Los primeros cuatro mártires del Moncada

Renato Guitart, Carmelo Noa Gil, Pedro Marrero Aizpurúa y Flores Betancourt Rodríguez fueron barridos por una ametralladora

Autor:

Luis Hernández Serrano

El sargento termina de sacar su revólver, pero desde el auto tres lo fulminan, mientras Gustavo Arcos se levanta del suelo. Era Ramón B. Silverio Enríquez, la segunda baja mortal entre los integrantes de la guarnición del cuartel Moncada.

Se está desarrollando el asalto al cuartel Moncada por Fidel y sus compañeros. La patrulla volante dispara sobre el auto dos, da una vuelta a la izquierda y huye. Israel Tápanes, en el asiento de atrás, empuja a Carlos González que no encuentra la manija y caen los dos a la calle. Ve un soldado aparecer en una ventana y le dispara con su fusil 22, en el instante en que resuena con estridencia el timbre de la alarma.

Renato Guitart y su grupo suben por la escalera exterior hacia el primer piso y entran al cuartel. Jesús Montané, Pepe Suárez y Ramiro Valdés empujan delante de ellos a los dos centinelas desarmados de la Posta 3. Ramiro los manda a acostarse debajo de una cama y grita al resto de los soldados que se estén quietos para no dispararles. Sin darse cuenta, hacen prisioneros a 50 hombres.

Montané cambia su carabina 22 por un Springfield de los centinelas. A Ramiro le disparan y lo hace él tres veces con su pistola. Se vira, un soldado a tres metros lo encañona con su fusil y Ramiro le dispara. El hombre cae herido.

Viene otro militar. Ramiro le tira, le da en el pecho y cae de rodillas, pero al caer tira y ve que trataba de tirarle de nuevo. Se desploma. Es el sargento Luis Oliva, que se convierte en la tercera baja mortal de los militares del cuartel.

Los soldados no comprendían nada de ese duelo entre sargentos. Estaban paralizados de asombro y de miedo. Ramiro les apunta con el revólver del sargento en la mano izquierda y con la derecha coloca otro depósito lleno en la pistola. Unos soldados avanzan y les dispara dos veces.

Mientras un gran número de soldados surgen de todas partes con sus armas en ristre. El tiroteo es intenso. Jesús Montané comprende que los demás no han podido entrar al cuartel. «Nos van a cercar», dice a Pepe Suárez. «Vámonos de aquí». Pepe asiente y llaman a Ramiro Valdés y a José Luis Tassende.

Una ametralladora 50, desde el polígono, entre las postas 2 y 5, a 200 metros, lo barre todo. Montané, Pepe Suárez y Ramiro cruzan de un salto a la calle y se acuestan detrás del muro de una casa.

No pueden lograrlo René Renato Miguel Guitart Rosell, Carmelo Noa Gil, Pedro Marrero Aizpurúa y Flores Betancourt Rodríguez. Cuando intentan bajar del piso superior que da a la barbería por la misma escalera, próxima a la Posta 3, son barridos por la ametralladora. Se convierten en los primeros cuatro mártires de los asaltantes revolucionarios, de los ocho que pierden la vida en el combate.

Los otros integrantes del Movimiento liderado por Fidel que murieron en el asalto fueron Gildo Miguel Fleitas López, Guillermo Granados Lara, José de Jesús Maderas Fernández y un compañero cuya identidad no ha podido establecerse. Los historiadores apuntan que debe ser el que en la etapa final del combate cargó a Fidel Labrador por orden de Pedro Miret, para llevarlo en hombros al Hospital Militar. Cuando sale a la calle Trinidad es abatido por las balas, no así Labrador, a quien lleva cargado.

Fuente: El Grito del Moncada, Mario Mencía, p.p. 549, 550,552 y 553. Tomo II, Editora Política, La Habana, 1986.

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