La huella juvenil del barrio - Cuba

La huella juvenil del barrio

Sus historias marcan no solo un cargo, sino su vida. Son parte de los miles de muchachos que han ocupado cargos decisivos en los CDR como resultado de su VIII Congreso

Autores:

Yuniel Labacena Romero
Mailenys Oliva Ferrales

GRANMA.— Su rostro lo delata. En el grupo se distingue por su juventud, pero él se sabe apto para asumir la responsabilidad, se siente seguro, orgulloso y entusiasta con la nueva misión, pues sus vecinos no vacilaron en elegir al profe.

Con esa serenidad, Ronni González, un profesor de Educación Física de 29 años, llegó a Bayamo en calidad de delegado a la Asamblea Provincial VIII Congreso de los Comités de Defensa de la Revolución (CDR). Allí se estrenó como secretario de Defensa y Deporte en el consejo popular Cautillo Merendero, comunidad del municipio de Jiguaní.

Él es uno de los jóvenes que en Granma comienza a tomar las riendas de los CDR, con la intención de fusionar ideas nuevas con la experiencia de otros, para formar un equipo capaz de enrumbar por senderos seguros el trabajo de la organización.

Apoya la idea de que se le imprima renovación a la organización, que no es solo para las amas de casa y los trabajadores, sino para todos. «Ahora tenemos el reto de demostrar que sí podemos transformar el trabajo para bien, introduciendo ideas que motiven a los vecinos», aseguró.

—¿Cómo pueden influir los jóvenes en el desempeño de la organización?

—Justamente uno de los propósitos de este Congreso es aglutinar a los jóvenes para que la organización adquiera otros matices. Desde la base se ha incrementado la participación de las nuevas generaciones en las responsabilidades como presidentes o miembros del ejecutivo en sus barrios.

«Llevaremos ímpetu, carisma y energía para fortalecer la organización en la base, y trabajar con otros jóvenes de la comunidad que no se sienten identificados con el CDR: esa es una situación que debe cambiar», comentó.

Cuando el deber llama

Malena Vázquez Castro siente en su CDR como si anduviera por las aulas de la Universidad de Ciencias Pedagógicas, de Granma, donde estudia Marxismo-Leninismo e Historia, y es que cuando el deber llama —dice—, tiene respuestas rápidas. Atiende la esfera de Vigilancia e Ideológica en el CDR 4, de la zona 111, en Manzanillo.

«Nos ocupamos de insertar más a la familia en las tareas de la organización, y de su papel en la formación de valores, para que la mayor parte de los cederistas se vincule a las reuniones y plantee sus puntos de vista, y así lograr mayor unidad.

«Exponemos la importancia de realizar la guardia, asistir a las actividades y conocer nuestra historia. Eso ha contribuido a que, poco a poco, las nuevas generaciones se incorporen con un papel más activo», dice.

Con sus 22 años, Malena también es la presidenta de la FEU de su Universidad. «Combino el estudio y las tareas de ambas organizaciones. En ocasiones resulta un poco difícil, pero siempre me las arreglo, pues programo las tareas.

«La FEU también proyecta su mirada hacia la comunidad, y la Revolución se defiende en sus aulas, algo que hacemos desde las cuadras; por esos estamos tan involucrados con los CDR. Aquí la profesión de enseñar ayuda mucho en todas las labores que emprendemos», declara.

Aunque cada edad tiene su encanto, como afirma esta muchacha, la juventud es la de afincarse en la vida y demostrar cuánto se puede hacer.

«Ser dirigente joven y fémina es una oportunidad única. Nos da responsabilidad, madurez y nos forma socialmente. Es bueno que los CDR hayan promovido la integración de nosotros en sus cargos para darle protagonismo, colorido y vitalidad».

Amor por lo que se hace

Es mucha responsabilidad para tan poca edad, pero cuando hay corazón y sentimiento y se tiene amor por lo que se hace, las cosas salen bien. Así piensa Jorge Luis Rodríguez Lara, coordinador de la zona 8 La Marina, en el municipio de Pilón, quien resalta que los cederistas «ven en mí no solo a un dirigente, sino también a un amigo, compañero, una persona a la que le pueden confiar sus problemas».

