Barrera contra inescrupulosos mercaderes

Son jóvenes, mayoritariamente, quienes día y noche cuidan las costas cubanas. Esta labor los convierte en una valiosa muralla humana

Autores:

Juan Morales Agüero
Yahily Hernández Porto
Osviel Castro Medel

El golfo de Guacanayabo, en el municipio de Manzanillo,  provincia de Granma, es una región estratégica de Cuba. Sus aguas no han estado exentas de los intentos de narcotraficantes internacionales para convertirlas en «puentes» del traslado de estupefacientes. Pero siempre se han encontrado, como en todos los puntos de la geografía nacional, con un valladar inexpugnable.

No se trata de una verdad repetida, sino de una realidad palpable. Liderada por la Capitanía del Puerto de Manzanillo, que custodia gran parte de la costa de Granma, en esta región se concreta una lucha sin cuartel para que el país se mantenga libre de ese azote. Solo el año anterior, por ejemplo, se detectaron 117 casos vinculados al tráfico de estupefacientes.

De ese número la mayoría correspondió al recalo de paquetes de marihuana, una droga de efectos destructores, que afortunadamente no llegó a los cubanos.

El teniente coronel Ifraín Reyna Leyva, capitán del puerto de Manzanillo, señaló que los inescrupulosos mercaderes han diseñado nuevos métodos para el traslado de sus «mercancías», que incluyen envolver la droga en paquetes más pequeños que los tradicionales, con la idea de que sea más difícil su localización por quienes la combaten.

«Antes detectábamos en la costa paquetes de hasta 60 libras; hoy solo pesan de 800 gramos a un kilogramo, lo que hace más difícil su localización», apuntó Reyna.

Señaló que esta batalla se complementa con puestos de Guardafronteras como el de El Real, en el municipio de Niquero.

Yosvani Serrano Núñez, joven que cumple su Servicio Militar Activo (SMA), confesó a JR que estar ubicado en ese enclave es un honor para cualquier muchacho de su edad.

«Es un punto muy intrincado, entre el mar y farallones, al que es difícil llegar, y en el que crece nuestra preparación física. Pero lo fundamental es que desde aquí ayudamos a que el país siga libre de drogas», comentó el niquereño Serrano, de 20 años de edad.

Su jefe, el capitán Ramón Torres Aldana, responsable de ese puesto de Guardafronteras, añadió que los soldados de El Real son disciplinados, con una salud de hierro y muy preparados física e ideológicamente.

«Llevo 15 años como guardafronteras y la experiencia más bonita ha sido esta de El Real, un lugar al que se llega luego de subir siete farallones; aunque lo más estimulante no es lo apartado del sitio, sino la satisfacción de cumplir con el deber del enfrentamiento directo a la droga».

Según su testimonio, este batallar implica no solo localizar cada recalo de droga en la costa, sino también la labor preventiva con charlas en las comunidades. «Afortunadamente, en los barrios existe una conciencia sobre los peligros que representa la droga para la sociedad. Sabemos que en Cuba las drogas nunca nos contaminarán».

Centinelas de la patria

Las Tropas Guardafronteras fueron fundadas en un cayo matancero en 1963 por el capitán Olo Pantoja, quien ejecutó de esa forma una iniciativa del Comandante en Jefe.

«Nuestra razón de ser por acá es combatir a como dé lugar el tráfico de drogas —afirmó el mayor Ortelio Rodríguez Lima, de la Capitanía de Puerto Padre—. También enfrentar las ilegalidades en el mar».

La actividad del narcotráfico internacional también halla siempre a los centinelas puertopadrenses y a sus colaboradores en plena disposición combativa. Así, durante el último año, su trabajo conjunto hizo fracasar ocho intentos de esa naturaleza, con casi 51 kilogramos de marihuana incautados.

El oficial precisó que no se trata de una labor exclusiva de su gente, sino que en esta interviene también la ciudadanía, sensibilizada con el tema por el nefasto impacto que la entrada de drogas al país podría reportar a la población.

Para apreciar in situ el importante trabajo de las tropas que cuidan día y noche el litoral tunero, nos trasladamos en lancha hasta El Socucho, donde radica el Puesto de Tropas Guardafronteras en la zona. En ese lugar dialogamos con soldados que cumplen allí su SMA.

