El turbio filo de la muerte

Lo ocurrido en el Consejo Popular Balcón-Arimao, del municipio de La Lisa, en la capital, enseña con tristeza las cosas que pueden ocurrir cuando las ilegalidades se convierten en algo cotidiano, normal, y no se combaten a tiempo, afirman familiares y vecinos de los fallecidos o intoxicados por la ingestión de alcohol metílico

Autores:

Yuniel Labacena Romero
Patricia Cáceres

Un poco nerviosa, preocupada e impaciente se muestra aún ante estos reporteros Delfina Dulcet, de 73 años. No es para menos, teniendo en cuenta que pudo perder para siempre a su hijo Gabriel Licea, quien el domingo tomó una bebida alcohólica de dudosa procedencia. «Permanece ingresado, pero fuera de peligro», nos dice con alivio.

«En la bodega fue donde escuché que varias personas habían muerto o estaban ingresadas por intoxicación por alcohol metílico. Fue entonces cuando levanté a mi hijo para que acudiera al médico», agrega Delfina, quien agradece a todo el personal de salud que con esmero y total profesionalidad han salvado la vida de su hijo y de otros tantos pacientes.

«Yo pasaba cerca de unos amigos cuando me ofrecieron un trago», recuerda el joven de 20 años Yerandy Escalona Socarrás, quien permanece ingresado en el hospital Clínico Quirúrgico de 26, en la capital.

«Lo probé, pero el sabor me pareció demasiado fuerte. Por eso nada más que me tomé un trago y lo dejé. Por suerte para mí, si no hoy no podría estar contando la historia», comenta, aún con sobresalto.

Luego —dice— escuché que algunos amigos del barrio habían fallecido, y que otros estaban hospitalizados. Yo no presentaba ningún síntoma pero, por si acaso, fui al policlínico a hacerme las pruebas.

Algo similar le sucedió a Tomás Zamalea Gamiotea, de 28 años, hospitalizado en la misma institución médica. Feliz por no haber perdido la vida, aunque triste por la muerte de otros, recuerda que estaba en el trabajo y se asustó tremendamente al conocer lo que estaba ocurriendo en el barrio.

«Yo acepté un poco de ron que me brindaron. Pero imagínese, como yo no acostumbro a beber, no pude percibir nada extraño en el sabor o el olor», comenta Tomás, quien califica de rápida y certera la atención médica recibida desde los primeros minutos.

Con evidente abatimiento Jesús Daniel Tamayo Morales, de 40 años, aguarda en una de las camas del hospital. En el momento de este reporte, su esposa se encontraba luchando por su vida en terapia intensiva, y dos tíos de esta habían fallecido, todos por la ingestión de alcohol metílico.

«Yo estaba bebiendo alcohol y me brindaron del otro. Cuando lo probé, noté que el sabor no era el mismo, tenía algo extraño, así que lo boté», reflexiona, mientras se tranquiliza por haber ingerido apenas un sorbo.

Con evidente disgusto e irritación, Pedro Morales Cordoví acompaña a su sobrino Jesús: «Esto que ha ocurrido nos enseña con tristeza las cosas que pueden ocurrir cuando las ilegalidades se convierten en algo cotidiano, normal, y no se combaten a tiempo», afirma enérgico.

«Hemos tenido que enterrar a personas que ayer mismo estaban hablando con uno. Hay varias familias enlutadas por algunas personas imprudentes, irresponsables, que se querían ganar cuatro pesos», sentencia.

Ya Frank Montelier, de 37 años, está fuera de peligro. Pero hasta ayer, cuando fue dado de alta, su vida estuvo «colgando» de un hilo.

«El domingo, sobre las 11 de la mañana, bebí de dos a tres tragos que me brindaron unos amigos y no sentí nada diferente. El lunes en la noche veo que algunos de ellos comienzan a morir, y me decidí a ir al policlínico Cristóbal Labra, del municipio de La Lisa; de ahí me trasladaron al hospital Calixto García.

«Ahí me hicieron varias pruebas por la intoxicación que ya le habían diagnosticado a quienes me brindaron el ron. Nunca me había pasado esto, y es algo que me sirve de experiencia. Es una buena lección para aquellos que adquieren ron sin saber de dónde procede», acota.

Emergencia en el Cristóbal Labra

Una nota de la Dirección Provincial de Salud Pública en La Habana, publicada en diversos medios de prensa, reseñó que en horas de la noche del pasado lunes 29 de julio, comenzaron a llegar al policlínico Cristóbal Labra, del municipio de La Lisa, varios ciudadanos, en su mayoría residentes en el Consejo Popular Balcón-Arimao, quienes presentaban síntomas de intoxicación por alcohol metílico (náuseas, dolores de cabeza, vómitos, decaimiento y problemas en la visión).

Agregaba que, a pesar de las rápidas medidas adoptadas por el personal médico y el traslado urgente a diferentes centros hospitalarios, se produjo el lamentable fallecimiento de Guillermo Duvergel Cervantes, de 51 años de edad; Maritza Castiñeira Rodríguez, de 48 años de edad; Juan Carlos Berriel Silveira, de 39 años de edad; Jesús Crespo Peña, de 48 años de edad; Salvador Sánchez Montoya, de 48 años de edad; Iván Santovenia Crespo, de 37 años de edad, y José Betancourt Orta, de 58 años de edad. También se reportaban en ese momento 46 personas intoxicadas, de las cuales 41 permanecían ingresadas, ocho de ellas diagnosticadas de grave.

