Una trinchera, más bien un campamento

El próximo 17 de octubre arribará a sus 15 años el Memorial santaclareño donde reposan los restos mortales del Che, un sitio que siempre inspira al recuerdo y la solemnidad

Autor:

Yoelvis Lázaro Moreno Fernández

SANTA CLARA, Villa Clara.— «No es para menos, periodista; las cosas del Che tienen el don de seguir asombrándonos», me dice quien ha dedicado en los últimos años innumerables horas al estudio y al conocimiento detenido de ese hombre de talla universal que para su descanso, al decir del poeta, no titubeó en sugerirle al escultor amigo «un lugar para el combate, una trinchera, más bien un campamento, un sitio de batalla donde no habrá reposo».

Ismary Fernández Sáenz es la especialista principal del Complejo Escultórico Comandante Ernesto Guevara de la Serna, símbolo de una ciudad que vio al Guerrillero en plena acción durante los combates en los días finales de 1958 y que desde entonces lo hizo suyo.

A ella le asiste la certeza de que al Che, como nos hiciera saber el periodista y escritor Enrique Núñez Rodríguez en uno de sus versos, bien lejos de las promesas y los amuletos, los milagros y las oraciones, por no ser un santo ni estar muerto, siempre habrá que llevarle resultados.

Con la proximidad de otro octubre en el que se cumplirán 45 años de la caída en combate del Che y 15 de la llegada de sus restos a Santa Clara, bien vale transitar, de la mano y la palabra de esta especialista, por algunos pasajes solemnes del Complejo, declarado Monumento Nacional en 2004 y distinguido en 2006 con la réplica del Machete del Generalísimo Máximo Gómez, y que ya casi supera los dos millones de visitantes extranjeros y el millón y medio de cubanos, desde su apertura en 1988.

—Después de 1997, con la construcción del Memorial, en uno de cuyos nichos fueron depositados los restos mortales del Comandante, la afluencia al lugar ha aumentado considerablemente. En su mayoría, ¿quiénes son los que asisten?

—Creo que las estadísticas recogidas expresan de alguna manera los países o continentes de los que provienen la mayoría de los visitantes. Primeramente habría que destacar que el Complejo atiende un promedio diario de 800 a 900 personas. Como es lógico, eso es variable: unos días vienen más, otros menos, pero por ahí se comporta. Es digno de resaltar que más del 75 por ciento de los que concurren son extranjeros, en su grueso procedentes de Europa, fundamentalmente de Italia, Francia, Alemania y España, por  ese orden.

«El país latinoamericano que más nos visita es Argentina; y en el caso de los asistentes nacionales han concurrido durante estos lustros personas de todas las provincias del país, yo diría que de todos los municipios de Cuba, ya que casi todos los que, por diversas razones, vienen a nuestra ciudad, tratan de incluir en su agenda una excursión a este sitio.

«Ahora bien, las cifras dan solo una medida de lo que me preguntabas. Lo otro se constata inevitablemente en el terreno, en el diálogo. Cuando tienes la posibilidad de interactuar con los visitantes de otras latitudes, te das cuenta de que los intereses, las maneras de pensar, los perfiles profesionales, los niveles de escolaridad y las filiaciones políticas son muy variados, aunque es de suponer que aquellas personas que comulgan con las ideas izquierdistas, tienden a lograr una mayor cercanía con lo que aquí se atesora».

—¿Cuáles son los aspectos de la vida del Che por los que más se interesan los asistentes? ¿Qué preguntan con mayor énfasis?

—Muchos insisten en una explicación completa sobre los hechos asociados a la muerte del Comandante: quién lo mató, cómo transcurrieron los acontecimientos; pero sobre todo cómo fueron encontrados los restos, de qué modo se desarrollaron las investigaciones, qué tiempo duraron... Sobre esto último indagan mucho. Desde luego, este es un lugar que con facilidad convoca a pensar y generar interrogantes al respecto.

«De igual forma se preguntan por qué Santa Clara fue la plaza escogida para que descansen eternamente sus restos. Si bien fue en esta ciudad donde Guevara libró la batalla que dio la estocada definitiva para el triunfo revolucionario, no estuvo mucho tiempo combatiendo; al decir de Fidel en uno de sus discursos, fue el lugar, de conjunto con todas sus operaciones en la campaña de Las Villas, donde el Che alcanzó sus mayores hazañas militares y demostró su genio organizativo por excelencia.

