Aire fresco llega al barrio

Una joven diputada al Parlamento cubano pasa airosa el bautismo de fuego ante los electores de su circunscripción en Guantánamo

Autor:

Lisván Lescaille Durand

GUANTÁNAMO.— Todas las miradas se posaban en ella. Para muchos había llegado el momento de ver en acción a la muchacha menuda y de agraciado rostro que había «crecido» entre ellos a la sombra de los buenos ejemplos que la convertirían en diputada al Parlamento cubano.

A la cita con la delegada de la circunscripción Norte-Los Cocos-Confluente, de Guantánamo, algunos electores llegaron cargados de interrogantes: ¿Podrá conducir el debate sin que se le vaya de las manos? ¿Le ayudará su profesión de periodista? ¿Acaso confirmaremos el adagio de que más sabe el diablo por viejo que por diablo?

La duda, sin embargo, pronto se diluía en aquellas calles  cada vez que tomaba la palabra la joven diputada y delegada de base Arlín Alberty Loforte, una cubana de 28 años con muchos argumentos en su verbo, mirada serena y comprensiva y la determinación de hacerse escuchar en nombre de la gente del barrio.

Cuando JR la encontró casi a la medianoche no puso reparos para el diálogo, a pesar del visible cansancio de un día agitado por las tantas ocupaciones de los últimos meses. De una vida «puesta con gusto al servicio de las personas que me eligieron», dice mientras esboza una sonrisa.

—Los daños ocasionados por el huracán Sandy estaban en el vórtice de las preocupaciones de algunos en tu circunscripción, apenas iniciaste tu mandato. ¿Cómo asumiste este desafío?

—Para ese momento se habían contabilizado unas 50 viviendas dañadas parcial o totalmente, sobre todo en su cubierta, además de afectaciones a equipos electrodomésticos; una cifra ínfima comparada con el destrozo que ese huracán ocasionó en otros sitios, incluso de la misma provincia; pero las personas necesitan saber que no están solos, que no son un número frío en una estadística, sino todo lo contrario: que hay vías e instituciones para encaminar y resolver los problemas.

«Mi mayor esfuerzo estuvo en visibilizar cada caso, guiar a las personas, orientarlas y darles seguimiento a sus problemas ante cada instancia. Y justamente ahí radica el verdadero poder del delegado, en su capacidad para aunar voluntades, para promover las transformaciones que se requieren en las comunidades».

—Sin embargo, algunos creen que a veces quien acaba invisibilizado es el mismo delegado, cercado por los problemas y la poca receptividad de algunas instituciones. ¿Qué impresión te deja este primer proceso de rendición de cuentas a tus electores?

—Las responsabilidades del delegado están bien delimitadas en nuestra legislación. El problema es ser consecuentes con lo normado y que cada quien cumpla con lo que le toca; por nuestra parte no podemos permitirnos el cansancio. Si el esclarecimiento de un problema está en una oficina, allí hay que acudir las veces necesarias; si está en el barrio, debemos convocar a todos los líderes de las organizaciones y a sus habitantes para su solución o esclarecimiento.

«Sin embargo, quedan fisuras en la atención a la gente, a pesar de lo legislado, porque entre otras cosas las políticas se desvirtúan a veces por ineficiencias en la gestión de algunas instituciones y en la nuestra también. Este proceso en mi circunscripción dejó un saldo positivo en el acompañamiento de las administraciones y las respuestas a los planteamientos».

—Ser joven, mujer y por añadidura con una apariencia de niña debió hacerte las cosas un poco más complejas ante los escépticos...

—Pues mira, la juventud fue el argumento más utilizado para elegirme. Siempre viví aquí en este barrio; la gente me vio desarrollarme, participar en las reuniones y conviviendo con ellos. La sorpresa estuvo en que me depositaran tanta confianza quienes no me conocen. Algunos se turban cuando me ven tan delgada y con esta figura que aparenta menos edad.

«Pero se crea un ambiente de respeto, de diálogo, en el que lo único que exijo es que se escuche a los demás. No es fácil tratar con personas de distintas edades y problemáticas diferentes: desde el bache de las calles, el déficit en el alumbrado público y los problemas de la vivienda hasta cosas muy, muy personales».

—¿En alguna de las reuniones de rendición de cuentas pensaste que perderías el control ante las preocupaciones de la gente?

—Las personas dijeron lo que pensaban, se expresaron francamente y eso generó un espacio de debate que nos unió más. Peor hubiera sido el silencio; me preocupaba que no hubiera planteamientos.

—¿Te creíste y te consideras con el perfil y las cualidades adecuadas para estas responsabilidades?

—Para nada. Cada día se aprende mucho; uno va conociendo al barrio y sus problemáticas, y sobre todo comprometiendo a la gente con la solución de algunas, porque si prolifera el robo en un consejo popular, ahí hay que exigir fortaleza en la guardia cederista. Esta tarea sería imposible sin la implicación de los vecinos y sin el apoyo de los líderes de las organizaciones políticas y de masas.

«La mayor cualidad de un delegado debe ser su sensibilidad ante los problemas; podría ser muy comunicativa, periodista... Con eso solo tendría a mi favor algunas herramientas, pero si no soy capaz de meterme en la piel de la gente, difícilmente conseguiría que me escuchen, me sigan y respeten».

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