La doctora Ismary Ferreiro Hernández, directora municipal de Salud de La Lisa, explicó a nuestro diario que hasta el cierre de esta información habían sido atendidos en los hospitales un total de 56 pacientes, incluyendo los fallecidos, y seis ya habían sido dados de alta. Los ingresos pertenecen a los hospitales Clínico Quirúrgico de 26, Manuel Fajardo y Calixto García.

«Hay una niña hospitalizada de dos años y medio, no por intoxicación, sino porque su mamá es una de las que está remitida, y la niña todavía mantiene la lactancia materna. Por precaución se mandó al hospital, se examinó y se puso en observación. Pero está bien, no presenta ninguna sintomatología», expresa.

La directiva explicó que la gravedad del paciente depende de la cantidad de alcohol metílico ingerido, de la prontitud al acudir a un servicio de salud tras los primeros síntomas, y del tiempo que esté expuesto al alcohol.

La sustancia —precisó— puede estar en su forma natural pura, que es más difícil de ingerir, o puede estar mezclada con otra sustancia, lo cual enmascara la aparición de los primeros síntomas, que pueden debutar hasta pasadas las 24 horas.

«El primer caso llegó a las 10:40 de la noche del día 29 y detectamos que era una sintomatología de intoxicación por alcohol. A medida que llegaron más pacientes, algunos con sintomatología seria, otros no, se desencadenó todo un mecanismo de toxicología, puestos de dirección…

«En todas las acciones han participado los CDR, la FMC, el Gobierno, el Partido y la comunidad, que también nos ayuda. Mantenemos la guardia médica en el consultorio, el policlínico, y se le dio la alerta al sistema de urgencia médica de otros policlínicos», destacó.

Según la doctora, lo lamentable es que los hechos no ocurrieron durante la celebración de una fiesta. Porque, de ser así, con conocer los nombres de los participantes hubiese sido suficiente para saber las víctimas potenciales. Es más difícil salir a buscar a las personas que posiblemente compraron el producto, acota.

La doctora Olga María Alemany, quien hace dos años reside en el consultorio del médico de la familia 38, Consejo Popular Balcón-Arimao, al que acudieron muchos de los afectados y donde se montó un puesto de mando, explicó que hay respuestas fundamentales en lo que es la intoxicación por alcohol metílico, y su característica más evidente es el dolor de cabeza, vómitos, decaimiento, visión borrosa, incluso ceguera con carácter irreversible.

«Los dos primeros casos llegaron con estos síntomas y fueron trasladados urgentemente al policlínico Cristóbal Labra. A ellos les siguieron varios casos. Muchos llegaron en un estado muy grave, que no dio tiempo su traslado al hospital.

«A los primeros casos no se les pudo salvar la vida, pero los que han aparecido después se atendieron a tiempo. Ello ha sido posible gracias a los factores de la comunidad y del puesto de mando que tenemos activado en el mismo consultorio, las 24 horas del día, y mediante el cual hemos informado y explicado las causas de ingerir bebidas cuya procedencia es desconocida», agrega.

La doctora Juana Teresa Lavandera, directora del policlínico Cristóbal Labra, expone que desde el momento que aparecieron los dos primeros casos se ha realizado un trabajo profundo.

«Algunos pacientes fueron directamente a la consulta cuando se enteraron de la situación. Pero en otros casos tuvimos que tocar puerta por puerta. En esto influyó mucho la integración que existe de los diferentes factores de la comunidad, así como el conocimiento y control que tiene la doctora del médico de la familia de todos sus pacientes».

Según la nota oficial de la Dirección Provincial de Salud Pública de La Habana, el alcohol metílico o metanol, también popularmente conocido como alcohol de madera, es un producto utilizado como reactivo en laboratorios y centros de investigación, es sumamente tóxico para el organismo humano y su consumo puede provocar graves secuelas, como la ceguera e incluso la muerte.

Por sus características resulta difícil diferenciarlo del alcohol etílico, lo que puede propiciar la ocurrencia de lamentables accidentes.

Equipo multidisciplinario investiga el hecho

La nota de la Dirección Provincial de Salud indicó que para la investigación de este hecho se conformó un equipo multidisciplinario, integrado por especialistas del Minint y el Minsap, el que ha contado con el apoyo de la dirección del PCC y el Gobierno del municipio y la provincia.

Como resultado de las investigaciones, se ha establecido que los intoxicados consumieron alcohol metílico, comercializado ilegalmente por una ciudadana residente en el Consejo Popular Balcón-Arimao, a la cual le fue suministrado por dos individuos que prestan servicios en el Instituto de Farmacia y Alimentos, quienes lo sustrajeron del local donde se encontraba almacenado.

Continuaban las investigaciones con el fin de determinar la responsabilidad de los implicados, así como las causas y condiciones que facilitaron la ocurrencia de estos hechos.

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