Cada uno en lo suyo

Casi el 40 por ciento de la fuerza laboral del central Jesús Rabí está compuesta por jóvenes del territorio matancero

Autor:

Hugo García

CALIMETE, Matanzas.— El ruido de las enormes máquinas apenas permite conversar en el ingenio Jesús Rabí, de aquí, primero en iniciar la zafra 2012-2013 en el país. De un golpe de vista se capta a todos atareados, cada uno en lo suyo, nadie con ropa limpia; al contrario, embarrados de grasa, bagacillo o polvo; las botas encharcadas… pero ello no imprime pesimismo; allí solo se respiran las ansias por cumplir los planes productivos.

Aunque el tiempo ha pasado sobre este ingenio, los nuevos operarios, especialistas y quienes cultivan la caña en los campos están sensibilizados, como sus antecesores, con la calidad del azúcar, que para ser competitiva requiere de denodados esfuerzos y desvelos de todos.

Hoy no podría ser de otra forma, cuando en la empresa azucarera Jesús Rabí laboran 137 jóvenes, lo que representa el 37 por ciento de toda la fuerza laboral.

Protagonistas

El ingeniero agrónomo Joanky Galarraga, de 29 años de edad, cuando se graduó en 2009 fue el especialista principal en Mecanización agrícola y ahora es jefe del Centro de dirección de la cosecha. «Lo más estimulante es que los jóvenes somos valorados y tenidos en cuenta. Puede que nos quede por aprender, porque la madre de la enseñanza es la repetición y tenemos poca experiencia en la dirección, pero poco a poco y con interés todo se supera.

«Me siento en total plenitud, porque en los contactos semanales de zafra se me considera por lo que soy y tengo que tomar decisiones cruciales. Aquí nos apoyan y nos tienen en cuenta en todo; sentimos que nos escuchan y somos importantes. Ahora con el piso de azúcar hubo problemas, ya que estaba en mal estado; se nos pidió apoyo a la juventud y se hizo un trabajo voluntario fuerte, sin afectar el horario de trabajo, y en tiempo récord se solucionó. Todos los jóvenes estuvimos presentes.

—A tu edad ¿qué implica ser jefe?

—No es fácil ser joven y dirigir, pero los jóvenes participamos en el Consejo de dirección y en los semanales; el delegado sigue a los recién graduados; se nos pide que nos mantengamos siempre informados de las inquietudes y de los problemas en la empresa, y no hemos presentado problemas. Así que nos sentimos bien y eso es lo importante.

«Con nosotros se encuentran dos ingenieras químicas que viven en Jagüey Grande; a una se le dio la tarea al frente de la planta de tratado de agua y la otra cumple el servicio social, y ambas se han desempeñado muy bien.

«Contamos con un ingeniero en informática, tres analistas de turno, un especialista principal en Mecanización agrícola, y un especialista en Agropecuaria», precisa el joven.

En el Centro de dirección de la cosecha laboran los analistas de turno, quienes se encargan de brindar toda la información, de hacer un estudio cada vez que se termina el día. El especialista principal está a cargo de lo relacionado con la zafra completa y el de mecanización agrícola es el encargado de ir al taller, comunicarse y apreciar el estado técnico de los equipos y de la maquinaria. Mientras, el analista lleva los programas y el software agrícola con todas las informaciones que ofrecen las unidades productoras y la referida al corte mecanizado.

Confianza

Mario Rodríguez Cañizares, miembro del Buró municipal de la UJC en Calimete, afirma que una importante fuerza joven está en la industria azucarera y se desempeña hasta de madrugada; «uno los ve “fajados” con todo lo que sea necesario hacer».

Yohanna Jorrín Acosta, de 20 años, señala que su labor es recoger las estadísticas de la materia extraña, la caña molida por los pelotones y si hay un equipo roto llamar a los mecánicos; entonces incluye en las tarjetas todos esos incidentes. «Aunque vivo en el batey 6 de Agosto y tengo una niña, todo me ha ido bien; me tratan muy bien y confían en mi trabajo».

