¿Te acuerdas de Martí? ¡Qué grande era en las pequeñeces!

Exponen carta poco conocida de Panchito Gómez Toro a su hermano Máximo, fechada en Nueva York, el 7 de agosto de 1896, en la cual revela, en pocas líneas, la grandeza del Apóstol

Autor:

Hugo García

CÁRDENAS, Matanzas.— El Museo Oscar María de Rojas posee en su colección de documentos nueve cartas manuscritas de Panchito Gómez Toro fechadas en 1896 y dirigidas a diferentes miembros de su familia, las cuales son de un importante valor para la historia familiar y nacional.

La Doctora Diana Rosa Torriente Govín, especialista de la institución cultural cardenense, explicó a este diario que como parte de la Muestra del mes se expone una de esas misivas dirigidas a su hermano Máximo, la cual llegó al centro con posterioridad a 1913.

«Sin duda, las alusiones más sobresalientes son las dedicadas a José Martí, demostrando el orgullo que siente Panchito de haber compartido parte de su vida con él.

«Le dice a su hermano: “¿Te acuerdas de Martí? ¡Qué grande era en las pequeñeces! Dice que “ningún nombre es grande para su ayuda de cámara” porque en la intimidad, cuando se conocen los hombres en los detalles, es cuan(do) se ven los defectos; y Martí, mientras más íntimamente se le trataba más grande se le encontraba», precisa Diana Rosa.

En el texto escrito a su hermano, Panchito se refiere al Apóstol de la independencia de Cuba, a quien su hermano llamaba «señor Martí» y él le decía «Maestro», según precisa Diana Rosa.

«La misiva fue escrita en los momentos en que Panchito se preparaba para salir a la guerra en Cuba. Por tal motivo en ella encomienda a su hermano, al que llamaban cariñosamente Maxito, el cuidado de la familia. La carta tiene un tono de despedida, y es por ello que el hermano mayor se decide a dar consejos que pueden ser útiles: le pide a Maxito que entregue todo cuanto gane de salario a su madre, y si necesitaba algo se lo pidiera a ella, de modo que “Todo lo que la familia nuestra disfrute te lo deberá a ti”», agregó la investigadora.

El documento está fechado en Nueva York el 7 de agosto de 1896 y forma parte de la sección Epistolario de la Colección de Documentos del Museo. Fue donada por la familia Gómez–Toro, en 1913.

Está elaborado en dos folios manuscritos con letra cursiva legible, y el texto abarca casi la totalidad de sus cuatro caras. El papel a rayas que le sirve de soporte —de 270 mm de largo por 213 mm de ancho— está manchado por el paso del tiempo y fragmentado en sus dobleces, lo que no disminuye el valor de su texto sobre varios temas de interés.

También se refiere Panchito a la labor de Maxito para la posible preparación de expediciones. Lo insta a que se comporte como «un hombre», y a que escoja por sí mismo a sus amores.

«La figura de Francisco Gómez Toro (1876-1896) es siempre apasionante para cualquier investigador. Sus familiares lo llamaban cariñosamente Panchito, y demostró ser desde la más temprana edad el ejemplo de joven entregado al cumplimiento de sagrados deberes.

«Fue el cuarto hijo del matrimonio de Bernarda Toro y Máximo Gómez. Nació en La Reforma, Sancti Spíritus, en los campos de Cuba Libre, el 11 de marzo de 1876. Su muerte junto a Antonio Maceo, el Lugarteniente General del Ejército Libertador de Cuba, el 7 de diciembre de 1896, selló para la historia nacional su estatura política.

«Muchas anécdotas se han contado sobre él. Su propio padre le dedicó sentidos escritos para resaltarlo con el orgullo de su visión filial. Y él mismo ha dejado para la posteridad una serie de textos que dan fe de su comportamiento cabal».

La especialista cardenense sostiene que Panchito se apropia de las palabras del Apóstol para recordarle al hermano cuál es la responsabilidad que él asume: «Yo no tendré más placer que ponerme á la puerta de los necesitados del mundo á servirles».

El joven describió su destino de un modo «casi tan textual como la idea martiana de hacer causa común con los oprimidos. Panchito sabía que sería comprendido por su hermano. Ambos tenían similares ideas respecto a la revolución y a la vida. Eran contemporáneos en edades y camaradas para juegos; leales el uno al otro, con pensamientos comunes que su padre insistía en mantener. Máximo Gómez le decía a Maxito: «Tu tienes que ser compañero inseparable para todo y en todo de Pancho». Juntos colaboraban en la organización de la Guerra Necesaria. Los dos empujaron el bote que su padre y Martí utilizaron para abordar el barco en que partieron hacia Cuba, en la madrugada del 1ro. de abril de 1895.

