus huevos en los orificios oscuros y húmedos que encuentre; el deber es evitarlo con labores profilácticas.

Hago hincapié en este sentido porque el mayor número de focos se localiza en los hogares, sobre todo en tanques bajos, cascarones de huevo, gomas y vasos espirituales, según confirmó Bárbara Leyva, jefa del Departamento de Vigilancia y Lucha Antivectorial de una de las áreas de salud de Nueva Gerona y hoy una de las de mayor focalidad en el territorio.

Pero ese deber ciudadano debe extenderse también hacia las áreas exteriores del barrio. Mantener el entorno limpio evita que prolifere el vector y propicia un mejor ambiente para la salud individual y colectiva; recordemos que la hembra del mosquito no pica solamente al que viola las normas urbanísticas de higiene.

Las indisciplinas sociales, hoy en incremento aquí en este campo, necesitan mano dura, así como quienes critican la falta de higiene, pero no contribuyen a erradicarla. Además es necesario combatir la insolencia y la impunidad, ya que parece que las multas no surten el efecto necesario. En realidad este es el maletín de todos.

 

 

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