Con solo 24 años, opina que ser coordinador no es dedicarse solo a las tareas esenciales del CDR. «Hay que visitar a las personas, conversar, explicarles las cosas, convencer, tener moral, autoestima… valores que debemos fortalecer desde nuestro trabajo en la cuadra.

«Asumir este encargo es, más que un compromiso, un deber con la Revolución y el pueblo que me eligió. Este es un momento para que los jóvenes se sientan comprometidos con la sociedad y muestren que no estamos «perdidos», como algunos especulan, sino que son otros tiempos».

Cuenta que desde su ingreso a los CDR despuntó en las tareas y con menos de 20 años fue electo presidente, cargo que desempeñó por solo poco tiempo, porque tenía otras obligaciones en su centro de trabajo.

Ahora ha vuelto a la carga y con más energía. «El objetivo es que las personas sepan que somos jóvenes, pero con muchos deseos de trabajar.

«Todavía falta más y seguir haciendo por la formación de valores. Hay disposición y las personas están teniendo protagonismo en las actividades y tareas», sostiene.

Afirma que tener el cargo no lo limita de disfrutar igual que lo hacen sus contemporáneos, sino que hay que aprovechar bien el tiempo. Le fascina la música y combina las labores cederistas con la de agente de seguridad en el polo turístico Marea del Portillo.

«Tenemos que lograr un Congreso permanente, que sea capaz de consolidar la lucha contra las indisciplinas sociales, que involucre más a los jóvenes, que tenga a la base como eje más importante, que motive más a la familia...

«Mi familia me ha apoyado mucho, al igual que los vecinos. No hay una tarea que se oriente en la zona que no se cumpla, y eso creo que me lo he ganado con el ejemplo, la disposición y el respeto de los cederistas, esas personas que están día a día a tu lado», expresó.

La idea joven es fresca, renovadora…

Cerca de Ronni, en su mismo poblado, otra joven aboga por el bienestar del barrio y su buen funcionamiento. Ella habla con los vecinos, conoce sus inquietudes, las anota y luego trabaja para solucionarlas. Yanisel Rosales Castillo se define de pocas palabras porque le gusta ir «al grano» y darle el frente a los problemas.

Trabajadora del policlínico de Santa Rita, a unos seis kilómetros de su Consejo, esta joven ha sabido llevar a la par su profesión y la tarea de activista de la zona 60, donde fue electa como delegada a la sesión final del VIII Congreso de los CDR.

«Hemos hecho un trabajo comunitario bastante fuerte, en especial con los jóvenes que no trabajan o estudian, mediante la creación de una brigada que vela por sus intereses y problemas», asegura Yanisel. Sin embargo, siente que no todo está resuelto.

—¿Qué falta en el engranaje entre la organización y algunos jóvenes que no se sienten parte de ella?

—Según los criterios recopilados a través de conversaciones y encuestas que hemos aplicado, varios jóvenes sienten a los CDR como una organización que se aleja de sus realidades, proyectos y problemáticas, y eso los conduce a la desmotivación, el aislamiento y el rechazo.

—¿Cómo revertir esa situación?

—Definitivamente hay que llegar a la juventud con argumentos, con ideas y propuestas; hay que hacerles sentir que la organización también existe para ellos.

«Además, hay que escucharlos, porque forman parte de la razón de ser del Comité, el cual tiene el deber de rescatar algunos valores que en muchas ocasiones no se cultivan desde la casa, como la responsabilidad, el compromiso y el amor al trabajo.

«En mi zona tengo un caso que hemos logrado reinsertar a la vida activa como cederista. Es una muchacha de 25 años, desvinculada laboralmente, con una niña pequeña, y su esposo en prisión. Ella recibió nuestro apoyo, le tramitamos para que se incorpore próximamente a un centro laboral y eso le ha demostrado que es parte de una comunidad que vela por su bienestar», significó.

«Desde hace algún tiempo he venido manifestando mi deseo de que se confíe en los jóvenes para darles vida a los CDR, sin menospreciar la capacidad de las personas que llevan años dirigiendo, con los cuales queremos trabajar en equipo», confesó.

Ahora los jóvenes reconocen sentirse más útiles y dichosos al ofrecer apoyo en su propio barrio. Como ellos, los puedes encontrar en cualquier sitio de la Mayor de las Antillas. Sus historias marcan no solo un cargo, sino su vida.

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