Que el barrio rejuvenezca

De los 2 165 dirigentes de base recién elegidos en todos el país, 996 son jóvenes. JR conversa con el coordinador municipal más novel de Pinar del Río y uno de los más bisoños de Cuba

Autor:

Mayra García Cardentey

MANTUA, Pinar del Río.— Alguien pudiera pensar que tanta juventud no le brindará las herramientas necesarias para asumir la nueva encomienda. Otros, por el contrario, se aventuran a estigmatizarlo como un reproductor de dinámicas de dirección no atemperadas a los días de hoy, con renovada vestimenta de años mozos.

Nada parecido se encuentra en Alberto Linares González, coordinador municipal de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR) en este territorio.

El más joven dirigente de la organización en la provincia pinareña asume la faena de hacer de la institución de masas más numerosa de la nación un espacio para todos, un escenario de pueblo, especialmente para las nuevas generaciones.

Aunque destila madera de líder, sus inicios en la organización datan del VII Congreso de los CDR. Desde entonces su paso por todas las estructuras de base, zonales y municipales ha sido certero y lleno de iniciativas.

—¿Qué representa para un joven ser elegido como coordinador municipal de los CDR?

—Un voto de confianza. Es reconfortante saber y tener la oportunidad de que mis compañeros confíen en mí, siendo aún muy joven, en una tarea de tanta responsabilidad.

—¿Algunos consideran insuficiente el papel de las nuevas generaciones dentro de la organización?

—Lo que sucede es que a veces no les damos las tareas a los más noveles; no confiamos: «si es joven», «si será o no responsable», «si podrá con el compromiso». Pero hay que asignar encargos a los nuevos, probarlos en el camino. Si no pueden, siempre habrá alguien que continúe la tarea. Hay que hacernos partícipes, para adquirir experiencia. Nadie nace sabiendo; todo se aprende en el camino.

«Con esta nueva estructuración, con motivo del VIII Congreso, se ha perfeccionado la participación de la fuerza juvenil; hoy somos casi el 50 por ciento. Con nosotros se puede contar, solo hay que darnos la oportunidad».

—Algunos jóvenes consideran que la organización reproduce dinámicas que no se adaptan a la actualidad y justifican con ello que exista poco interés en la integración y participación en sus actividades. ¿Qué opinas?

—Eso es relativo, y parte también del ejemplo que han percibido. Los malos procederes han venido no solo de los jóvenes, sino también de los que más experiencia poseen, y a veces ha conllevado a la desmotivación de los más bisoños. Hoy no es así. Hay mucha juventud que al igual que la que tuvo la oportunidad de hacer la Revolución, está comprometida con las ideas, tan necesarias en estos tiempos. Los jóvenes tenemos fuerzas, valores creados. Hay algunos que no; con problemas, desmotivados. Ese es el papel de la vanguardia juvenil: la responsabilidad de sacar adelante a las nuevas generaciones.

—Qué potencialidades percibes en los CDR?

—¿La fundamental? La elección de una gran masa juvenil para dirigir; se ha confiado en las más noveles figuras. Con esto, con la mano de la juventud, antiguas costumbres, algunas disfuncionales, ineficaces y desmotivadoras en el entorno de hoy, pueden cambiar.

—¿Cuáles identificas como las principales debilidades?

—El tema de la vigilancia urge de perfeccionamiento. En este sentido, se le ha ofrecido la oportunidad a cada zona de que acometa la actividad desde su experiencia. Ese es un camino que se debe perfeccionar.

«A ello se suma la falta de protagonismo de algunos CDR y cederistas. No tiene que venir una orientación de la provincia, o nacional, para nosotros hacer un trabajo voluntario, actividades comunitarias, charlas, debates o encuentros: que el programa de actividades nazca de las propias necesidades y exigencias de cada entorno».

—¿Qué acciones resultarían necesarias para integrar aún más a la juventud dentro de los CDR?

—Hacer más acogedoras cada una de las acciones que se proyecten. Apremia un acercamiento a los jóvenes con sus predilecciones. Si nosotros convocamos a una reunión u otra actividad, por qué no ponemos un poco de música para motivarlos… Hay que llegarles a los jóvenes, pero con lo que prefieren. Es una estrategia ineludible despertarles el deseo de integrar y luego participar activamente en una organización de pueblo.

—¿Pueden aportar los CDR a la orientación social de las nuevas generaciones?

—Tenemos una ventaja que debemos aprovechar más: somos el pueblo; a veces podemos suplir lagunas de otras instituciones educativas o sociales, en sentido general. Ese vecino, ese joven de al lado que te habla con las mismas palabras conocidas dentro de los grupos de pertenencia, quizá es capaz de guiarte por un buen camino y complementar el papel educacional de las escuelas, la familia. En ello pueden ser fundamentales los barrio-debate, pues es el pueblo llegándole al pueblo, sin la presencia del lenguaje rebuscado ni artilugios para hablar de comportamiento ciudadano, salud sexual... entre otros temas contemporáneos y que afectan y preocupan hoy a la juventud cubana.

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