La tiranía pronto sacó las uñas - Cuba

La tiranía pronto sacó las uñas

«Nada ha contrariado tanto a la opinión pública como el bárbaro asesinato del adolescente de 17 años Sergio Reino Reyna, ¡mientras recitaba estrofas de Martí!». Así describió la prensa clandestina de los futuros moncadistas la muerte de quien devendría el primer mártir en la lucha contra la tiranía batistiana

Autor:

Luis Hernández Serrano

El 20 de mayo de 1952, fue intrascendente el acto de Prado y Teniente Rey, en La Habana Vieja, conmemorativo del medio siglo de semitraspaso del poder de manos del Gobierno interventor militar yanqui —representado por el general Leonardo Wood— al primer semigobierno cubano de Tomás Estrada Palma.

Militares armados de municipios vecinos se situaron en las azoteas cercanas. Miembros del Servicio de Inteligencia Militar (SIM), vestidos de civil, se hicieron pasar por vendedores de refrescos y banderas al escaso público presente.

Rodearon el lugar numerosos agentes secretos como si fueran personas del público que esperaban por la ceremonia. Quinientos soldados con bayoneta calada formaron un cordón protector frente a una glorieta, ubicada entre Dragones y San José.

Un pelotón de la Policía Militar, con ametralladoras, vigiló los ángulos de acceso al lugar. En cuanto llegó el dictador Fulgencio Batista comenzó el desfile previsto, con solo aplausos desde la tribuna. Cincuenta minutos duró la marcha de las tropas que el general golpista observó ansioso, por ser sin público, casi solo para él. No aparecieron las evoluciones de los nuevos aviones del Ejército, como fue anunciado. Una revista diría después que hubo «(…) inercia en el aire y en la tierra. Recelo. Desilusión. Falta de fe y perspectiva».

Esa mañana, poco antes, se hizo otro acto de mayor importancia: la fundación oficial del Movimiento Nacional Revolucionario (MNR), encabezado por Rafael García Bárcena, profesor universitario.

Diecinueve días atrás, el 1ro. de mayo, se constituyó en La Habana la Triple A, de Aureliano Sánchez Arango. Con Acción Libertadora, de Justo Carrillo, iniciada en julio de 1952, fueron las tres organizaciones que atraerían en aquellos primeros meses el interés público y la atención de la Policía. Su denominador común, ser dirigidas por personas de la generación de 1930. Dependían de militares activos para ejecutar sus planes. No fueron las únicas, pero sí las más influyentes. Las otras: Acción Cívica, Cuba Revolucionaria, Unión Nacional Libertadora, Acción Cívica Constitucional y el Partido Radical Nacionalista.

De aquel 20 de mayo un hecho de sangre dio lugar al surgimiento de un símbolo: el primer mártir del pueblo en la lucha contra la tiranía, como lo reconoce el historiador Mario Mencía. Ocurrió en el central Francisco, hoy Amancio Rodríguez, al sur de Camagüey, en un acto para honrar a Martí. Hasta la prensa clandestina de los futuros moncadistas reflejó el doloroso suceso en el que la tiranía sacó las uñas: «Nada ha contrariado tanto a la opinión pública como el bárbaro asesinato del adolescente de 17 años Sergio Reino Reyna, ¡mientras recitaba estrofas de Martí!», denunció la publicación revolucionaria Son los mismos, que luego sería Yo acuso.

La noticia, ubicada en la edición matutina del periódico El Crisol, fue mandada a quitar de la circulación.

Un teniente, bravo por la cita del Apóstol que había hecho Sergito: «Quien siembra fusta recogerá fusta», la emprendió a golpes contra él. Protestó la multitud, y un soldado de apellido Ramírez mató a tiros al joven. El pánico cundió y los familiares recogieron al muchacho en un charco de sangre. Así terminó aquel acto. Era el preludio de la orgía de sangre en que devendría la dictadura.

Fuentes: El Grito del Moncada, Mario Mencía, p.p. 179,183,190. Tomo I, Editora Política, La Habana, 1986; y Sección En Cuba, Bohemia, 25 mayo 1952.

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