«Yo no tenía idea de lo que era ser guardafronteras  —dice Osmany Cordovés Diéguez, de 22 años de edad— . Pero rápidamente me di cuenta de su importancia. Combatir la droga y las ilegalidades es la oportunidad que me dio la Revolución para serle útil».

El mayor Ortelio Rodríguez resumió: «Como resultado de operaciones contra las violaciones en el mar efectuamos 61 revisiones especiales, de estas 40 terrestres, y 21 servicios navales. En la costa identificamos a más de 1 100 transgresores que pescaban ilícitamente. Ocupamos cuatro embarcaciones dedicadas a esa actividad, una de las cuales resultó decomisada y el resto advertidas».

Agregó el oficial que la vigilancia halló redes para la pesca ilegal de quelonios  —en veda permanente— , escopetas de caza submarina, patas de ranas, caretas, cuchillos, snorkels, boyas, chinchorros y palangres. «Además —subrayó— se decomisaron 63 kilogramos de pescado y 70 kilogramos de carne de quelonio.

«Los pescadores ilegales recurren a los más extravagantes métodos para consumar sus fechorías —acotó Ortelio—. Hemos encontrado embarcaciones rústicas, neumáticos de camiones, tablas de surf… Con ellos hemos tenido sesiones profilácticas, para que entiendan cuál es nuestro objetivo: concientizarlos para que realicen sus contratos, se incorporen a cooperativas y contribuyan con sus capturas a la alimentación del pueblo».

Muralla verde olivo

Los vientos del Norte son como un presagio para los hombres de verde olivo del litoral cubano. Soplan y repiten sus furias a finales y principios de cada año.

Las fuertes corrientes marítimas originadas por los temporales arrastran desde las profundidades del mar todo tipo de cuerpo, por muy pesado que sea.

Tales circunstancias climáticas ponen en alerta a los Guardafronteras del verde caimán, quienes redoblan sus acciones para detectar cualquier asomo de estupefacientes en el torrente de agua salada.

Así los vientos del Norte trajeron la «campanada de combate» al amanecer del pasado 10 de enero, cuando el litoral camagüeyano fue embestido con alijos de narcóticos.

La radio, ubicada en el puesto Guardafronteras de Carabela, en Cayo Sabinal, dejó escuchar la noticia del avistamiento de un hallazgo que por su forma cilíndrica y embalaje parecía un recalo de droga.

En esa ocasión, integrantes de la Empresa de Flora y Fauna, quienes colaboran en el frente de responsabilidad de este puesto, comunicaron el descubrimiento.

«La información activó el dispositivo y se aplicaron todas las medidas para enfrentar este tipo de hecho», informó el capitán Juan Carlos Toirac de la Paz, jefe del puesto Guardafronteras de Carabela.

Toirac, con más de dos décadas de experiencia en esta labor, agregó que «durante diez días ininterrumpidamente enfrentamos ocho hechos como este y incautamos en nuestra franja de responsabilidad dos sacos y seis paquetes de marihuana, equivalentes a unos 74 kilogramos».

Contra viento y marea

Las patrullas de los jóvenes de verde olivo, justo cuando el sol disipa la neblina, han recorrido cientos de kilómetros en todo el litoral agramontino.

La maleza y las filosas piedras no amilanan al combatiente, que sabe que en cualquier hueco puede escurrirse un paquete de narcóticos.

«Por eso durante la caminata la mejor arma para detectar la droga es mantener la vista atenta y muy calmada, a pesar de la llovizna, el frío, los jejenes, el viento…», expresó Eduardo Cutiño, soldado que cumple su SMA en este frente. Javier Ferrales, compañero de patrulla de Cutiño, comentó: «Es verdad que esta tarea es muy dura, pero la tranquilidad que siento cuando descubro la droga es tan grande, que sé que valió la pena el esfuerzo».

No es casual entonces que tanta dedicación se revierta  en un prestigio que perdura, «y para toda la vida», insistió el suboficial Yaniel Rodríguez, quien junto al teniente Raúl Medina reveló cómo sus familiares, amigos y hasta vecinos los admiran y reconocen.

«Los Guardafronteras, junto a mucha gente que nos apoya, formamos una barrera humana que no deja pasar a tierra firme ni un gramo de marihuana», confirmó Yaniel, de 21 años de edad.

El sacrificio de estos combatientes los convierte en hombres imprescindibles para la Patria.

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