Sin sillas en el camino - Cuba

Sin sillas en el camino

Es mucho más difícil hacer perdurables los proyectos que construirlos; por eso la Universidad tiene que ser, por su esencia, fuente de conspiración permanente, siempre por y para la Revolución

Autor:

Marianela Martín González

«Los tiempos que corren imponen conspirar desde cada brigada contra la apatía, contra la fealdad que algunos buscan imponer al Socialismo; conspirar desde la rebeldía con causa, que nunca deberá ser la individual, sino la colectiva; reconociéndonos en la diversidad de pensamiento y el debate. Sosteniendo cada batalla con la polémica profunda que se base en argumentos y conocimientos».

Así opina Yosvani Montano Garrido, estudiante de Marxismo-Leninismo e Historia de la Universidad de Ciencias Pedagógicas de Pinar del Río Rafael María de Mendive y miembro del Secretariado Nacional de la FEU y de la Comisión Organizadora del VIII Congreso.

Y hay por qué creerle, pues este joven de 22 años ha escudriñado por devoción, y también como deber, cada momento de su Cuba, y el pensamiento de los hombres y mujeres que han sentado pautas en esta Isla que solo en el mapa se ve pequeña y recogida.

—¿Necesita la FEU de la «conspiración» para transformar la sociedad en que le tocó vivir?

—Será porque algunos han intentado robarnos los términos, por lo que a veces tememos usarlos; claro que necesitamos «conspirar», y sobre todo disentir, discrepar, buscar la contradicción como elemento permanente de crecimiento individual y colectivo. Creo que los universitarios debemos conspirar para lograr todo lo que nos fortalezca, y por tanto robustezca a la Revolución.

«Debemos disentir permanentemente de todo cuanto llame a la desmovilización, al fraccionamiento de la unidad y a la pérdida de confianza, de lo que nos aleje del pueblo y de las metas del país. Necesitamos con urgencia conspirar diariamente. Hacerlo por el diálogo, por el aprendizaje y también para buscarnos problemas, siempre marcando el ritmo y la armonía entre el pensar, el decir y el hacer.

«La Universidad tienen que ser por su esencia fuente de conspiración permanente, siempre por y para la Revolución».

—¿Crees que a tu generación le tocó una época menos gloriosa para fundar y hacer permanentemente que a la de Mella, José Antonio y Fidel?

—Cada época tiene sus misiones y sus retos. Cuando las revoluciones han avanzado mucho se corre el riesgo de caer en la inercia, en ese estado de movimiento lento que hace parecer que todo está hecho, y comienzan muchas veces a aparecer las sillas en el camino.

«Mella y José Antonio tuvieron sus escenarios, y poseen el mérito de haber tenido la suficiente inteligencia para comprender los reclamos de su época. A Fidel no lo incluyo, y es que no tiene época; simplemente su definición más certera y la que más me gusta es la que dio Raúl hace poco tiempo: “Fidel es Fidel”.

«Es inadmisible cómo a veces se cree que no existen nuevas misiones para los jóvenes. Es por eso el llamado que realizó el VIII Congreso desde el deber que nos acompaña: “Todo tiempo es corto para hacer”.

«Hemos discutido desde que comenzó el Congreso en la brigada —el 20 de diciembre, a propósito del aniversario 90 de la FEU— la importancia de estar conscientes de que corren tiempos de fundar, de pensar con coherencia el futuro al que le apostamos los cubanos, lo que implica crear desde la participación.

«No se trata de buscar las grandes tareas que movilizaban a los jóvenes universitarios en todo el país; tenemos a las comunidades en espera de nuestro talento, las propias universidades generando ciencia para el pueblo, poniendo sus conocimientos y resultados científicos en aras del desarrollo local.

«Estamos participando desde los primeros años de formación en los principales servicios que se ofertan para que consolidemos nuestros saberes, y en las empresas que producen bienes y recursos para la sociedad.

«Se impone entonces aplicar la dialéctica en nuestras concepciones, entender que en lo que diseñemos todos los días, y tenga por ende un impacto, puede estar la mejor fuente para librar nuestro Moncada. Es necesario entender que nuestro proyecto pasa por eso, y también por la comprensión de que siempre ha sido mucho más difícil hacer perdurables los proyectos que construirlos.

