Joven de zafra

La actual contienda está marcada por la entrega de muchachos que, como Daniel Miguel Moncada, hacen posible que los campos de caña se conviertan en azúcar

Autor:

Melissa Cordero Novo

El látigo del mayoral sobre la piel negra no se escucha, ni regresan los esclavos cansados como reses para luego habitar los barracones y el dolor. Pero el olor intenso del azúcar es el mismo.

Cuentan que ellos no pueden trabajar si el espacio no se inunda de ese mismo olor, y que les da placer el pitazo de inicio de molienda y el sonido que provocan las maquinarias. Daniel Miguel Moncada Fragoso es uno de ellos desde hace unos años y porta sobre la tela de vestir esos graciosos pedacitos de caña que se elevan en el viento.

Cuando lo vi estaba a unos cien metros por encima de mi cabeza, manipulando unos artefactos que en ese momento ni imaginaba para qué eran. Alguien lo señaló con el dedo y gritaron desde arriba, dándole unas palmadas en el hombro izquierdo, que ese «muchachón» era de los más destacados en el central cienfueguero 14 de Julio, que de verdad le gustaba el proceso productivo. Y no fue menos cierto, pero Daniel tenía una historia mucho más interesante.

Vive en Silverita. En casa lo esperan su mujer y su hijo cuando vuelve del ingenio, y no dudo que al pequeño le encante ese olor dulce que desprende su padre continuamente, incluso si se aleja.

Esta es la cuarta zafra en la que trabaja —apenas tiene 23 años—, pero la primera en la que se desempeña en los evaporadores, como tripero: la persona encargada de velar por el punto exacto para obtener el melado de caña. Los turnos son de 12 horas: dos de día, dos de noche y dos de descanso.

«Tuve la posibilidad de trabajar en otros lugares, pero regresé finalmente al central, porque me gusta hacer la zafra», confiesa Daniel mientras hace un esfuerzo para que pueda escucharlo en medio del ruido. «El trabajo es muy difícil, eso sí; es mantenerse todo el tiempo procesando el guarapo, que es lo que llega a los evaporadores. No paramos. Y luego velar porque la temperatura se mantenga entre 29 y 32 grados para lograr un buen melado de caña».

Daniel aprendió rápido el oficio y es uno de los más calificados dentro del ingenio. Graduado de técnico de nivel medio en Informática hace uno de los mejores melados de caña del país y es muy bien remunerado por ello, razón que lo anima, sobremanera, a mantenerse listo para cuando el central devore la primera caña.

Cada mes Daniel cobra aproximadamente por encima del doble del salario medio de cualquier profesional, suceso muy favorable para el central, pues ese resulta un buen atractivo para que un gran número de personas acuda en busca de un puesto de trabajo.

Sobre cómo llegó al 14 de Julio, Moncada Fragoso detalla: «Después de graduado me ubicaron como profesor frente a un aula de primaria. Luego decidí laborar en una unidad básica de producción cooperativa como técnico de maquinaria, hasta que en la sala de control del central me propusieron un puesto como informático y acepté. Esa fue mi primera zafra. Más tarde regresé como inspector, velando por la calidad de los procesos, hasta que desapareció esa plaza y continué como tripero. Realmente me gusta este puesto y aquí pienso seguir.

La opción, a Daniel, lo satisface del todo y asegura la productividad dentro del ingenio. Los pedacitos de caña sobre su ropa se distinguen aun cuando Daniel sube las escaleras de vuelta a los evaporadores. Está nuevamente a cien metros por encima del suelo y manipula con destreza los mecanismos del tanque que lo hace lucir más pequeño. Sube y baja el líquido dentro de las mangueras y aparece el melado unos pasos más adelante. No le molesta el ruido ni el olor fortísimo del azúcar.

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