Otro joven, Annier Tomás Lamar, técnico de nivel medio en Informática y con 24 años, comenta que se siente orgulloso de trabajar en el Jesús Rabí: «Hasta ahora hay confianza en mi trabajo. Mi salario en zafra se ajusta a los resultados, y gano quincenalmente hasta 600 pesos; después, 181 pesos quincenales como salario básico.

«Me desempeño perfectamente, con rigor en el empleo de los programas informáticos para que todos los partes diarios, semanales o en el cierre del mes estén bien.

«Me gusta la informática y no tengo muchos conocimientos agrícolas, pero estoy aprendiendo», dice Annier, quien controla además los equipos que laboran en el campo, la velocidad y la profundidad de corte, mientras vela porque el tractor de arar funcione acorde al rendimiento.

«Cada equipo tiene un GPS, y para realizar el control tenemos que ir al campo para recoger las tarjetas de los equipos, y con un programa vemos todo lo que hizo ese equipo en la jornada; descargamos la información y redactamos un informe con detalles», concluye Annier.

Causa común

Caminando por el corazón del central nos encontramos a Didier Ramos Cárdenas, operador de centrífuga, de 29 años de edad, quien desde hace cuatro años trabaja en ese puesto vital para la industria y su resultado final. «De mi destreza depende la calidad del azúcar, su color y tamaño del grano», apunta, y añade que se superó en un curso, ya que es un procedimiento automático y manual. «Regulo el tiempo de secado, lavado y la centrifugación», explica este joven, que labora 12 horas por turno.

Igual nos sucedió con Oniel Hernández Rodríguez, de 26 años y técnico de nivel medio en Maquinaria azucarera y mecánico A integral; lo encontramos en el área de preengrase: «Estamos dispuestos a solucionar cualquier problema a la hora que lo pidan; por eso reitero que siento que confían en nosotros, como en estos días de zafra en que hubo una rotura y me fueron a buscar durante mi descanso, eso te da la medida de que nos tienen en cuenta».

Raidel Crespo Riscart, técnico de nivel medio, con 25 años de edad, cuenta que siempre ha estado en el taller de maquinado, donde se encarga de reelaborar las piezas en el cepillo y el recortador: «A veces estamos 24 horas consecutivas para contribuir a eliminar cualquier problema».

Eleobel Rodríguez, oxicortador A, de 30 años, se nos presenta con sus arreos y equipo de soldador: «Siempre confían en nosotros los jóvenes y eso vale mucho».

Pelotón de la industria

En el Rabí se estimula a los jóvenes destacados en los zonales de zafra, mientras se garantiza el relevo con los estudiantes del Instituto Politécnico Agropecuario (IPA) Juan M. Díaz, quienes desde su etapa de estudiantes se integran a las labores de este central.

Blas Fidel Álvarez, profesor y subdirector de Formación profesional en este IPA, en 6 de Agosto, Calimete, argumenta que la vinculación a la fábrica posibilita que cuando lleguen los exámenes estatales los estudiantes estén preparados y familiarizarlos con el central.

Tanto Reniel Madruga y Naili Piedra, ambos estudiantes de tercer año en Técnico en fabricación de azúcar, y con 17 años de edad, elogian la buena atención y lo aprendido al rotar por diversas áreas del ingenio.

A Eliane Trujillo y a Jordano Rivera les sucede igual; a sus tempranos 15 años, y como estudiantes de primer año en Técnico de nivel medio en fabricación de azúcar, han podido acercarse a este escenario, en el cual quisieran trabajar.

En el IPA calimetense se estudia Maquinaria azucarera, Tecnología en la fabricación de azúcar, Soldadura, Soldador pailero y Electricista. La máster Mayra Hernández Rodríguez, jefa del Departamento azucarero del IPA, señala que se trata de un proceso efectivo que los alumnos y la familia acogen con satisfacción y seriedad. «Es una posibilidad que tenemos para que se familiaricen con los procesos productivos, de manera sistemática, y organizada por años de enseñanza. Así el alumno termina con una visión general del proceso azucarero», reflexiona Mayra.

Quien conozca al colectivo del Rabí y lo que allí se hace hasta con los estudiantes, sabe que el primer objetivo que defienden todos es moler con eficiencia para producir más azúcar y de esta forma mantenerse entre los mejores de Cuba, como sucedió en la pasada zafra.

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