«Uno y otro conocieron en su hogar a José Martí, desde la primera visita que aquel hiciera al General Máximo Gómez en 1892. Pero Panchito fue privilegiado como compañero del Delegado en su campaña preparatoria de la revolución durante varios meses de 1894».

Tesoro en el Oscar María de Rojas

El Museo Oscar María de Rojas atesora infinidad de documentos y objetos relacionados con próceres como Antonio Maceo y Máximo Gómez, y la mayor colección fuera de la capital del país de piezas relacionadas con la vida y obra de José Martí.

Entre ellas destacan la butaca usada por el Apóstol en su oficina del Partido Revolucionario Cubano en Nueva York (1892-1895), donada por José Estrada Palma; la mesa-escritorio utilizada por él en la Oficina del Periódico Patria, en Nueva York; la tribuna desde donde se dirigió a los emigrados cubanos reunidos en el club San Carlos de Cayo Hueso (1892-1895), donada por la directiva del Club San Carlos; un fragmento del primer ataúd que contuvo el cadáver del Maestro, donado por José Boffil en 1910; los botones o yugos usados por él; y la mesa donde elaboró las bases del Partido Revolucionario Cubano, entre otras piezas de inestimable valor histórico y museable.

Transcripción de la Carta

Nueva York. Agosto 7 de 1896.

Sr. Máximo Gómez hijo,

Mi querido Maxito: Pensaba encontrar aquí cartas de papá, pero no tuve esa dicha, a pesar de haber llegado el día antes que yo Enrique Céspedes portador de cartas del campo rebelde. Él viene de Nuevitas, del norte del Camagüey, por donde salió César y papá estaba a la sazón (sic) en la provincia de Santiago de Cuba. Céspedes dice haberlo visto bien a su paso para esa zona.

Hablando con Hatton en Santo Domingo acerca de la disposición que pensaban tomar con la goleta Libertad, me dijo que te iba a dar orden de sacarla a tierra y ponerla bajo una enramada para conservarla. Tú puedes llamar a Álvarez y entregársela para que por contribución de los cubanos de ahí la saquen y contribuyan a Shade, y después poco a poco pueden pintarla y conservarla en buen estado.

Tú ahora te has quedado solo con una gran responsabilidad en la familia.

Desde donde quiera que esté me enorgulleceré si cumples con este deber hermoso como un hombre.

Cuando me escribas cuéntame detalladamente las condiciones pecuniarias de la familia. Mamá, cuando estuve allá me dijo que pensabas hacerte cargo de la cantina de la sociedad Esperanza: creo que eso te puede dejar algo. Y me dijo que te habían aumentado el sueldo a $ 80. Me alegré mucho.

Voy a darte un consejo: es más bonito y meritorio que al finalizar el mes lleves a mamá tu sueldo íntegro, y si para tus gastos particulares necesitas algo se lo pides después a mamá. Para esto procura ponerte al día en tu cuenta con la casa. Este consejo te lo agradecería yo a ti si me encontrara en tu situación, y por eso me atrevo a dártelo. Todo lo que la familia nuestra disfrute te lo deberá a ti, y yo me sentiré tan contento como si fuera yo quien mereciera esta honra.

Creo que tú entiendes el mundo como yo y tienes formada una idea de la verdadera grandeza. ¿Te acuerdas de Martí? ¡Qué grande era en las pequeñeces! Dice que «ningún nombre es grande para su ayuda de cámara» porque en la intimidad, cuando se conocen los hombres en los detalles, es cuan(do) se ven los defectos; y Martí, mientras más íntimamente se le trataba más grande se le encontraba.

Así debemos nosotros ser y nuestra línea de conducta igual en los distintos caminos por que nos lleve el deber. Una confesión que tú me hagas será paga con otra confesión. Dame tus ideas que las mías te las doy siempre. Nunca me he creído venido a la vida para gozar sino para sufrir. Yo no tendré más placer que ponerme a la puerta de los necesitados del mundo a servirles. Seamos hermanos hasta en eso.

Te amo mucho y quisiera verte muy alto siempre. Tú tienes derecho a morderme cuando yo intente caer, y como Martí, amaré también la mordida porque viene de tu grandeza.

Respecto a tus amores, recuerda lo que te dije siempre, no le des importancia a los ojos de mamá ni de nuestra familia así estarás tú por sobre el cariño de tu amada y podrás estudiarla bien.

Además estarás más libre del compromiso moral.

Lo que se quiere mucho se ha de tener muy guardado en el corazón, y muy callado.

Trabaja y sube. Muérdete las entrañas cuando el cuerpo mire desdeñoso la virtud seria, y ve con los ojos cerrados y las entrañas mordidas a la grandeza.

Y llévame siempre contigo a lo grande. Da el brazo, que lo has de tener fuerte a tu amigo.

Fco. Gómez Toro

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