«Cuando los universitarios pensamos en eso, comprendemos la misión de esta generación, que no es otra que entregarle a las venideras una sociedad más perfecta, justa y parecida a los reclamos de su tiempo. La gloria se funda y se crea; no me cabe duda de que como generación encontraremos la nuestra».

—Tener en cuenta a los demás, al otro si es necesario particulizar, parece ser una de las batallas que libra la FEU en la brigada y en cada espacio de la sociedad. ¿Cómo se concreta esa aspiración colectiva?

—Creo que esa ha sido una de las tesis principales del Congreso: buscar cómo reconocernos desde la diversidad que hoy atesoramos en nuestras brigadas.

«El reto tiene su epicentro en eliminar verticalismos innecesarios, darle autonomía a la gente para que genere un funcionamiento que se parezca a los que lo protagonizan.

«Se impone promover la inclusión de todos, con énfasis en los que alejamos por no saber comprender sus necesidades».

—La carrera que elegiste algunos la ven demasiado teórica para estos tiempos. Hay quienes incluso opinan que no son tiempos de Marx.

—Para esta época de transformaciones, estos siguen siendo tiempos de Marx, de Engels y de Martí. La clave está en contextualizar. En no usar frases sin razonamiento, y emplear los métodos que desde la ciencia nos han legado los clásicos teniendo en cuenta el siglo en que vivimos y atemperarlo.

«Creo que el Marxismo siempre nos hará falta. Hay que entender sus concepciones de la sociedad si queremos fortalecer el Socialismo, lo que implica hacer nuestros aportes. Recordemos que en la esencia del Marxismo está la transformación permanente».

—¿Cuáles temáticas fueron más reiterativas en el transcurso del Congreso en las 6 038 brigadas con que cuenta la FEU?

—Fueron temáticas muy importantes para que la FEU se fortalezca y desempeñe su papel ante los desafíos actuales. Una oportunidad que contó con la participación de más de 125 000 estudiantes de los 68 centros de altos estudios en todo el país.

«En ese escenario se discutieron asuntos referidos al funcionamiento de la organización, las relaciones con las instituciones y también la implicación de los universitarios en la vida sociopolítica de la nación.

«Fue un espacio que generó polémicas enérgicas, pero también propuestas de soluciones muy inteligentes, y eso se debió a la responsabilidad con que fue conducido el debate por los dirigentes de cada estructura, y también por el acompañamiento de organismos formadores, así como el Partido y la UJC.

«Lo más importante fue la evaluación realizada en cuanto a lo que desde lo interno tenemos que transformar en la FEU, sobre todo en el perfeccionamiento del liderazgo estudiantil, el funcionamiento de los movimientos y la concreción de los procesos que asumimos de manera tradicional.

«Las exigencias se centraron en romper esquemas y lograr preservar nuestra identidad como organización, generando participación efectiva de la membresía. Fueron varios los cuestionamientos inherentes a las responsabilidades formativas de las instituciones educacionales, con énfasis en la calidad de la clase y el papel de los docentes.

«Los universitarios respaldamos las transformaciones al modelo económico y manifestamos nuestro respaldo a la dirección de la Revolución. Fueron jornadas intensas pero muy fructíferas, pues delinearon las metas más inmediatas para la FEU».

—¿Cuál será el sello distintivo de este Congreso en relación con los que lo han precedido?

—Hemos evaluado que lo que realmente podrá marcar la diferencia no será lo que se acuerde. Si queremos un Congreso que marque la diferencia tendremos que centrar todos las miradas en el período que se avecina. En la etapa posterior a la clausura de ese evento.

«Si logramos mantener el espíritu que hemos tenido en estos meses; si hacemos que todos los días las brigadas vivan un congreso. Si en los venideros cursos logramos sostener el dinamismo, la entrega y la capacidad que han demostrado nuestros dirigentes estudiantiles y todos los miembros de la FEU, entonces solo así podremos decir que el VIII Congreso marcó la diferencia».

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