Una experiencia con el Che

Un grupo de 30 jóvenes llegó al monumento al Guerrillero Heroico en esta ciudad, tras haber desandado parajes de la exuberante cumbre de Caballete de Casa, en el Escambray, donde radicó la Comandancia de Ernesto Guevara

Autor:

Nelson García Santos

SANTA CLARA, Villa Clara.— Con la emoción a cuestas, un grupo de 30 jóvenes llegó al monumento al Guerrillero Heroico en esta ciudad, tras haber desandado parajes de la exuberante cumbre de Caballete de Casa, en el Escambray, donde radicó la Comandancia de Ernesto Guevara.

Si allá, en aquella cúspide entre las nubes, paradigmática y apacible, les impresionó esa naturaleza virgen, de matices bellamente contrastantes, capaz de borrar hasta el cansancio de la escalada, acá en el Monumento los conmovió la solemnidad del sitio.

Si allá sintieron con más fuerza al Guerrillero Heroico con su paso firme, su rifle en ristre, desafiando la injusticia, enseñando incluso a escribir y leer y curando al enfermo, acá quedaron extasiados en esa intimidad profundísima que cada cual siente cuando está frente al nicho del Comandante Guevara.

Si allá los sorprendió ver el conjunto de instalaciones rústicas hechas para la supervivencia de la guerrilla, incluido un anfiteatro, porque ni en plena guerra él olvidó la cultura, y sentir en carne propia, aunque fueran unas horas, el esfuerzo físico realizado por los guerrilleros, acá les asomó cierta tristeza, evidencia de que estaban delante de un ser queridísimo.

Los jóvenes, allá en la tierra espirituana de Caballete de Casa, a más de 650 metros sobre el nivel del mar, y en el llano, en el Monumento al Comandante Ernesto Guevara, vivieron una experiencia que marca, según expresaron.

Confiesa Marylín Pérez, investigadora del Centro de Estudios sobre la Juventud, que cuando estaba allá arriba, luego de la difícil trepada, pensó en todo el esfuerzo que tuvieron que hacer los guerrilleros. Experimentar por unas horas ese rigor que impone la manigua, sin correr el peligro a que ellos se exponían, fue un buen momento que los hizo vivir un pedacito de historia de una manera más real.

Hubo dos personas muy especiales que compulsaron al resto del grupo en el ascenso. La niña Ana Balido, de siete años, y la sexagenaria Berta Garzón, profesora de la Universidad Agraria de La Habana. Ella reconoce que fue difícil, pero llegó y le emocionó ver surgir a cada paso el gesto de solidaridad; mientras, Balido quedó encantada con lo que vivió.

Jóvenes del Centro de Estudios sobre la Juventud con sede en la capital, y sus familiares, fueron los protagonistas de esta singular expedición. Al decir de Teresa Viera, directora de la institución, la gira tiene una gran aprobación entre los jóvenes, pues constituye una manera novedosa de ir al encuentro de la Historia.

Este fue el cuarto grupo de jóvenes que reedita las rutas históricas de Ernesto Guevara, mediante el proyecto Guiados por la Estrella del Che, el cual se inicia en el Complejo Morro-Cabaña, de La Habana, auspiciado por la UJC.

Ese privilegio de estar en lugares que abrigaron a los héroes, de escuchar una anécdota corajuda o triste, o simplemente mirar el entorno de la manigua redentora, despierta una infinita satisfacción, porque nos resultan más íntimas e impactantes sus proezas.

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