«Tras el descubrimiento de los restos del Che junto a otros seis compañeros, en una fosa común ubicada en áreas del viejo aeropuerto de Valle Grande, en Bolivia, se decidió que fuera en este Complejo donde el Comandante descansara eternamente. Eso trajo consigo una serie de trabajos de remodelación y remozamiento de los que poco se conoce, pero por los que también se interesan algunos de los que vienen al sitio».

—¿Cómo fue concebido el Memorial? ¿Qué significa?

—Los arquitectos Blanca Hernández y Jorge Cao estuvieron a cargo del proyecto, con la cooperación del escultor José Delarra, quien confeccionó los rostros en relieve de los guerrilleros para los cierres de los nichos.

«Se trata de un espacio relativamente pequeño, cuyo ambiente sugiere el escenario agreste y duro en el cual se desenvolvió la guerrilla. Pudiera ser un refugio, un tramo de selva, una cueva, o un alto en el difícil camino de la lucha. La vegetación en ambos extremos sugiere abertura, es ligera para permitir el intercambio necesario con el exterior, pero es compacta, al mostrar un fondo de oscuridad por explorar. Los cierres laterales del recinto son láminas de piedra inacabada. El piso representa el camino andado, a través de las lajas, y la llama eterna encendida por el líder histórico de la Revolución, Fidel Castro Ruz, el día de la apertura del Memorial, brota de la tierra como una hoguera o un volcán.

«La parte más sobresaliente del local está compuesta por 39 nichos, representados como si nacieran de la piedra, los cuales muestran en sus tapas los rostros y seudónimos de los combatientes que cayeron luchando por ver una América libre. El sepulcro del Che, como jefe y guía, está en el centro del lugar y por encima de su perfil hay un haz de luz que forma una estrella.

«De los nichos, 31 están ocupados y ocho no poseen restos. De estos, uno corresponde a un cubano y los otros a siete  bolivianos. A su vez, de estos últimos, dos ya fueron hallados, pero por decisión de sus familias hoy permanecen en su país de origen».

—El Complejo es un lugar cargado de símbolos. ¿Cómo logran que las personas se identifiquen e interactúen con cada uno de esos valores?

—Ahí radica lo más importante: que el visitante reconozca parte de la historia del Che y se apropie del conocimiento y la obra del Guerrillero desde una proximidad a su vida que en otros lugares es casi imposible de sentir. Como bien dices, todo el Complejo está lleno de simbolismos. En sus áreas funcionales: la plaza, la tribuna, el museo, el memorial y el mausoleo, cada elemento atesora una significación especial, que no recarga ni redunda, sino que más bien complementa.

«Por ejemplo, la plaza cuenta en sus lados con 14 palmas, en total 28, números asociados al día y año, respectivamente, del nacimiento del Che. El área de la tribuna, con una superficie de 2 000 metros cuadrados y capacidad para 900 personas, aglutina los elementos escultóricos monumentarios principales del Complejo, expresados en cinco volúmenes. El primero es el pedestal de la escultura del Comandante, con una altura de seis metros y 80 centímetros.

«La figura del Che en la estatua, en posición de avance, con un brazo fracturado y su fusil en el otro, alude a una imagen de la histórica batalla de Santa Clara. Está de frente a la plaza, mirando al sur americano, a las montañas del Escambray; su rostro puede estar durante todo el día iluminado por el sol».

—Hasta este sitio han venido también importantes figuras de la política, la intelectualidad y la cultura contemporáneas. ¿Qué impresiones atesora de esos encuentros?

—No importa que lleves diez años trabajando aquí, ni que camines diariamente por las mismas áreas. El Memorial, y por extensión el Complejo entero, es un espacio que siempre inspira solemnidad; siempre te genera de algún modo cierta tensión a la hora de explicar, comentar y departir con los visitantes. Por supuesto, la experiencia también te ayuda y te calma progresivamente, pero uno no deja de sobresaltarse, mucho más cuando sabes que las personas llegan expectantes, con mucha curiosidad, sentimentalmente sobrecogidas.

«Si me pusiera a mencionar todas las personalidades que por aquí han pasado, casi tendría que tomar para eso todo el periódico. Lo que sí creo es que todo el que ha venido le ha rendido homenaje al Comandante a su manera. Recuerdo la visita del presidente ecuatoriano Rafael Correa, quien pidió estar solo por unos minutos frente a los nichos; o la de Hugo Chávez, en 2007, interesado todo el tiempo por muchísimas cuestiones relacionadas con el pensamiento del Che, al que dedicó desde aquí una edición de su programa dominical Aló Presidente».

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