De lamentos nadie vive

En una prestigiosa cooperativa agropecuaria santiaguera severamente afectada por Sandy, se aprendió hace años que el trabajo es la única fuente de la riqueza material y espiritual. Allí se sabe que solo la constancia y la fe en el hombre pueden sacarle frutos a la tierra

Autor:

Eduardo Pinto Sánchez

SANTIAGO DE CUBA.— A Juan Francisco Pérez López casi nadie lo conoce por su nombre, incluso ni mis colegas que más tiempo han seguido el perseverante accionar de Paquito —como cariñosamente le llaman todos— en la producción agropecuaria.

En una zona semidesértica del consejo popular Sigua, entre la Cordillera de la Gran Piedra y Baconao, en Santiago de Cuba, fundó hace 30 años, el 19 de julio de 1982, junto a 13 socios y un patrimonio de 31 000 pesos, la Cooperativa de Producción Agropecuaria (CPA) Abel Santamaría Cuadrado.

En 1 540 hectáreas se potencia el desarrollo de ganado mayor, ovino, caprino, equino y mular, y otras producciones agrícolas.

Paquito es el presidente de la CPA desde su surgimiento; por ello siente como nadie lo que el huracán Sandy hizo en este pedazo de sus entrañas.

«Perdimos cubiertas de las casas de cultivos tapados, los almacenes y parte de la minindustria. Los árboles frutales —mango, anón, marañón y guayaba, entre otros— el plátano y otras viandas, fueron muy dañados por los vientos. Pero no hemos perdido el optimismo. Después del primer impacto nos pusimos a trabajar, conscientes de nuestra función social, que es producir alimentos.

«Tenemos la decisión de salir adelante y resarcir los daños provocados por el ciclón. Ya trabajamos muy fuerte; no hay tiempo para lamentos; nos enfrentamos a una etapa urgente de recuperación, muy comprometida con la alimentación de la población», nos dice.

Las tres fincas de la cooperativa (La Verdolaga, San Patricio y La Concordia), sufrieron considerables daños en los corrales, la nave de ceba de toros, así como en la cerca perimetral.

Los efectos de Sandy no constituyen impedimento para que la Abel Santamaría continúe siendo rentable, logro que muestran sus cooperativistas desde su fundación, con un patrimonio que alcanza los dos millones de pesos.

Ya están en funcionamiento las dos casas de tapado y otra de posturas, donde se cultivan 1 500 plantas de marañón, fruta deficitaria en los campos santiagueros, junto a otras plantas de consumo humano y animal, como la morera.

Sin perder un minuto ya priorizan, además, cultivos de ciclo corto como boniato, calabaza, tomate, lechuga y otras hortalizas en la provincia.

Aquí son precursores en la provincia en la ceba de toros, y por la creación de una minindustria de producción local, que procesa al año más de 200 toneladas de mango y otras frutas.

Entre el conocimiento y la experiencia

Con la sabiduría que acumula en décadas de trabajo como médico veterinario, Santiago Ferrer nos habla de los métodos para lograr productividad en la producción de carne y leche, renglones insignias de la cooperativa.

Con unas 1 200 cabezas de ganado vacuno producen unos   148 000 litros de leche anualmente; y en menor cuantía la de cabra, así como unas siete toneladas de carne de ovino-caprino. Igualmente desarrollan el programa de la ceba de toros.

Por estos días la natalidad en el ganado mayor se comporta al 75 por ciento, y el índice de muertes es tan solo de 1,8. Para exhibir estos aceptables resultados el trabajo no ha sido de dos días. Ellos han propiciado tener un ganado donde predomina un mestizaje a partir de la raza Cebú, para tener animales más resistentes a la poca alimentación y la compleja topografía de las zonas costeras.

Este año terminarán con 4 000 litros más de leche que los planificados, fruto de un eficiente plan de natalidad y el diagnóstico adecuado, y un mayor control de la ganadería.

Para suplir la carencia del alimento para los animales están imbuidos en la siembra de una hectárea y media de cercas de morera y en la recuperación de áreas cultivadas con kingrás y pasto estrella.

Desde esta lejana finca, Santiago Ferrer identifica un problema que afecta a la formación de los jóvenes veterinarios: «Cuando los muchachos van a realizar las prácticas, las administraciones de algunos centros refieren dificultades que impiden que ellos palpen en el terreno lo que aprenden en las aulas. Por eso cuando llegan a trabajar en el campo tienen muchas deficiencias».

Minindustria eficiente cerca del mar

«A la llegada de Lázaro Expósito Canto como primer secretario del Partido en la provincia, él nos visitó y se interesó por la fabriquita que teníamos montada desde 1998; con sus indicaciones y observaciones la pusimos en marcha nuevamente y ya tiene más de 13 años produciendo mermelada, pulpa, membrillo, pasta de tomate y de cebolla y ya incorporamos la conserva de guayaba».

Paquito cuenta los inicios de la minindustria La Novedad, que comercializa sus surtidos en los mercados agropecuarios con el nombre de Don Paco, con fama por su calidad, pues compite con otros productos industriales.

«Sandy nos sorprendió en plena cosecha de guayaba. Para 2013 empezaremos con el procesamiento de la frutabomba y después recogeremos hasta el último mango mientras se recuperan los frutales. Esperamos incrementar la variedad en las producciones para cumplir el compromiso de elaborar unas 248 toneladas de pulpa para este año», asegura Juan Francisco Pérez.

De igual forma priorizan la siembra de guayaba cotorrera, semillas de anón y otras frutas, así como  la recuperación del mango, para asegurar la materia prima con vistas a la minindustria en los próximos años.

Y como si fuera poca la diversidad de productos que obtienen tanto en el agro, la ganadería y la minindustria; del mismo modo aprovechan el agua destilada por el tomate en la elaboración del puré y elaboran un delicioso vinagre, lo que además contribuye al ahorro de combustible y portadores energéticos, porque reduce el tiempo de cocción de la pasta.

Con el aire cargado de dulces y agrios aromas, 12 trabajadores andan entre tachos, calderas y cámaras de frío con el compromiso de procesar toda la fruta para que no se pierda ni una sola, y a su vez garantizar la pulpa para la fabricación de helados en la provincia.

Porque aquí nada se bota: los subproductos de la producción se utilizan como abono o alimento animal.

A Paquito, que no le gusta que lo fotografíen sin sombrero, no lo desaniman ni sequías ni ciclones. Aprendió hace años que el trabajo es la fuente de la riqueza material y espiritual y asegura que solo la constancia y la fe en el hombre pueden sacarle frutos a la tierra.

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