Playa Blanca bella y sana

El reordenamiento territorial ejecutado este año en esta zona del municipio holguinero de Rafael Freyre ha realzado sus mejores atributos y continúa siendo uno de los sitios de mayor concurrencia durante el verano

Autor:

Héctor Carballo Hechavarría

RAFAEL FREYRE, Holguín.— «Sí, Playa Blanca ha cambiado mucho. ¡Oh! Mire, desde aquí mismo de la arena antes no se veía ni el mar, de tantos locales de todo tipo que había, casi pegados unos a los otros. Por ahí —señala—, estaba un pasillo con un muro de cemento que llegaba hasta el otro lado, por encima del diente de perro».

La anterior fue la opinión espontánea de Manuel Marcheco, un obrero mayaricero a quien JR interrogó minutos después de arribar a este magnífico tramo de costa donde meses atrás acabaron se demolieron un total de 131 instalaciones estatales que se construyeron arbitrariamente sobre la duna.

Entre estas figuraban cabañas, kioscos, villas y hasta algunos timbiriches que, ante la ocurrencia de huracanes, resultaban severamente dañados por su extrema cercanía al mar.

Con la certeza de poseer buenos ojos para las imágenes, un fotógrafo apostado en el lugar, nos advierte de otra buena nueva: la incipiente recuperación de la arena por la acción de las olas, en un punto donde antes se hallaba enclavado un comedor.

«Aquí muchas veces se tiraban desperdicios directamente al agua… ¡Y no pasaba nada! Las matas de uva caleta eran escasas. Esas van muy bien», comenta motivado nuestro interlocutor, en referencia a las más de 1 500 posturas de esa especie que se plantaron a lo largo de la ribera y exhiben hoy no solo verdor, sino relativa robustez.

Y aunque vista hace fe, ciertamente nuestro interés reporteril no se limitaba a sondear el disfrute del verano en un sitio tan visitado por los holguineros. Pulsar cuánto se ha transformado la cotidianidad del lugar, luego del cumplimiento de tan sustanciales medidas gubernamentales, son también interrogantes en la agenda.

Lo cierto es que no fueron pocos, ni incomprensibles, los estados de opinión que se suscitaron en la población. A la par de las trabajosas faenas realizadas aquí para reinstalar el orden, se conjeturaba sobre si la playa estaría debidamente habilitada para el actual período vacacional.

Carlos Méndez Bermúdez, jefe administrativo del plan vacacional, explicó que a los vacacionistas no se les ha dejado de prestar servicio alguno, solo que estos se han dispuesto en las áreas recomendadas por las leyes.

«Los establecimientos para la venta de alimentos ligeros, que eran de muy diversos tipos y diseños, se sustituyeron fundamentalmente por carpas. No se agrede el medio ambiente y son fáciles de desmontar cuando sea necesario, incluso si nos tocara un ciclón», aseveró el funcionario.

Entre quienes desempeñan con rigor sus funciones están decenas de trabajadores por cuenta propia contratados en el lugar y cuyos puestos resaltan por la esmerada higiene.

En Playa Blanca existen actualmente 233 habitaciones disponibles, pertenecientes a unos 13 organismos y empresas, donde se hospedan cada semana más de 1 400 personas. Otras 3 000 llegan diariamente por sus propios medios.

Por el momento, poco más de 50 de estas instalaciones recibieron la correspondiente certificación ambiental que otorga el Citma.

«No hemos tenido dificultades con los abastecimientos. El programa de actividades recreativas, culturales y deportivas se cumple bien. Los instructores de arte de la Brigada José Martí han desempeñado un papel muy destacado», añadió Bermúdez.

Por su parte, Ernel Alfonso Parra, vicepresidente para la Defensa del Consejo de la Administración Municipal, refirió que junto a la vigilancia sanitaria y epidemiológica se enfatiza en el cumplimiento de la disciplina social y administrativa.

«La suspensión de licencias a conductores con aliento etílico es un ejemplo del enfrentamiento a las infracciones detectadas. Sin embargo, lo más lamentable ha sido el hurto, por bañistas inescrupulosos, de todos los cestos para desechos que se colocaron sobre la arena al comienzo del verano», se lamentó Alfonso Parra.

Y en efecto, no por disonante frente a la dedicación de tantos trabajadores, deba esta nota quedar fuera de nuestro reporte, mucho menos sin merecer repulsa y reflexión.

Al fin y cabo, lo que esta pesquisa debe sugerir no es la justa complacencia por el cambio obrado en un determinado y erróneo modo de pensar y actuar, sino, también, la certeza de que en materia de ordenamiento y disciplina ciudadana aún resta un trecho por andar y participar.

Mientras tanto, en derredor, las cristalinas aguas de Playa Blanca viven sus horas de mayor apogeo. En un costado de la curvada ribera, que ahora se ofrece más espaciosa, varias familias se agrupan para embarcarse en lancha hacia el visible Cayo de Bariay, donde les aguarda una suerte de pasaje imaginario que remite a aquellos días cuando el Gran Almirante Cristóbal Colón quedó pasmado ante la belleza de estas mismas tierras.

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