Un gran tesoro pétreo - Cuba

Un gran tesoro pétreo

Las más de 20 000 cuevas existentes en el país y las que aún quedan por descubrir, contienen secretos y maravillas que distinguen a Cuba del resto de las naciones, sostiene Alejandro Romero Emperador, presidente de la Sociedad Espeleológica en la Isla

Autor:

Luis Orlando Hernández

SANCTI SPÍRITUS.— Conoció personalmente, en 1960, con solo 16 años, al eminente geógrafo y espeleólogo Antonio Núñez Jiménez, y trató de seguir su ejemplo. En la década de los 70, mientras Jiménez ejercía funciones como embajador cubano en Perú, lideró el Comité de Coordinación Espeleológica.

Hoy, después de jornadas interminables de fusión entre el día y la noche en las tinieblas de las cavernas, Alejandro Romero Emperador preside desde esta central provincia la Sociedad Espeleológica de Cuba.

Las más de 20 000 cuevas existentes en el país y las otras que aún quedan por descubrir en los suelos cárcicos cubanos, constituyen un gran reto para él y para los cerca de 600 aficionados que integran la Sociedad en diferentes grupos espeleológicos provinciales.

«Núñez Jiménez dijo que en Cuba había lugares que el hombre nunca había explorado. Cada vez que uno va a una elevación aparecen resultados no reportados, lo que puede demostrarse, por ejemplo, con que espeleólogos espirituanos han descubierto 11 nuevas especies de arácnidos», argumenta.

—Usted cataloga a Cuba como un gran tesoro pétreo, ¿por qué?

—Por tener importantes e irrepetibles cuevas, por solo citarte algunas, en Matanzas están las de Bellamar, Ambrosio y Santa Catalina, todas muy bellas, con abundante arte rupestre, hongos o formaciones cristalinas. En Pinar del Río está Santo Tomás y otras de gran tamaño y con importantes evidencias arqueológicas y paleontológicas.

«En la Sierra de Cubitas, de Camagüey, aparece la Cueva de los Generales, profusa en arte rupestre. Y el Oriente del país, aunque no es prolijo en este tipo de formaciones por la carencia de suelo cárcico, tiene cavernas en Maisí que guardan petroglifos grabados en las rocas por nuestros antepasados».

—No ha mencionado las cavernas del sistema montañoso de Guamuhaya…

—Porque en esas alturas, sobre todo en el municipio de Cumanayagua, en Cienfuegos, existen las cavernas que más distinguen a Cuba, que espeleólogos espirituanos hemos tenido el placer de descubrir.

«Martín Infierno tiene la estalagmita más grande del mundo, con 67 metros. La Cueva de los Perros es la más alta del país con 1 029 metros. La más profunda del territorio nacional es Cuba-Hungría, con 440 metros. Y la cueva Santiago resguarda el espagueti (formación calcárea muy cristalizada) más grande del universo, de cuatro metros».

Romero Emperador todavía recuerda con orgullo cómo, a finales de la década de los 90, Discovery acudió a Cuba a realizar un documental —varias veces trasmitido por la televisión nacional— sobre la estalagmita de la cueva Martín Infierno.

«Sobre esta estalagmita han existido algunas confusiones de autoría que creo necesario aclarar. En 1964 la descubrimos espeleólogos espirituanos, y en 1967 la exploramos por primera vez.

«Cuando bajaba la furnia inmensa, como de 300 metros de ancho y totalmente oscura, pensé que esta cueva, que antes se llamaba Martín, debía tener el segundo nombre de Infierno. En 1970 fue aceptada así en el simposio de la Sociedad y la registramos como la formación cárcica más grande del mundo».

—¿Condiciones para ser un espeleólogo?

—Se debe amar sobremanera la naturaleza. Tener un conocimiento mínimo de varias especialidades, sentirse seducido por el mundo de las tinieblas y nunca ser temerario.

«Para ingresar en la Sociedad Espeleológica de Cuba, sea estudiante o trabajador el interesado, debe dirigirse a los comités espeleológicos provinciales. Se afiliará un año como aspirante y pasará uno de los cursos básicos que ofertamos. Luego vendrá la superación».

—¿Riesgos de la espeleología?

—Desde el punto de vista personal he pasado muchos sustos. Una vez me perdí por cinco horas en la cueva del Jagüey, en Trinidad, pues se agotó la batería de la lámpara después de separarme un momento del grupo. Tan solo me quedó esperar sentado en la oscuridad a que me rescataran.

«El sobresalto más terrible lo pasamos en Cuba-Hungría, luego de una tormenta local severa. Varios colegas quedaron atrapados por una rápida crecida del río que inundó la cueva. Después de 24 horas de espera, pues no podíamos hacer nada, ellos mismos lograron salir. Se refugiaron en lugares altos y resistieron la hipotermia».

—Ahora existen una serie de implementos que hacen más fácil la espeleología…

—Antes uno bajaba a una cueva con cuerdas poco resistentes y luces inadecuadas. Hoy hay equipos y medios para convertir a la espeleología no solo en un deporte y una distracción, sino en una necesidad para el país en caso de desastres naturales u otras contingencias.

Importantes descubrimientos científicos han sido reportados gracias a los espeleólogos. El Presidente de la Sociedad recuerda cómo fueron encontrados en Martín Infierno restos del mesofonte, que se decía que estaba extinto en Cuba desde hacía 10 000 años, y después de las pruebas científicas se demostró que aún existía cuando Cristóbal Colón llegó a Cuba.

—¿Qué falta por hacer en la conservación de las cuevas?

—Individuos inescrupulosos exterminan jutías, murciélagos y demás especies cavernícolas. De igual forma contaminan el manto freático y las aguas del subsuelo, rayan las paredes, arruinan el arte rupestre y destruyen formaciones que demoran cientos de años en desarrollarse.

«Falta educación ambiental, a pesar de los ingentes esfuerzos que se hacen, y todavía necesitamos de una acción más coordinada entre la Academia de Ciencias, los parques naturales nacionales y los medios de difusión».

—¿Qué impronta dejó en usted Antonio Núñez Jiménez?

—En lo personal fue mi maestro y mi amigo. Desde el 15 de enero de 1940 existe esta organización gracias a él. En 1987 tuve la oportunidad de formar parte de la expedición En canoa del Amazonas al Caribe, que nos sirvió para demostrar que las culturas arahuacas fueron las primeras en llegar a Cuba, desde el Orinoco, hace más de 7 000 años.

«Su espíritu está más vivo que nunca en cada roca, en cada planta, en cada especie animal. Como dijo Fidel en el aniversario 20 de la Sociedad Espeleológica de Cuba: «el futuro de nuestro país debe ser de hombres de ciencia». Esa fue una de las tareas de Núñez Jiménez y de todos los que seguimos su ejemplo».

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