El hombre-célula - Cuba

El hombre-célula

Renato Guitart fue el jefe directo del grupo de vanguardia en el Moncada. El hombre que pidió a la posta 3 que abrieran el paso, no para el General siniestro, sino para el Comandante libertador

Autor:

Luis Hernández Serrano

Se merece libros enteros, pero la tiranía del espacio lo impide. René Renato Miguel Guitart Rosell conoció a Fidel a través de Léster Rodríguez en el hospital Calixto García, en la capital. Fue el último en incorporarse al Movimiento de los que llegaron por sus méritos a su Dirección Nacional.

«¡Santiago es toda la historia de Cuba!», diría a Melba Hernández el luchador que una a una fue cumpliendo el cúmulo de tareas que le encomendaron.

Como conspirador todas las horas eran pocas. Llegaba siempre tarde a su casa por la lucha. Echó a un lado el interés del negocio y se entregó de lleno a la obra revolucionaria y supo que estaba sirviendo a la causa de todos, la de los humildes de su tierra.

Él solo es el hombre-célula o la célula clandestina de Santiago, diría con justeza y justicia Jaime Sarusky.

Este asaltante del Moncada, antes de caer abatido en el combate, estuvo siempre viviendo la Revolución apasionadamente, a cambio solo de la libertad que quiso para su pueblo.

Dirigió el grupo de vanguardia que abrió la posta tres para la historia, a cuenta de su propia vida. Se convirtió en uno de los primeros cuatro que murieron en el intento de tomar la segunda fortaleza de la tiranía cuando entró allí a destronarla.

Fue el comprador de armas y municiones que habló de cacería en el monte y en verdad era para acabar con una dictadura. Alquiló y preparó varias casas para guardar armas y municiones y concentrar a los hombres que tomarían en acción comando el campamento del Moncada en una madrugada deshojada por una noche de carnaval.

A él se debieron también la búsqueda de hoteles y hospedajes distintos para los combatientes que venían en auto, en ómnibus y en tren desde La Habana. Y que haría lo mismo en la ciudad bayamesa, junto a Abel Santamaría, para el ataque al Carlos Manuel de Céspedes.

A Renato se debió en gran medida la confección del plano del cuartel Moncada para sorprenderlo mientras dormía.

También Renato consiguió dos maletas de armas en La Habana y las llevó secretamente en avión hasta Santiago, con todo el riesgo que eso encerraba, y las guardó en el maletero de un carro de alquiler.

Él llevó al Moncada una canana de lona hecha en una ferretería santiaguera con un pretexto inventado en beneficio del movimiento revolucionario al que se consagró para la posteridad.

Era la única persona de toda Santiago de Cuba que conocía el objetivo perseguido por Fidel el 26 de julio de 1953, antes de que la inmensa mayoría de los asaltantes lo supieran. Así el comisionista de barcos entró a la historia de Cuba para no salir jamás.

Fuentes: El Grito del Moncada, Mario Mencía, p.p. 433, 447, 448, 449, 450, 545 y 547. Tomos I y II. La célula de Santiago, ¿composición?: Renato Guitart, de Jaime Sarusky. Bohemia, 14 de julio 1973.

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