Prácticas militares en la Universidad

El Salón de los Mártires de la FEU, los sótanos bajo la escalinata del Aula Magna, las azoteas de las Facultades de Ciencias y de Derecho, así como el estadio universitario fueron algunos de los locales de entrenamiento de los futuros asaltantes

Autor:

Luis Hernández Serrano

Parte del entrenamiento de los futuros asaltantes a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes se realizó en la Universidad de La Habana, en el Salón de los Mártires de la FEU, en los sótanos bajo la escalinata del Aula Magna, en las azoteas de las Facultades de Ciencias y de Derecho, en los terrenos de Agronomía de la Quinta de los Molinos, en el estadio universitario y en otros locales.

El adiestramiento incluía arme, desarme y manejo de las armas, cómo realizar el tiro de fusil y el lanzamiento de granadas, tirarse en el suelo, arrastrarse con los fusiles en las manos, todo en seco, porque en esos lugares no se podía disparar.

Las armas empleadas: dos escopetas Winchester, tres fusiles Springfield, Mendoza y M-1, una vieja subametralladora y algunas pistolas. Allí Pedro Miret Prieto llegó a destacarse como el instructor principal.

Pedro Miret contó una vez que «se apareció un individuo flaco y largo como no he visto otro jamás (…) venía de parte de Fidel (…) en él perdió la Revolución a uno de sus genuinos líderes». Era Antonio «Ñico» López.

Dedicar un domingo en la Universidad a arrastrarse por una azotea ardiente de sol o aprendiendo en un salón cerrado el mecanismo de un arma que no se disparaba, corriendo el riesgo de ser descubiertos y apresados, constituía un verdadero sacrificio para esos pobres trabajadores, a veces venidos desde Matanzas, Artemisa, Guanajay, Madruga, Güines, Palos, Vegas y Calabazar.

En ocasiones dejaban de ganar algún dinero que pudieron hacer en esas horas. La inmensa mayoría entraba por primera vez a la Universidad, pero no como estudiantes, un sueño no alcanzado en sus vidas. Enrique Cámara, operario zapatero llevó un día un sombrerito de yarey, y en la Plaza Cadenas alguien le dijo que no llevara más el sombrero, porque debían parecer estudiantes y no guajiros.

Llegaban por grupos, eran las células clandestinas. Pasaban primero por el Liceo Ortodoxo, donde les daban la contraseña para entrar. Una vez fue: «Venimos de parte de Alejandro».

Según Miret se adiestraron 1 500 jóvenes, hasta diciembre de 1952, aunque solo algo más de 145 pudieron participar en las acciones del 26 de julio de 1953, porque no había para ellos ni armas, ni balas, ni uniformes, ni carros, ni combustible, ni alimentos, ni dinero para trasportarlos en tren o en ómnibus.

Pero los asaltos a los dos cuarteles orientales se realizaron. No terminaron en victoria, pero se abrió el camino para el 1ro. de enero de 1959.

Fuentes: El Grito del Moncada, Mario Mencía, p.p. 274,275,05,428 y 558. Tomos I y II, Edit. Política, La Habana, 1986. Además, conferencia de Pedro Miret Prieto, Minfar, 19 de julio 1962. Revista Verde Olivo, 29 de julio 1962.

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